lunes, 22 de febrero de 2010

Retrospectiva

Caparazón y hacia adentro. Miro y remiro. Paso lista. Están todos. La incertidumbre, el temor, la mordaza, el silencio. No fallan. Siempre ahí. A veces quietecitos y calladitos, atendiendo a un orden inaudito. Otras, la mayoría, revoltosos e insoportables.

Llueve fuera. Cualquier cosa va a irritarme hoy, hasta el dulce sonido de las gotas metalizando los charcos. Tengo el testigo del airbag apagado ¿dolerá esto? Dará de más cuanto menos importe. Pero la rozadura va a derivar en cientos de minutos de imaginativa percepción de lo real. Que sólo será entendible a los ojos del soñador. Y en mitad de mi despechado sermón al mundo, deduzco que deliro. Porque es más fácil exagerar el dramatismo que enfrentarse a él. Soy imperfección pura. Frondosa, herméticamente violenta. Ficción en estado denso.

Y me voy a dormir, para acabar con el descenso de los rápidos del entendimiento. Comunicativa o no, al final siempre me cuesta entender.

domingo, 14 de febrero de 2010

Regalo

A veces tengo la enorme necesidad de hacerte el mejor regalo del mundo. Y me pregunto ¿qué podría entregarte? Me pregunto ¿qué podría darte que estuviera a la altura de lo que tú me das? Paso cientos de maravillosos minutos al día pensando en ello. En lo que daría por ver la felicidad en tus ojos, la ilusión en tu cara, la emoción en tus gestos. Se me va la vida en ello, vida que vuelve cuando me dices que soy todo lo que puedes desear. Suspiro. Lo hago con dulce desespero, como si quisiera hacer salir todas esas mariposas que revolotean dentro llenándome de palpitante nerviosismo. Suspiro otra vez. Es mi único idioma. El que puede llegar a decir lo que no tiene palabra. El que desvela, descifra, desmiente, desata. El que innunda los pulmones, llenándolos hasta el límite y los vacía, los encoge, los desnutre durante unos segundos, los hace sufrir para en milésimas volver a llenarlos de vida. El placer de la tortura. El juego del todo o nada, mediado por la locura. Un regalo para los sentidos. Te despierta, te aviva, te asoma al valor de las pequeñas cosas. Y sigo pensando ¿qué podría regalarte que se compare a lo que me regalas tú a mi?