miércoles, 10 de agosto de 2011

La primera cita (Parte 1)

Aquella noche al cielo le dio por descargar mares. Una tormenta imprevista se precipitó sobre mi parabrisas y en pocos minutos mi coche desorientó el rumbo previsto. Perdí las referencias en las señales borrosas y me confundí de salida. Atraqué en una zona residencial encharcada. Paré a un lado de la calle y pensé en quedarme en el coche hasta que el diluvio escampara. Cogí el móvil para informar a quien me esperaba en mi destino sobre el contratiempo y evitar así que se preocupara. La mala suerte enseñó todas sus cartas de nuevo quitándome la opción de hacer esa llamada, ya que el teléfono estaba apagado y sin batería. Lancé el aparato al asiento del copiloto con la desgana del que tiene asumido el desastre y me regodeé en mi propia estupidez. La lluvia no cesaba y empecé a notar frío, quise arrancar el coche para poner la calefacción pero fue inútil. Puestos a pedir ya sólo podían empezar a caer rayos sobre mi cabeza.


Había pasado un buen rato y cada vez me sentía más incómoda en aquella cubitera. No había señal alguna del fin de la cascada y decidí salir e improvisar. Antes de exponerme al agua me paré a observar la calle. Había luz en la ventana de una de las casas adosadas. Salí corriendo hacia allí repasando mentalmente el discurso que iba a recitar al llamar a aquella puerta. "Quizá ni me abran", pensé. En segundos estaba en el minúsculo porche del portal que había escogido. Llamé al timbre una vez. La ventana con luz estaba justo al lado de la puerta de entrada lo que me permitió vislumbrar una sombra que se acercaba. Alguien abrió.

Era un chico, con camiseta blanca de manga corta y pantalón vaquero. El pelo medio ondulado, algo alborotado, como si hubiera estado recostado en el sofá. Antes de que abriera, yo había intentado adecentar mi aspecto sacudiendo mi pelo y secándome la cara, pero poco podía hacer, mi carta de presentación no era la más atractiva.

-Hola- me dijo él.
-Hola, perdona que te moleste- me pareció joven, más o menos de mi edad, así que me permití la licencia de no hablarle de usted- Mi coche me ha dejado tirada, estoy sin batería en el teléfono y me preguntaba si...bueno...si no te importaría que hiciera una llamada desde aquí...- dije algo avergonzada.
-¡Vaya!- espetó y se calló durante unos segundos pensativo- Está cayendo una buena, sí- miró hacia afuera- Pero.....pasa, pasa, perdona....- dijo por fin.

Entré en el salón y una bocanada de calidez invadió mis sentidos. Intentaba disimular la tiritera del labio inferior pero era demasiado evidente.

-Estás calada...¿Quieres tomar algo caliente? ¿Un café?
-No te preocupes, no quiero molestar...
-Lo acabo de hacer, no es molestia mujer, ahora te lo traigo...Yo es que soy muy cafetero...- hablaba mientras desaparecía por la puerta de lo que asumí era la cocina.

Me sorprendió su hospitalidad inmediata pero, por otro lado, me sentí extrañamente a gusto al instante. El lugar era confortable. Le esperé plantada en mitad del salón observándolo todo. A un lado estaba el sofá con varios cojines y una manta. La televisión encendida con la imagen de un videojuego en pausa. Las paredes forradas de posters de películas y grupos de música. Vi muchas referencias a los Beatles por doquier y sonreí. "Alguien a quien le gustan tiene que ser majo a la fuerza", pensé mientras él volvía de la cocina con dos tazas. Me ofreció la humeante y yo la cogí con las dos manos. Él alzó la suya y dijo:

-A mi me gusta más con la leche fría- sonrió y cruzamos las miradas. Me pareció muy atractivo.

Di un sorbo al café que me supo a gloria. Noté como la rojez volvía a mis pómulos y suspiré profundamente. Seguía de pié y él delante de mí. A los pocos segundos me dijo.

-Ahí tienes el teléfono...
-¿Eh?

Señaló una mesita al lado del sofá.

-Ah, sí, sí...gracias- me acerqué al aparato sintiéndome absurda.
-Voy a buscarte algo de ropa, vas a coger un catarro...- y desapareció por el pasillo antes de que pudiera decirle nada.

Descolgué el teléfono y marqué instintivamente. Al poco de esperar la señal, me di cuenta de que no había tono.

-Vaya, parece que no hay línea- le dije alzando la voz en dirección al pasillo.
-¿Qué?- respondió él mientras se aproximaba con un par de prendas de ropa- A ver...- me cogió el teléfono de la mano y al hacerlo rozó mi dedo meñique. De repente sentí un intenso escalofrío- Es verdad, debe ser por la tormenta, a veces nos quedamos incomunicados por aquí ¡Qué desastre!- me miró con cara de apuro- Bueno, habrá que hacer tiempo ¿no?- sonrió.
-De verdad que no quiero molestar. Me voy a mi coche y espero allí...-dije sin ganas de hacerlo.
-¡Pero bueno! Cómo te vas a ir así... A saber cuándo para de llover ¡De eso nada! Toma...- me ofreció la ropa que llevaba en la mano- Me da un poco de vergüenza dejarte ese pantalón pero es el único que tengo que te puede ir de talla... Es así un poco feucho... -tocó la tela como si fuera a deshacerse al hacerlo.
-Me gusta...- sonreí- ¿Y el baño?
-Sí, en el pasillo la primera a la derecha.

Le hice un gesto con la cabeza para indicarle que iba hacia allí, cuando estuve en la puerta del baño me giré a verle a escondidas. Estaba acicalando el sofá y ordenando algunas caratulas desperdigadas por la mesita. Me pareció encantador.

Continuará....





3 comentarios:

Rosa dijo...

Me encanta!!! Es de la "famosa" segunda parte...? ;)

*Mejorquebien dijo...

Ummm...nunca se sabe... :)

Xavier Sánchez i Torres dijo...

Ha esto se le llama dejar a uno con "la miel en los labios"... Promete!