viernes, 5 de noviembre de 2010

Antes/Ahora

Miro entre las cortinas de mi ventana el paisaje de la Barcelona más conocida, pero desde una perspectiva poco convencional. Esto ya es mi casa, por fin, y los lugares emblemáticos son parte de lo cotidiano. Observo a mi vecina barrer el balcón, ella no me ve, ni se percata siquiera de la maravillosa estampa que protagoniza. Al lado de su edificio, un poco más alejado pero de majestuosidad cercana, se expande el Tibidabo protegido por un cielo azul pintado por genios. El sol clarea la escena y te invita a sentir calor aunque haga frío. Y, aunque sigo escribiendo sobre el pasado, en días como hoy, algo me empuja a pensar en el futuro con ilusión.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Carta a una idea

Estimada Idea,

Permíteme darte la bienvenida a mi mundo interior. Un inquietante lugar reinado por el caos y presidido por una alianza, la de la contradicción y la incoherencia. Inmenso, eso sí. Fértil, para que puedas expandirte. Repleto de recursos con los que puedes experimentar, jugar e incluso transformarte. Tienes carta blanca para hacer lo que se te antoje. Puedes diversificarte o mantenerte intacta, pura. Puedes contagiar tu sabiduría y frescura allá donde vayas. Quiero que invadas todos los rincones de mi ser, que me exprimas y me lleves a lugares inóspitos de mi misma. Hazme tuya y el día que salgas de mí, hazlo en toda tu inmensa perfección. Y deja que yo acompañe tu belleza con alguna de mis palabras.

Siempre tuya

lunes, 20 de septiembre de 2010

Canciones

Ayer inventé mi primera canción, creé una frase de la que surgió una melodía a lo que le siguieron dos párrafos y un estribillo bastante pegadizo. Fue prácticamente un milagro. Exenta yo misma de cualidades musicales la suerte y el amor quiso que a eso de la medianoche tuviera cerca a alguien capaz de hacer realidad mi ritmo mental. Guitarra en mano, trabajo tuvo para descifrar mi tarareo. Y a pesar de los múltiples fallos derivados de mi ignorancia compositiva, logré que no pudiera quitarse de la cabeza el ritmo del estribillo. Algo que, para ser mi primera incursión musical, no está nada mal.

Seguré experimentando.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Protagonista

Pocas veces el mundo ha girado en torno a mí porque pocas veces me he considerado la protagonista de mi propia vida. Creo que me dieron el papel secundario y el principal lo lleva alguien que, según los parámetros del azar, merece más mi atención que yo misma. Él se conduce a sí mismo por su vida con gran esfuerzo sin percatarse de que interpreta dos personajes principales en dos escenarios diferentes. Y aún siendo el mismo actor, las exigencias de los directores son algo dispares. Y aún construyendo su interpretación sobre las mismas bases, en un escenario consigue un correcto devenir del tiempo, mientras que en el otro no convence. Aún y así, pese a todo, él será durante el tiempo establecido por la confianza y el tesón, el mecenas de mi bienestar.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Interrogación

Respondiendo a tu pregunta, y en el supuesto de que haya algo más que decir, dirijo mi discurso al punto de partida. Sin maldad ni sarcasmo, puede que mienta cuando hablo pero nunca lo hago cuando miro. Y si es verdad que un día fue el futuro lejano, hoy se nos dispone ante los mismos ojos. Fiel y sentido, reprocha al pasado haberle cambiado su insignia fértil e inspiradora. Le amo y le amaré como el que nunca alcanza lo que es soñado. Y en el páramo de las almas solitarias confundiré el pestañear amigable con el amor más profundo, una y mil veces, hasta saciar la sed de recompensa por aquella amargura sólo hallada en este discurso.

martes, 31 de agosto de 2010

Y el amor....

