lunes, 18 de enero de 2010

El hombre de las mil melodías

El hombre de las mil melodías es un ser todavía desconocido para mí y, sin embargo, se convirtió por unas horas en el espejo frente al que verme con total claridad. Es el centro de la atención del resto. Explota cierto aire de seductor misterioso que pronto acierta a desmentir. Todavida no sé si es un galán o un romántico empedernido, pero se pincela con un toque de rompecorazones.

Al escucharle hablar es inevitable fijarse en su transparencia. Desparrama sus profundidades frente a una copa entre amigos. Su discurso es como un canto de sirena que te envuelve y te convence. Se basta de sus propias experiencias para darle el realismo que deben tener los sentimientos más inquietantes. Se pierde en un discurso que nunca acabaría y que, aún repitiendo las mismas ideas básicas, podría llegar a explicar con distintas argumentaciones. Es inaquieto, disparatado, reflexivo y caótico. Fuerte por obligación. Huye de la madurez que un prematuro día le tocó asumir, para buscar esa inmadura ingenuidad que da alas a su sentimiento de inconformidad con el mundo.

El hombre de las mil melodías deja derretir sus palabras en los oídos de los demás mientras su diálogo acaba siendo de él con sus própios sentimientos. Del interior al exterior. De lo más adentro escupe las palabras que le hacen valiente y vulnerable a la vez. Se le puede escuchar hablar de aprovechar cada instante, de no dejar pasar las oportunidades y de vivir como si el mañana no fuera a convertirse en ayer.

Es un fiel defensor de las emociones que se agarran al estómago, como parásitos de sinrazón. Sentimientos que se acaban ocultando bajo un obligado manto racional y que terminarán por abrirse paso. Decepción, tristeza, dolor. Chispas de un fuego que arderá tarde o temprano y se convertirá en el detonante de todos los radicalismos. Disparatada agonía. Sólo es útil la lucha cuando vale la pena andar el camino hacia la batalla. Así es él, natural y diverso. Como un frondoso bosque cuyas raíces surcan las profundidades terrestres y se entrelazan para formar un todo lleno de complejas conexiones vitales.

Así es como le he visto y así es como me gustaría conocerle. Y el día que nos crucemos de cualquier forma imprevista le daré las gracias por haberme regalado una ficticia melodía sobre la que escribir una nueva página de mejorquebien.

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