miércoles, 10 de marzo de 2010

90 minutos

En 90 minutos caben muchas palabras. Palabras que forman frases de interpretación libre. Frases que crean conceptos que se repiten en función de su importancia. Conceptos de un discurso engalanado con silencios que le dan el toque de dramatismo a la conversación trascendente. Todo un entramado complejo de pensamiento, estructuración y dicción que cuanto más tiempo dura más enredado y disperso resulta.

Después de 90 minutos de improvisación verbal concilias sueño con desazón al darte cuenta de que bien entrada la noche no hay tiempo para la digestión de hora y media de novedades punzantes. Y te preguntas cómo llegaste a descubrir lo que no pretendías, cuando sólo habías planeado el primer minuto de la conversación antes de marcar ese teléfono. Sin las ideas demasiado claras buscabas un consuelo y te encontraste con la eterna duda envuelta en un sinfin de palabrería argumentada, bien sonante y poco clarividente. Es decir que escuchaste mucho de lo que no querías saber y poco de lo que realmente importa.

1 comentario:

Doña Col dijo...

Por desgacia la vida moderna hace que nuestras relaciones se queden, muchas veces, en eso que dices. Un besito.