domingo, 17 de julio de 2011

En las pequeñas cosas

En los pequeños gestos se esconden las grandes sensaciones. Muchos antes de mí lo advirtieron y muchos otros lo ignoraron, yo lo descubrí hace tiempo pero hoy me vino a la mente como si alguien lo hubiera estampado cual sello. Estoy hablando de algo tan sencillo como un viaje de tren que puede convertirse en la mejor decisión que hayas tomado en años. Un viaje de casi cinco horas en el que perderte en tus pensamientos mientras escuchas la música que un día olvidaste y modelas las nubes con tu imaginación. Te sientes libre y, sin embargo, estás encerrado en un tubo metálico que se desplaza más lento de lo que desearías. Volarías aún sin tener alas porque el destino de tus sueños se encuentra al final de este recorrido y quieres llegar cuanto antes.


Y recuerdas y llegas a la conclusión de que ha sido un camino largo y corto. Largo desde aquel primer "hola" y corto desde el "a por todas". Y tienes ganas de gritarlo y tienes ganas de callarlo porque en la disparidad reside el encanto de lo intenso. Planeas entre la euforia y el terror, entre la máxima alegría y la tristeza sin consuelo, entre la risa y la seriedad, el frío y el calor, el caos y el orden. Pero no es algo que puedas razonar, a veces ni siquiera eres consciente de ello, te agita el cuerpo y te absorbe el alma para deleite de tus ganas de aventura. Y sientes que el único fin de este gran viaje que es vivir es absolver cada segundo como si fuera el último.

1 comentario:

eva-escort madrid dijo...

No tuve esa sensación cuando viajé durante 10 horas en autobús, toda la noche.Lo único bueno que sentí era que comenzaba mi camino sola por una semana y que aparentemente estaba siendo valiente. Pero al final mereció la pena llegar a mi destino.Una de cal y otra de arena.