Hoy el pasado se parece a un sueño. Uno de esos que apenas recuerdas cuando te despiertas. Y durante un rato te esfuerzas en ordenar las pocas imagenes que han quedado grabadas en tu memória con el ansia del que cree haber perdido la fórmula de la eterna juventud. La cosa ha cambiado en seis meses y en un año ya no es lo que era. Ni mejor, ni peor, diferente. El reducto es un agua desintoxicada de cloro. Y el amor un misterio sin límite de estudio.

miércoles, 14 de julio de 2010

Escritora

Un día sueñas con ser periodista y otro con ser letrista. Otro con ser actriz y otro con ser musa de un gran artista. Al día siguiente deseas saber dibujar o que se te hubiera otorgado el don de la canción. Más tarde valoras la posibilidad de ser fotógrafa, diseñadora, realizadora, presentadora, cámara, reportera o superheroína. Hasta que te quedas con un sólo deseo, ser feliz. Lo intentas por activa y por pasiva. Desde la exigencia y la tolerancia, desde el amor y la profesionalidad. Tomas la determinación de que el mundo no gira externo a ti sino contigo dentro y superas la barrera del sueño para convertirlo en realidad. Ahora te toca apostarlo todo a una. Seré escritora.

viernes, 9 de julio de 2010

Ramos de rosas

La primera vez que me regalaron un ramo de rosas eran amarillas. Fue el último regalo de cumpleaños que recibí de mi hermano. La segunda vez que me regalaron un ramo de rosas eran rojas. Fue la primera vez que me partieron el corazón. La tercera vez que me regalaron un ramo de rosas eran rojas también. Fue la penitencia del que quiere sin estar enamorado. La cuarta vez que me regalaron un ramo de rosas eran igualmente rojas. Fue la segunda vez que me rompieron el corazón.

Así que la única vez que sonreí al recibir un ramo de rosas fue con las amarillas. La única vez en que realmente me enorgulleció lucir en mi escritorio un voluptuoso ramo de rosas fue a mis catorce años. Después, simplemente se convirtieron en el testigo mudo de los momentos más tristes de mi vida. Por eso siempre preferí las margaritas.

martes, 6 de julio de 2010

Recuerdos

El tesoro mejor guardado eran tres cigarrillos y una película antigua. Se quedaron en el recuerdo de las cosas por hacer, como referentes de la virtud del mundo que podría haber sido. Intocables, se habían convertido en las piezas de un puzzle que nunca llegaríamos a armar. Yacían en una vitrina custodiada por dos perros guardianes que mostraban su peor mueca al acercamiento ajeno. Sólo dos personas podíamos acceder a tales preciados elementos de culto. Tú y yo. La cara y la cruz de monedas alternas. Acudíamos a nuestro mausoleo ya por separado los días de guardar. Y nos recreábamos en el visionado ciego de aquella película y las caladas desahumadas de aquellos cigarrillos. Objetos que nunca adoramos en su faceta de alcanzables y que, sin embargo, resultaban del todo atractivos en su estado inasequible. Dejamos de amarnos para amarlos a ellos. Aunque ya ni recordemos por qué los recordamos.

sábado, 12 de junio de 2010

Tú en mí

Hoy te siento más cerca que nunca al intentar recordar todo lo que fuiste para mí. Repaso en silencio los instantes en que mi inocencia no era capaz de imaginar el devenir de nuestras vidas. Me esfuerzo en rascar el detalle de aquellas cosas que laten en mi memoria como meras anécdotas de las cuales simplemente me queda un ligero sabor agridulce. Desmonto cada palabra que consigo repetir mentalmente parándome en el sonido de tu voz que a penas recuerdo.

Te echo de menos. Y eso, todavía hoy, sigue haciéndome llorar.

lunes, 7 de junio de 2010

Cuéntame un cuento....

La primera vez que le vi se mostraba sereno y apacible tras unas vallas amarillas. Hablaba animadamente con otras personas sin saber que, a poca distancia, mis ojos le escrutaban escondidos entre un grupo de desconocidos. Esperaba con cierta impaciencia el momento en que pudiera verlo subido al escenario. Las anteriores habían sido unas semanas cargadas de ilusiones renovadas. Todo había pasado muy rápido y, en cambio, la espera hasta llegar a ese mismo instante había resultado tortuosa. Disfruté cada segundo como el primer sorbo de agua después de horas de intensa sed. El mundo decidió cambiar de la noche a la mañana y empezar a hacerme sentir especial. A veces, incluso, como si fuera lo más importante que existiera. Costaba perder la sonrisa. Nerviosa y aturdida por haber estado demasiado tiempo planeando lo que iba a suceder aquella noche, decidí dejar de pensar y hacer lo que siempre he hecho...improvisar.

