jueves, 8 de abril de 2010

Mentiras

El día que dijiste tu primera mentira, aunque pensaras por error que era piadosa, retaste a la honestidad. Pusiste en vilo aquella verdad infantil que se deslizaba por tu inocencia hasta tu inmadura boca de niño. Dijiste la primera mentira y, sin saberlo, te hiciste mayor de golpe. Porque el que más miente es el que tiene más conciencia de las consecuencias de la verdad. La experiencia es un grado siempre y en esto más. Creces y mientes para no herir, para no dar explicaciones, para salir de situaciones incómodas. La mayoría de veces dices que mientes sin mala intención, aunque la mentira sea ya por sí misma una intención oscura. Y aunque sabes que el remedio a la mentira es la verdad, en ocasiones la conviertes en el último recurso posible. ¿Por qué? Quizá porque inventarnos una vida sea más complaciente que vivir la nuestra tal y como es. O quizá porque la emoción a que nos pillen, aunque sea terriblemente angustiante, nos encanta. O porque simplemente somos unos mentirosos compulsivos sin razón y sin explicación que sólo desean algo de atención. Sea por lo que fuere, el primer día que dijimos una mentira nos condenamos a la inmadurez del adulto.

jueves, 1 de abril de 2010

Desmontando el universo

En este piso de Madrid solía haber un universo. Un pequeño cósmos en el que todas las cosas convivían en armonia. Era el lugar de descanso y de alboroto, un remanso de paz y un nido de caos. Volcán en erupción y dulce marea acunadora. Mi reflejo, mi destino. Llegar aquí era llegar a casa y suspirar, uff...por fin. En orden y en desorden ha sido el lugar que me ha visto crecer, seguramente aquí habré desarrollado la parte de mi personalidad que antes no conocía y que ahora lo ocupa todo. Aquí a resonado la mejor música, las mejores risas, las palabras más dulces y las más amargas. Aquí está mi vida, mi independencia, mi refugio nuclear contra miradas ajenas, la soledad entendida de la mejor manera. El sofá con la forma de mi cuerpo, el mueble lleno de pequeños tesoros que recuerdan a aventuras pasadas y memorables.

Ahora mi pequeño universo se traslada. Empaqueto cada planeta y cada estrella para llevármelos lejos de aquí. No sabemos todavía dónde nos instalaremos mi universo y yo. Ni siquiera si seguiremos siendo los mismos una vez lleguemos a nuestro destino. Lo único que sabemos con certeza es lo que dejaremos atrás. Y nos abruma a la vez que nos enorgullece.

Miro alrededor y empiezo a darme cuenta. Veo a todas esas personas que un día pasaron por aquí. Veo todas las veces que salí con una maleta y volví. Huelo la crema solar de los días de piscina. Huelo los experimentos culinarios que algún día salieron bien. Escucho el piar de los pájaros que se posan en la baranda de mi terraza combinado con la megafonía de la jefatura superior de policía. He sido tan afortunada durante los últimos 3 años que será difícil lograr algo parecido. Y aunque mi marcha debería ser para mejor, siento que el apego a este hogar es mayor del que creía. Siento que el apego a esta ciudad es mayor del que creía. Siento que el apego a esta gente es el que creía. Adoro cada esquina del camino que por fortuna me tocó recorrer aquí. Y ahora sé que lo echaré mucho, mucho, mucho, mucho de menos.