lunes, 20 de septiembre de 2010

Canciones

Ayer inventé mi primera canción, creé una frase de la que surgió una melodía a lo que le siguieron dos párrafos y un estribillo bastante pegadizo. Fue prácticamente un milagro. Exenta yo misma de cualidades musicales la suerte y el amor quiso que a eso de la medianoche tuviera cerca a alguien capaz de hacer realidad mi ritmo mental. Guitarra en mano, trabajo tuvo para descifrar mi tarareo. Y a pesar de los múltiples fallos derivados de mi ignorancia compositiva, logré que no pudiera quitarse de la cabeza el ritmo del estribillo. Algo que, para ser mi primera incursión musical, no está nada mal.

Seguré experimentando.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Protagonista

Pocas veces el mundo ha girado en torno a mí porque pocas veces me he considerado la protagonista de mi propia vida. Creo que me dieron el papel secundario y el principal lo lleva alguien que, según los parámetros del azar, merece más mi atención que yo misma. Él se conduce a sí mismo por su vida con gran esfuerzo sin percatarse de que interpreta dos personajes principales en dos escenarios diferentes. Y aún siendo el mismo actor, las exigencias de los directores son algo dispares. Y aún construyendo su interpretación sobre las mismas bases, en un escenario consigue un correcto devenir del tiempo, mientras que en el otro no convence. Aún y así, pese a todo, él será durante el tiempo establecido por la confianza y el tesón, el mecenas de mi bienestar.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Interrogación

Respondiendo a tu pregunta, y en el supuesto de que haya algo más que decir, dirijo mi discurso al punto de partida. Sin maldad ni sarcasmo, puede que mienta cuando hablo pero nunca lo hago cuando miro. Y si es verdad que un día fue el futuro lejano, hoy se nos dispone ante los mismos ojos. Fiel y sentido, reprocha al pasado haberle cambiado su insignia fértil e inspiradora. Le amo y le amaré como el que nunca alcanza lo que es soñado. Y en el páramo de las almas solitarias confundiré el pestañear amigable con el amor más profundo, una y mil veces, hasta saciar la sed de recompensa por aquella amargura sólo hallada en este discurso.