jueves, 28 de enero de 2010

Frío

Nunca me había pasado antes pero últimamente siento que cuanto más conozco a una persona más la desconozco. Es una sensación extraña que sobrepasa mis límites del entendimiento. Se suponía que a medida que fuera haciéndome mayor iba a ir comprendiendo con más facilidad lo incierto. Siempre pensé que acabaría por enterarme del sentido de las cosas de mayores. Tenía que haber una explicación para tanta complejidad y, sin embargo, sigo sin entender nada. Lo que iba a pasar, al menos así lo veía yo, era que la experiencia se convertiría en mi aliada en este devenir. Pero algo no me cuadra. Convencida como estaba de que el saber era avance, el avance madurez y la madurez una meta alcanzable, tarde o temprano, creo que perdí alguna pieza del puzzle por el camino. Ahora mis dudas, por si no fueran pocas, generan más dudas aún en vez de algunas certezas. Y pese a que no pierdo el sentimiento que un día dejé macerar, tampoco siento estar ganando. Es como si las dos balanzas llevaran el mismo peso y yo estuviera suspendida en medio. Lo más curioso de todo es que siento que no soy yo la que coloca los pesos que igualan mis niveles. Y al final, sólo siento frío.

jueves, 21 de enero de 2010

Al fin, llegaste a casa

Serenas y transparentes saludan las olas al paso de los deseos furtivos. Cada pensamiento descamado enciende una lucecita que despeja de la sombra el camino que estás a punto de recorrer. Te alejas y eres libre. Sientes el abandono de la gravedad y te envuelven pequeños papeles de colores que flotan a tu son. De tu puño y letra llevan mensajes escritos. Ilusiones, anhelos, propósitos, sentimientos. Una larga vida de sueños que nunca cumpliste. Y a pesar de lo decepcionante que pudiera resultar dar de frente con lo inalcanzado, esta noche te sientes completo. Porque todos aquellos papeles impregnados de tinta no son más que minucias al lado de lo que está por llegar. Estás a punto de verlo en el horizonte de este mar sin fin que se presenta ante tus ojos como una visión de la perfecta hermosura. Y te emocionará, y te aliviará, y te hará resucitar si es necesario. Porque es todos los deseos en uno solo. Porque estás a punto de vivir la mejor época de tu vida. Porque, aunque no haya habido espera, ya que las mejores cosas ocurren sin esperarlo, el tiempo que ha transcurrido hasta el ahora ha valido la pena vivirlo sólo por haber llegado a ser la persona que merece que le pasen cosas increíbles.

Increíble es lo que va a ocurrirte, lo sabe la lagrima que humedece tu mejilla dando la bienvenida al nuevo inicio. Lo sabe tu corazón palpitando frenéticamente. Son esas sensaciones indescriptibles las que te avisan de que ha llegado. Y no lo supiste pero lo sabrás cuando ya no exista nada más. Siempre te lo dijeron y nunca lo creíste. Pero, al fin, llegaste a casa.

lunes, 18 de enero de 2010

El hombre de las mil melodías

El hombre de las mil melodías es un ser todavía desconocido para mí y, sin embargo, se convirtió por unas horas en el espejo frente al que verme con total claridad. Es el centro de la atención del resto. Explota cierto aire de seductor misterioso que pronto acierta a desmentir. Todavida no sé si es un galán o un romántico empedernido, pero se pincela con un toque de rompecorazones.

Al escucharle hablar es inevitable fijarse en su transparencia. Desparrama sus profundidades frente a una copa entre amigos. Su discurso es como un canto de sirena que te envuelve y te convence. Se basta de sus propias experiencias para darle el realismo que deben tener los sentimientos más inquietantes. Se pierde en un discurso que nunca acabaría y que, aún repitiendo las mismas ideas básicas, podría llegar a explicar con distintas argumentaciones. Es inaquieto, disparatado, reflexivo y caótico. Fuerte por obligación. Huye de la madurez que un prematuro día le tocó asumir, para buscar esa inmadura ingenuidad que da alas a su sentimiento de inconformidad con el mundo.

El hombre de las mil melodías deja derretir sus palabras en los oídos de los demás mientras su diálogo acaba siendo de él con sus própios sentimientos. Del interior al exterior. De lo más adentro escupe las palabras que le hacen valiente y vulnerable a la vez. Se le puede escuchar hablar de aprovechar cada instante, de no dejar pasar las oportunidades y de vivir como si el mañana no fuera a convertirse en ayer.

Es un fiel defensor de las emociones que se agarran al estómago, como parásitos de sinrazón. Sentimientos que se acaban ocultando bajo un obligado manto racional y que terminarán por abrirse paso. Decepción, tristeza, dolor. Chispas de un fuego que arderá tarde o temprano y se convertirá en el detonante de todos los radicalismos. Disparatada agonía. Sólo es útil la lucha cuando vale la pena andar el camino hacia la batalla. Así es él, natural y diverso. Como un frondoso bosque cuyas raíces surcan las profundidades terrestres y se entrelazan para formar un todo lleno de complejas conexiones vitales.