Por fin salieron al escenario. Mientras colocaban los instrumentos no perdí detalle ya que, intuía, todo lo que aquella noche aconteciera iba a ser algo que recordaría durante mucho tiempo. No me faltaba razón. Le miré y le remiré, con aquella americana resultaba incluso más atractivo de lo que había imaginado. Jugueteaba con la idea de que él pudiera estar algo nervioso por mi presencia allí y me sonrojaba como una quinceañera cada vez que su mirada parecía dirigirse hacia mi. El ruido se detuvo y sonaron los primeros acordes de su bajo. La emoción me subía desde el estómago hasta la garganta. Sentí admiración y orgullo, felicidad y alegría. Era como si ya le conociera y aquel fuera un encuentro de tantos. Pero, en realidad, era el primero.

De pronto identifiqué la melodía que llevaba esperando desde que le vi tras las vallas. Se giró, me buscó entre el público e hizo un gesto de cortesía con la cabeza. Aquel prometía ser uno de los momentos más indescriptibles de mi vida y sigue siéndolo. Después de aquello ya no pude concentrar mis sentidos en nada que no fuera él. Terminaron y al poco le tenía pasando por delante de mí sin darse cuenta de que casi llegaba a rozarme. Me extrañé y dudé un segundo de si acercarme, una siempre ha deseado ser la protagonista del cuento. Pero aquel segundo dubitativo expiró y enseguida me armé de valor y decidí parar el tiempo. Me fui acercando por detrás, él iba acompañado y charlaba animadamente, quería encontrar el momento idóneo. Y creo que no lo hice pero dió igual. Toqué su espalda cubierta por su fiel cazadora de cuero negro y él se giró. Cuatro segundos más para recordar toda una vida. Su cara de asombro, sus primeras palabras, su voz, su sonrisa. La fotografía de aquel instante derrocha intensidad. Hablaron más nuestros ojos que nuestras bocas y en un parpadeo rodeó mi cintura con su brazo. Acaricié su mano, suave, firme, conquistadora. Y dejé caer mis ojos hasta su boca, me detuve unos segundos y regresé a su mirada, dulce y honesta. No podía estar más tiempo allí con él y, sin embargo, me hubiera quedado una eternidad.

Había conocido mucho de él hasta aquel instante y todo me atraía. Sabía que era sincero, cariñoso, divertido, tímido, alguien con quien poder contar, sereno, paciente, pícaro y olvidadizo. Sólo quedaba desvelar una incógnita. Me acerqué a él tanto que no quedaba a penas hueco entre nuestros labios y le dí un tímido beso. Creo que la chispa de aquel beso podría haber cegado a cualquiera capaz de verla. Aquel fue el desencadenante de una retahíla de apasionados besos que fundieron mi consciencia. Y pocos minutos después, al separarnos, supe que él iba a cambiar mi vida.

lunes, 31 de mayo de 2010

La respuesta

Vas de camino a nunguna parte, hace sol. Tu paseo toma el rumbo de la fuente del recuerdo. Y los ruidos del mundo se detienen a dos milímetros de tus oídos. Éramos tanto y el tanto se hizo nada a penas en un instante. Se te eriza la piel y dejas de sentir tu cuerpo. Andas pero no piensas en andar, respiras pero no piensas en respirar, sigues pero no piensas en seguir. En tu cabeza retumban miles de rezones que den coherencia al sinsentido de las emociones. Y tienes las preguntas y las respuestas pero ninguna encaja con otra, has probado todas las combinaciones posibles. Te diste tiempo para no decir nada y en el silencio perdiste la mejor oportunidad de conseguir algo que está por encima de cualquier cosa conocida. Quizá no fuera el momento, quizá para ti no fuera la maravilla que otros vieron. Quizá sólo hacía falta respirar profundamente.
Cojamos aire, presionemos cada rincón de incertidumbre con una buena dosis de oxígeno. Y luego dejemos que salga todo. Soplemos hasta derrumbar los castillos de arena que construimos en direcciones opuestas. Ya es hora de ver qué hay detrás del telón que un día pusimos frente a nuestros ojos. A veces la respuesta es simplemente seguir caminando.

domingo, 9 de mayo de 2010

Vuelvo

Aquí estoy otra vez, en mejorquebien. Con la vida hecha un desvarajuste, intentando crear ese mundo que un día soñé. Retomo mis pasos para parar mis adversidades. Y en el fondo creo que tengo un plan. Vuelvo con un mecenas dispuesto a patrocinar mi primer libro. Vuelvo con una ciudad conocida y extraña en la que reconstruir lo cotidiano. Vuelvo con la inquietud del que debe asumir la derrota en la primera de las múltiples batallas que están por librar.

