viernes, 22 de abril de 2011

Agua sin sed

Si en el mundo de las medias tintas los extremos no son bienvenidos, en el mundo de los extremos las medias tintas tampoco son plato de buen gusto. ¿Es posible, entonces, poner de acuerdo a dos actitudes totalmente enfrentadas? Quizá esta sea una de esas cuestiones que sólo se pueden responder con ejemplos prácticos, vivencias personales que no están a mi alcance. A veces quisiera poder entender cómo llegamos a ser tan diferentes, cómo nos construimos sobre fundamentos tan dispares y, pese a todo, seguimos relacionándonos dando lo que, según creemos, es lo mejor de nosotros mismos. Seamos extremos o medias tintas, al fina, lo que nos une es nuestra verdad, ser quien creemos que somos junto a la persona que nos hace sacar nuestro yo profundo a flote. A veces lo conseguimos con sujetos de nuesto mismo calibre, extremos o medias tintas, pero, muchas otras veces, pese a saber que el choque de naturalezas puede ser brutal, nos aventuramos a apostar por aquel más opuesto a nosotros. Y es el de extremos el más voluntarioso a la hora de congeniar con un opuesto. De ahí el devenir de los conflictos y el eterno debate, nunca jamás resuelto, espero, de por qué los extremos nunca fueron buenos. Pero, por suerte, seguimos siendo muchos los que exprimimos el mundo desde un punto de vista salvaje y alborotado. De no ser así, éste seria un lugar demasiado aburrido para estar.

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