Así es como le he visto y así es como me gustaría conocerle. Y el día que nos crucemos de cualquier forma imprevista le daré las gracias por haberme regalado una ficticia melodía sobre la que escribir una nueva página de mejorquebien.

sábado, 16 de enero de 2010

El instinto de autodefensa

Nunca fui precoz pero siempre me ha costado esperar. Sobre todo en los últimos años, me impacienta la madre de la ciencia. He acelerando los acontecimientos para vivirlos cuanto antes. Conectando la espera con la pérdida de tiempo.

Recurro al tópico para describir una realidad que a medida que pasan los años se hace más evidente. La vida es muy corta. Sí, cuántas veces se habrá escrito y se habrá dicho esta frase. Millones. Y, sin embargo, todavía hoy parece que no asimilamos que no somos eternos. Vivimos como si esperáramos que mañana fuera el primer día del resto de nuestra vida. Pero no es así. No hay un día en el que la vida empieza a ser emocionante. Sólo existe la voluntad de aprovechar lo que ha de venir para convertirlo en algo que nos llene. Sólo existimos nosotros y nuestra forma de enfrentarnos a los acontecimientos. Casualidad o no, las cosas que nos pasan forman parte de un complot organizado para hacernos evolucionar. Quedarse quieto, envuelto en una capa protectora, dejándo que ocurran cosas alrededor sin que lleguen a rozarnos, quizá sea la opción más fácil, pero nunca aprenderemos que detrás de una ruina viene una reconstrucción de algo mejor.

Es así. Y a veces tengo que decirlo en voz alta. Porque yo, como todos, nunca perderé el instinto de autodefensa.

viernes, 15 de enero de 2010

Bendita locura

Hoy me siento enérgica, espléndida. Y no es por el día gris, la semana eterna, la facilidad con la que las cosas empeoran. Quizá sea por las palabras gratas de personas casi desconocidas, por los reencuentros, por las familiaridades entre tanto desarraigado. Sí, hoy me siento enérgica. Resplandeciente y llena de optimismo. A ver cuanto dura, pensaréis. Os entiendo, yo también tuve la tentación de planteármelo. Pero no, no le voy a poner límite al bienestar. Y si termina, volveré a buscarlo. Porque ¿qué hay más aburrido que la monotonía?, aunque sea buena ¿Qué hay más aburrido que el estado emocional lineal? ¿Qué hay más aburrido que no tener en qué pensar? Son preguntas retóricas, sin duda.

Y aunque muchos me tomarán por loca dadas las montañas rusas con las que engalano *mejorquebien, si la locura es esto, bendita locura.

miércoles, 13 de enero de 2010

Un nuevo cambio

Hoy es el primer día de un nuevo cambio y el último de un cambio anterior. Hoy apago las luces de aquella manera nostálgica en que lo hacen los protagonistas de las películas dramáticas. Miro por última vez el lugar iluminado mientras mi mano se acerca lentamente al interruptor y con un profundo gesto de tristeza hago oscurecer lo que, luego, dejaré atrás.

Así es la vida, dicen. Lo bueno acaba y lo malo siempre está acechando. Como fiera hambrienta, como el día de lluvia que anuncian desde hace tiempo y te pilla sin paraguas. Porque no escuchas, porque no ves. Porque tienes diseñado el esquema de la vida tal y como debe ser. No es lo que tienes, es lo que estás dispuesto a conseguir. No se trata de que sea suficiente, se trata de que sea más de lo que podrías imaginar. Y te alejas con pasos cortos, tanto que si lo fueran más estarías parado en aquel rincón de aquel mundo que un día creíste perfecto.

Sabes que te irás y estarás mejor. Pero de alguna manera imperceptible las fuerzas del mejor tiempo vivido te atraen hacia la oscuridad que antes era luz. Y por empeño, por orgullo, por convicción, volverás a aquel lugar y encenderás las luces. Al fin y al cabo, huir, hasta ahora, no te ha servido de mucho.

domingo, 10 de enero de 2010

La noche

Es la noche del despliegue polar. Donde nada tiene su lugar habitual. Suben, bajan, volatilizan la ciudad. Los sueños, las risas, las promesas sin verdad. Invenciones de una vida ficticia. Cuentos locos de una felicidad sin medida. Seres bidimensionales. Postres de la comida que nunca sació. Es el cierre de la etapa más profunda. El despegue del momento superficial. Inquietante serenidad, pose indiferente, visión cenital. Ya no hay pausas ni reflexiones, hay velocidad y sonrisa vacía. No hay honestidad, ni claridad. Hay juego y perversión. Es la noche del despliegue polar.

jueves, 7 de enero de 2010

Quiero ser

No quiero ser tópica y, sin embargo, repito las expresiones que usa todo el mundo.
No quiero ser previsible y, sin embargo, en mi mente no hay más que lo mismo de siempre.
No quiero ser adorable y, sin embargo, me achuchan como si lo fuera.
No quiero ser increible y, sin embargo, me miran como si no me creyeran.
No quiero ser sociable y, sin embargo, hablo demasiado.
No quiero ser emotiva y, sin embargo, lloro cuando me pinzan el alma.
No queiro ser soñadora y, sin embargo, construyo mundos de algodón de azúcar.
No quiero ser única y, sin embargo, me siento distinta a cualqueira.
No quiero ser imperfecta y, sin embargo, causo dolor y sufrimiento.
No quiero ser musical y, sin embargo, cada neurona de mi cerebro es melodía.
No queiro ser quien no soy y, sin embargo, ya no sé ni quien soy.