Vuelvo y volveré, una y mil veces. A caer y a resurgir. A borrar y a repintar. A ser niña y a crecer. Porque no hay en el mundo más fracaso que el propio descontento. Y en eso no voy a permitirme ni una licencia.

jueves, 8 de abril de 2010

Mentiras

El día que dijiste tu primera mentira, aunque pensaras por error que era piadosa, retaste a la honestidad. Pusiste en vilo aquella verdad infantil que se deslizaba por tu inocencia hasta tu inmadura boca de niño. Dijiste la primera mentira y, sin saberlo, te hiciste mayor de golpe. Porque el que más miente es el que tiene más conciencia de las consecuencias de la verdad. La experiencia es un grado siempre y en esto más. Creces y mientes para no herir, para no dar explicaciones, para salir de situaciones incómodas. La mayoría de veces dices que mientes sin mala intención, aunque la mentira sea ya por sí misma una intención oscura. Y aunque sabes que el remedio a la mentira es la verdad, en ocasiones la conviertes en el último recurso posible. ¿Por qué? Quizá porque inventarnos una vida sea más complaciente que vivir la nuestra tal y como es. O quizá porque la emoción a que nos pillen, aunque sea terriblemente angustiante, nos encanta. O porque simplemente somos unos mentirosos compulsivos sin razón y sin explicación que sólo desean algo de atención. Sea por lo que fuere, el primer día que dijimos una mentira nos condenamos a la inmadurez del adulto.

jueves, 1 de abril de 2010

Desmontando el universo

En este piso de Madrid solía haber un universo. Un pequeño cósmos en el que todas las cosas convivían en armonia. Era el lugar de descanso y de alboroto, un remanso de paz y un nido de caos. Volcán en erupción y dulce marea acunadora. Mi reflejo, mi destino. Llegar aquí era llegar a casa y suspirar, uff...por fin. En orden y en desorden ha sido el lugar que me ha visto crecer, seguramente aquí habré desarrollado la parte de mi personalidad que antes no conocía y que ahora lo ocupa todo. Aquí a resonado la mejor música, las mejores risas, las palabras más dulces y las más amargas. Aquí está mi vida, mi independencia, mi refugio nuclear contra miradas ajenas, la soledad entendida de la mejor manera. El sofá con la forma de mi cuerpo, el mueble lleno de pequeños tesoros que recuerdan a aventuras pasadas y memorables.

Ahora mi pequeño universo se traslada. Empaqueto cada planeta y cada estrella para llevármelos lejos de aquí. No sabemos todavía dónde nos instalaremos mi universo y yo. Ni siquiera si seguiremos siendo los mismos una vez lleguemos a nuestro destino. Lo único que sabemos con certeza es lo que dejaremos atrás. Y nos abruma a la vez que nos enorgullece.

Miro alrededor y empiezo a darme cuenta. Veo a todas esas personas que un día pasaron por aquí. Veo todas las veces que salí con una maleta y volví. Huelo la crema solar de los días de piscina. Huelo los experimentos culinarios que algún día salieron bien. Escucho el piar de los pájaros que se posan en la baranda de mi terraza combinado con la megafonía de la jefatura superior de policía. He sido tan afortunada durante los últimos 3 años que será difícil lograr algo parecido. Y aunque mi marcha debería ser para mejor, siento que el apego a este hogar es mayor del que creía. Siento que el apego a esta ciudad es mayor del que creía. Siento que el apego a esta gente es el que creía. Adoro cada esquina del camino que por fortuna me tocó recorrer aquí. Y ahora sé que lo echaré mucho, mucho, mucho, mucho de menos.

martes, 16 de marzo de 2010

Dulces sueños

A veces te miro cuando duermes y memorizo tu plácida expresión. Me quedo cerca de ti, custodiando tu vulnerable cuerpo abandonado a la inconsciencia. Siento que podría ser la protectora de tus sueños, la encargada de que conservaras ese estado de calma absoluta durante toda tu vida. Y me siento importante. Te acaricio dulcemente con mi mirada. Y pienso en la posibilidad de pasarme todas las horas de mi vida contemplándote sin decir nada, agudizando el oído para escuchar tu suave respiración, serena y relajante. Me hipnotizas. En ocasiones te susurro cosas que jamás sabrás, secretos que me gustaría contarte y que nunca diré. Pero tengo la esperanza de que mis palabras se escondan en tu subconsciente y provoquen que cualquier día te levantes feliz sin saber el motivo. Esa idea me hace sonreir.

domingo, 14 de marzo de 2010

ELLAS

Es domingo. La pasada fue una de esas noches que cuesta resumir. Hubo diversión, algún momento de emotividad, fue impredecible y algo impactante, fue de risas pero también de lágrimas. Sobre todo y ante todo fue una noche con ELLAS.

