viernes, 9 de julio de 2010

Ramos de rosas

La primera vez que me regalaron un ramo de rosas eran amarillas. Fue el último regalo de cumpleaños que recibí de mi hermano. La segunda vez que me regalaron un ramo de rosas eran rojas. Fue la primera vez que me partieron el corazón. La tercera vez que me regalaron un ramo de rosas eran rojas también. Fue la penitencia del que quiere sin estar enamorado. La cuarta vez que me regalaron un ramo de rosas eran igualmente rojas. Fue la segunda vez que me rompieron el corazón.

Así que la única vez que sonreí al recibir un ramo de rosas fue con las amarillas. La única vez en que realmente me enorgulleció lucir en mi escritorio un voluptuoso ramo de rosas fue a mis catorce años. Después, simplemente se convirtieron en el testigo mudo de los momentos más tristes de mi vida. Por eso siempre preferí las margaritas.

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