sábado, 16 de enero de 2010

El instinto de autodefensa

Nunca fui precoz pero siempre me ha costado esperar. Sobre todo en los últimos años, me impacienta la madre de la ciencia. He acelerando los acontecimientos para vivirlos cuanto antes. Conectando la espera con la pérdida de tiempo.

Recurro al tópico para describir una realidad que a medida que pasan los años se hace más evidente. La vida es muy corta. Sí, cuántas veces se habrá escrito y se habrá dicho esta frase. Millones. Y, sin embargo, todavía hoy parece que no asimilamos que no somos eternos. Vivimos como si esperáramos que mañana fuera el primer día del resto de nuestra vida. Pero no es así. No hay un día en el que la vida empieza a ser emocionante. Sólo existe la voluntad de aprovechar lo que ha de venir para convertirlo en algo que nos llene. Sólo existimos nosotros y nuestra forma de enfrentarnos a los acontecimientos. Casualidad o no, las cosas que nos pasan forman parte de un complot organizado para hacernos evolucionar. Quedarse quieto, envuelto en una capa protectora, dejándo que ocurran cosas alrededor sin que lleguen a rozarnos, quizá sea la opción más fácil, pero nunca aprenderemos que detrás de una ruina viene una reconstrucción de algo mejor.

Es así. Y a veces tengo que decirlo en voz alta. Porque yo, como todos, nunca perderé el instinto de autodefensa.

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