ELLAS, pícaras y preciosas, son parte del equipo que asfalta mi camino para hacerlo más cómodo. Son los faros del coche que conduzco por el sendero de la vida. Preciosos diamantes que nunca perderán su brillo. Luzco a su lado mi mejor sonrisa pero también mi cara más larga, mi discurso más loco y mi inquietante intimidad emocional. Son el punto de vista distinto, el prisma a través del cual me veo desde fuera, el espejo donde se reflejan todas mis virtudes y mis defectos. ELLAS me hacen ser mejor, me enseñan, me escuchan y me miman. Pero, sobre todo y ante todo me aceptan tal y como soy. Me conocen.

Las adoro más allá de la amistad y forman parte del exclusivo grupo de "amores de mi vida". Y a pesar de su idilica presencia en mi vida, no estamos exentas de enfados y malos entendidos que, por fortuna, han ayudado a conocernos mejor y a afianzar una relación ahora inquebrantable.

Si la vida fuera justa ellas deberían alcanzar todas sus metas. Y estoy segura de que algún día se verán recompensadas por todo aquello que hacen por mi, lo que me han regalado y lo que me regalarán en el futuro. No hay nada como verlas felices. Y deseo que lo sean.

miércoles, 10 de marzo de 2010

90 minutos

En 90 minutos caben muchas palabras. Palabras que forman frases de interpretación libre. Frases que crean conceptos que se repiten en función de su importancia. Conceptos de un discurso engalanado con silencios que le dan el toque de dramatismo a la conversación trascendente. Todo un entramado complejo de pensamiento, estructuración y dicción que cuanto más tiempo dura más enredado y disperso resulta.

Después de 90 minutos de improvisación verbal concilias sueño con desazón al darte cuenta de que bien entrada la noche no hay tiempo para la digestión de hora y media de novedades punzantes. Y te preguntas cómo llegaste a descubrir lo que no pretendías, cuando sólo habías planeado el primer minuto de la conversación antes de marcar ese teléfono. Sin las ideas demasiado claras buscabas un consuelo y te encontraste con la eterna duda envuelta en un sinfin de palabrería argumentada, bien sonante y poco clarividente. Es decir que escuchaste mucho de lo que no querías saber y poco de lo que realmente importa.

lunes, 8 de marzo de 2010

Quizá nunca

Nunca había tenido tanto miedo a hablar. Quizà porque nunca había tenido tanto miedo a perder. Es posible que nunca hubiera tenido tanto miedo a pedir. Ni siquiera había tenido tanto miedo a preguntar. Jamás tuve tanto miedo a enfadarme. Hasta podría asegurar que nunca tuve tanto miedo a ser honesta.

Me resulta extraño estar en el lado de la incertidumbre cuando siempre había sido yo la certera. Me resulta incomprensible estar en el lado de lo inexplicable cuando siempre había tenido el control sobre todo. Me resulta inquietante estar en el lado del más cuando siempre había dado menos.

Noveadad que aún no sé cómo encajar. Al principio con exigencia, después con resignación, más tarde con tranquilidad. Y al fin con......

sábado, 6 de marzo de 2010

Pipas sin cáscara

No me considero una persona emprendedora, ni siquiera aventurera. Nunca fui excesivamente inquieta. Al contrario. Recuerdo ser una niña tranquila, casi imperturbable. Quietecita, de buen comportar. Una delicia de cría que mis padres no dudaban en llevar a todas partes enorgulleciéndose cuando cualquer desconocido entonaba un "pero mira qué niños tan buenos" al vernos pasar de la mano a mi hermano y a mí. Tan desapercibidos que lográbamos llamar la atención. Con nuestro pelo rubio y nuestros ojos azules, carita de no haber roto un plato. Mientras por dentro forjábamos un imponente carácter, más yo que él, de construcción lenta.

