martes, 16 de marzo de 2010

Dulces sueños

A veces te miro cuando duermes y memorizo tu plácida expresión. Me quedo cerca de ti, custodiando tu vulnerable cuerpo abandonado a la inconsciencia. Siento que podría ser la protectora de tus sueños, la encargada de que conservaras ese estado de calma absoluta durante toda tu vida. Y me siento importante. Te acaricio dulcemente con mi mirada. Y pienso en la posibilidad de pasarme todas las horas de mi vida contemplándote sin decir nada, agudizando el oído para escuchar tu suave respiración, serena y relajante. Me hipnotizas. En ocasiones te susurro cosas que jamás sabrás, secretos que me gustaría contarte y que nunca diré. Pero tengo la esperanza de que mis palabras se escondan en tu subconsciente y provoquen que cualquier día te levantes feliz sin saber el motivo. Esa idea me hace sonreir.

domingo, 14 de marzo de 2010

ELLAS

Es domingo. La pasada fue una de esas noches que cuesta resumir. Hubo diversión, algún momento de emotividad, fue impredecible y algo impactante, fue de risas pero también de lágrimas. Sobre todo y ante todo fue una noche con ELLAS.

ELLAS, pícaras y preciosas, son parte del equipo que asfalta mi camino para hacerlo más cómodo. Son los faros del coche que conduzco por el sendero de la vida. Preciosos diamantes que nunca perderán su brillo. Luzco a su lado mi mejor sonrisa pero también mi cara más larga, mi discurso más loco y mi inquietante intimidad emocional. Son el punto de vista distinto, el prisma a través del cual me veo desde fuera, el espejo donde se reflejan todas mis virtudes y mis defectos. ELLAS me hacen ser mejor, me enseñan, me escuchan y me miman. Pero, sobre todo y ante todo me aceptan tal y como soy. Me conocen.

Las adoro más allá de la amistad y forman parte del exclusivo grupo de "amores de mi vida". Y a pesar de su idilica presencia en mi vida, no estamos exentas de enfados y malos entendidos que, por fortuna, han ayudado a conocernos mejor y a afianzar una relación ahora inquebrantable.

Si la vida fuera justa ellas deberían alcanzar todas sus metas. Y estoy segura de que algún día se verán recompensadas por todo aquello que hacen por mi, lo que me han regalado y lo que me regalarán en el futuro. No hay nada como verlas felices. Y deseo que lo sean.

miércoles, 10 de marzo de 2010

90 minutos

En 90 minutos caben muchas palabras. Palabras que forman frases de interpretación libre. Frases que crean conceptos que se repiten en función de su importancia. Conceptos de un discurso engalanado con silencios que le dan el toque de dramatismo a la conversación trascendente. Todo un entramado complejo de pensamiento, estructuración y dicción que cuanto más tiempo dura más enredado y disperso resulta.

Después de 90 minutos de improvisación verbal concilias sueño con desazón al darte cuenta de que bien entrada la noche no hay tiempo para la digestión de hora y media de novedades punzantes. Y te preguntas cómo llegaste a descubrir lo que no pretendías, cuando sólo habías planeado el primer minuto de la conversación antes de marcar ese teléfono. Sin las ideas demasiado claras buscabas un consuelo y te encontraste con la eterna duda envuelta en un sinfin de palabrería argumentada, bien sonante y poco clarividente. Es decir que escuchaste mucho de lo que no querías saber y poco de lo que realmente importa.

lunes, 8 de marzo de 2010

Quizá nunca

Nunca había tenido tanto miedo a hablar. Quizà porque nunca había tenido tanto miedo a perder. Es posible que nunca hubiera tenido tanto miedo a pedir. Ni siquiera había tenido tanto miedo a preguntar. Jamás tuve tanto miedo a enfadarme. Hasta podría asegurar que nunca tuve tanto miedo a ser honesta.

Me resulta extraño estar en el lado de la incertidumbre cuando siempre había sido yo la certera. Me resulta incomprensible estar en el lado de lo inexplicable cuando siempre había tenido el control sobre todo. Me resulta inquietante estar en el lado del más cuando siempre había dado menos.

Noveadad que aún no sé cómo encajar. Al principio con exigencia, después con resignación, más tarde con tranquilidad. Y al fin con......

sábado, 6 de marzo de 2010

Pipas sin cáscara

No me considero una persona emprendedora, ni siquiera aventurera. Nunca fui excesivamente inquieta. Al contrario. Recuerdo ser una niña tranquila, casi imperturbable. Quietecita, de buen comportar. Una delicia de cría que mis padres no dudaban en llevar a todas partes enorgulleciéndose cuando cualquer desconocido entonaba un "pero mira qué niños tan buenos" al vernos pasar de la mano a mi hermano y a mí. Tan desapercibidos que lográbamos llamar la atención. Con nuestro pelo rubio y nuestros ojos azules, carita de no haber roto un plato. Mientras por dentro forjábamos un imponente carácter, más yo que él, de construcción lenta.

Crecí y dejamos de ir de la mano a todas partes, no por gusto sino por obligación. Y la indignación me trastocó el conformismo. Y la injusticia me trastocó la vida como debía ser. Recuerdo los motivos pero no el momento en el que cargué las maletas en un avión escapando de una ciudad a la que estoy a punto de regresar. Recuerdo las peleas interiores. Recuerdo los primero días en Madrid. Sola, preguntándome por qué y respondiendo con firmeza "es lo que necesito". Luego empezaron las experiencias, las personas, las barbaridades, las alegrías, los cambios, las costumbres..... Cuatro años de, sobre todo, amistades que han logrado reeditarme.

Y ya es hora de volver a hacerlo. Me marcho en busca de una nueva edición de mí misma. Quizá aquella en la que durante un tiempo me vuelva a sentir a gusto. Sin saber cómo irán las cosas, sin saber si tomo el rumbo que me lleve, por fin, a donde quiero estar. Quizá mi vida sea básicamente un cambio de opinión constante. Y de ahí que parezca una persona valiente, capaz de generarse riesgos en momentos de tranquilidad. Nunca supe hacia dónde iba pero siempre supe qué quería conseguir. A veces hice lo de debía hacer y otras lo que quería hacer. Y a pesar del miedo, soy adicta a esa sensación de libertad que produce el ser capaz de tomar tus prpias decisiones.