Crecí y dejamos de ir de la mano a todas partes, no por gusto sino por obligación. Y la indignación me trastocó el conformismo. Y la injusticia me trastocó la vida como debía ser. Recuerdo los motivos pero no el momento en el que cargué las maletas en un avión escapando de una ciudad a la que estoy a punto de regresar. Recuerdo las peleas interiores. Recuerdo los primero días en Madrid. Sola, preguntándome por qué y respondiendo con firmeza "es lo que necesito". Luego empezaron las experiencias, las personas, las barbaridades, las alegrías, los cambios, las costumbres..... Cuatro años de, sobre todo, amistades que han logrado reeditarme.

Y ya es hora de volver a hacerlo. Me marcho en busca de una nueva edición de mí misma. Quizá aquella en la que durante un tiempo me vuelva a sentir a gusto. Sin saber cómo irán las cosas, sin saber si tomo el rumbo que me lleve, por fin, a donde quiero estar. Quizá mi vida sea básicamente un cambio de opinión constante. Y de ahí que parezca una persona valiente, capaz de generarse riesgos en momentos de tranquilidad. Nunca supe hacia dónde iba pero siempre supe qué quería conseguir. A veces hice lo de debía hacer y otras lo que quería hacer. Y a pesar del miedo, soy adicta a esa sensación de libertad que produce el ser capaz de tomar tus prpias decisiones.

lunes, 22 de febrero de 2010

Retrospectiva

Caparazón y hacia adentro. Miro y remiro. Paso lista. Están todos. La incertidumbre, el temor, la mordaza, el silencio. No fallan. Siempre ahí. A veces quietecitos y calladitos, atendiendo a un orden inaudito. Otras, la mayoría, revoltosos e insoportables.

Llueve fuera. Cualquier cosa va a irritarme hoy, hasta el dulce sonido de las gotas metalizando los charcos. Tengo el testigo del airbag apagado ¿dolerá esto? Dará de más cuanto menos importe. Pero la rozadura va a derivar en cientos de minutos de imaginativa percepción de lo real. Que sólo será entendible a los ojos del soñador. Y en mitad de mi despechado sermón al mundo, deduzco que deliro. Porque es más fácil exagerar el dramatismo que enfrentarse a él. Soy imperfección pura. Frondosa, herméticamente violenta. Ficción en estado denso.

Y me voy a dormir, para acabar con el descenso de los rápidos del entendimiento. Comunicativa o no, al final siempre me cuesta entender.

domingo, 14 de febrero de 2010

Regalo

A veces tengo la enorme necesidad de hacerte el mejor regalo del mundo. Y me pregunto ¿qué podría entregarte? Me pregunto ¿qué podría darte que estuviera a la altura de lo que tú me das? Paso cientos de maravillosos minutos al día pensando en ello. En lo que daría por ver la felicidad en tus ojos, la ilusión en tu cara, la emoción en tus gestos. Se me va la vida en ello, vida que vuelve cuando me dices que soy todo lo que puedes desear. Suspiro. Lo hago con dulce desespero, como si quisiera hacer salir todas esas mariposas que revolotean dentro llenándome de palpitante nerviosismo. Suspiro otra vez. Es mi único idioma. El que puede llegar a decir lo que no tiene palabra. El que desvela, descifra, desmiente, desata. El que innunda los pulmones, llenándolos hasta el límite y los vacía, los encoge, los desnutre durante unos segundos, los hace sufrir para en milésimas volver a llenarlos de vida. El placer de la tortura. El juego del todo o nada, mediado por la locura. Un regalo para los sentidos. Te despierta, te aviva, te asoma al valor de las pequeñas cosas. Y sigo pensando ¿qué podría regalarte que se compare a lo que me regalas tú a mi?

jueves, 28 de enero de 2010

Frío

Nunca me había pasado antes pero últimamente siento que cuanto más conozco a una persona más la desconozco. Es una sensación extraña que sobrepasa mis límites del entendimiento. Se suponía que a medida que fuera haciéndome mayor iba a ir comprendiendo con más facilidad lo incierto. Siempre pensé que acabaría por enterarme del sentido de las cosas de mayores. Tenía que haber una explicación para tanta complejidad y, sin embargo, sigo sin entender nada. Lo que iba a pasar, al menos así lo veía yo, era que la experiencia se convertiría en mi aliada en este devenir. Pero algo no me cuadra. Convencida como estaba de que el saber era avance, el avance madurez y la madurez una meta alcanzable, tarde o temprano, creo que perdí alguna pieza del puzzle por el camino. Ahora mis dudas, por si no fueran pocas, generan más dudas aún en vez de algunas certezas. Y pese a que no pierdo el sentimiento que un día dejé macerar, tampoco siento estar ganando. Es como si las dos balanzas llevaran el mismo peso y yo estuviera suspendida en medio. Lo más curioso de todo es que siento que no soy yo la que coloca los pesos que igualan mis niveles. Y al final, sólo siento frío.

jueves, 21 de enero de 2010

Al fin, llegaste a casa

Serenas y transparentes saludan las olas al paso de los deseos furtivos. Cada pensamiento descamado enciende una lucecita que despeja de la sombra el camino que estás a punto de recorrer. Te alejas y eres libre. Sientes el abandono de la gravedad y te envuelven pequeños papeles de colores que flotan a tu son. De tu puño y letra llevan mensajes escritos. Ilusiones, anhelos, propósitos, sentimientos. Una larga vida de sueños que nunca cumpliste. Y a pesar de lo decepcionante que pudiera resultar dar de frente con lo inalcanzado, esta noche te sientes completo. Porque todos aquellos papeles impregnados de tinta no son más que minucias al lado de lo que está por llegar. Estás a punto de verlo en el horizonte de este mar sin fin que se presenta ante tus ojos como una visión de la perfecta hermosura. Y te emocionará, y te aliviará, y te hará resucitar si es necesario. Porque es todos los deseos en uno solo. Porque estás a punto de vivir la mejor época de tu vida. Porque, aunque no haya habido espera, ya que las mejores cosas ocurren sin esperarlo, el tiempo que ha transcurrido hasta el ahora ha valido la pena vivirlo sólo por haber llegado a ser la persona que merece que le pasen cosas increíbles.

Increíble es lo que va a ocurrirte, lo sabe la lagrima que humedece tu mejilla dando la bienvenida al nuevo inicio. Lo sabe tu corazón palpitando frenéticamente. Son esas sensaciones indescriptibles las que te avisan de que ha llegado. Y no lo supiste pero lo sabrás cuando ya no exista nada más. Siempre te lo dijeron y nunca lo creíste. Pero, al fin, llegaste a casa.

lunes, 18 de enero de 2010

El hombre de las mil melodías

El hombre de las mil melodías es un ser todavía desconocido para mí y, sin embargo, se convirtió por unas horas en el espejo frente al que verme con total claridad. Es el centro de la atención del resto. Explota cierto aire de seductor misterioso que pronto acierta a desmentir. Todavida no sé si es un galán o un romántico empedernido, pero se pincela con un toque de rompecorazones.

Al escucharle hablar es inevitable fijarse en su transparencia. Desparrama sus profundidades frente a una copa entre amigos. Su discurso es como un canto de sirena que te envuelve y te convence. Se basta de sus propias experiencias para darle el realismo que deben tener los sentimientos más inquietantes. Se pierde en un discurso que nunca acabaría y que, aún repitiendo las mismas ideas básicas, podría llegar a explicar con distintas argumentaciones. Es inaquieto, disparatado, reflexivo y caótico. Fuerte por obligación. Huye de la madurez que un prematuro día le tocó asumir, para buscar esa inmadura ingenuidad que da alas a su sentimiento de inconformidad con el mundo.

El hombre de las mil melodías deja derretir sus palabras en los oídos de los demás mientras su diálogo acaba siendo de él con sus própios sentimientos. Del interior al exterior. De lo más adentro escupe las palabras que le hacen valiente y vulnerable a la vez. Se le puede escuchar hablar de aprovechar cada instante, de no dejar pasar las oportunidades y de vivir como si el mañana no fuera a convertirse en ayer.

Es un fiel defensor de las emociones que se agarran al estómago, como parásitos de sinrazón. Sentimientos que se acaban ocultando bajo un obligado manto racional y que terminarán por abrirse paso. Decepción, tristeza, dolor. Chispas de un fuego que arderá tarde o temprano y se convertirá en el detonante de todos los radicalismos. Disparatada agonía. Sólo es útil la lucha cuando vale la pena andar el camino hacia la batalla. Así es él, natural y diverso. Como un frondoso bosque cuyas raíces surcan las profundidades terrestres y se entrelazan para formar un todo lleno de complejas conexiones vitales.

Así es como le he visto y así es como me gustaría conocerle. Y el día que nos crucemos de cualquier forma imprevista le daré las gracias por haberme regalado una ficticia melodía sobre la que escribir una nueva página de mejorquebien.

sábado, 16 de enero de 2010

El instinto de autodefensa

Nunca fui precoz pero siempre me ha costado esperar. Sobre todo en los últimos años, me impacienta la madre de la ciencia. He acelerando los acontecimientos para vivirlos cuanto antes. Conectando la espera con la pérdida de tiempo.

Recurro al tópico para describir una realidad que a medida que pasan los años se hace más evidente. La vida es muy corta. Sí, cuántas veces se habrá escrito y se habrá dicho esta frase. Millones. Y, sin embargo, todavía hoy parece que no asimilamos que no somos eternos. Vivimos como si esperáramos que mañana fuera el primer día del resto de nuestra vida. Pero no es así. No hay un día en el que la vida empieza a ser emocionante. Sólo existe la voluntad de aprovechar lo que ha de venir para convertirlo en algo que nos llene. Sólo existimos nosotros y nuestra forma de enfrentarnos a los acontecimientos. Casualidad o no, las cosas que nos pasan forman parte de un complot organizado para hacernos evolucionar. Quedarse quieto, envuelto en una capa protectora, dejándo que ocurran cosas alrededor sin que lleguen a rozarnos, quizá sea la opción más fácil, pero nunca aprenderemos que detrás de una ruina viene una reconstrucción de algo mejor.

Es así. Y a veces tengo que decirlo en voz alta. Porque yo, como todos, nunca perderé el instinto de autodefensa.

viernes, 15 de enero de 2010

Bendita locura

Hoy me siento enérgica, espléndida. Y no es por el día gris, la semana eterna, la facilidad con la que las cosas empeoran. Quizá sea por las palabras gratas de personas casi desconocidas, por los reencuentros, por las familiaridades entre tanto desarraigado. Sí, hoy me siento enérgica. Resplandeciente y llena de optimismo. A ver cuanto dura, pensaréis. Os entiendo, yo también tuve la tentación de planteármelo. Pero no, no le voy a poner límite al bienestar. Y si termina, volveré a buscarlo. Porque ¿qué hay más aburrido que la monotonía?, aunque sea buena ¿Qué hay más aburrido que el estado emocional lineal? ¿Qué hay más aburrido que no tener en qué pensar? Son preguntas retóricas, sin duda.

Y aunque muchos me tomarán por loca dadas las montañas rusas con las que engalano *mejorquebien, si la locura es esto, bendita locura.

miércoles, 13 de enero de 2010

Un nuevo cambio

Hoy es el primer día de un nuevo cambio y el último de un cambio anterior. Hoy apago las luces de aquella manera nostálgica en que lo hacen los protagonistas de las películas dramáticas. Miro por última vez el lugar iluminado mientras mi mano se acerca lentamente al interruptor y con un profundo gesto de tristeza hago oscurecer lo que, luego, dejaré atrás.

Así es la vida, dicen. Lo bueno acaba y lo malo siempre está acechando. Como fiera hambrienta, como el día de lluvia que anuncian desde hace tiempo y te pilla sin paraguas. Porque no escuchas, porque no ves. Porque tienes diseñado el esquema de la vida tal y como debe ser. No es lo que tienes, es lo que estás dispuesto a conseguir. No se trata de que sea suficiente, se trata de que sea más de lo que podrías imaginar. Y te alejas con pasos cortos, tanto que si lo fueran más estarías parado en aquel rincón de aquel mundo que un día creíste perfecto.

Sabes que te irás y estarás mejor. Pero de alguna manera imperceptible las fuerzas del mejor tiempo vivido te atraen hacia la oscuridad que antes era luz. Y por empeño, por orgullo, por convicción, volverás a aquel lugar y encenderás las luces. Al fin y al cabo, huir, hasta ahora, no te ha servido de mucho.

domingo, 10 de enero de 2010

La noche

Es la noche del despliegue polar. Donde nada tiene su lugar habitual. Suben, bajan, volatilizan la ciudad. Los sueños, las risas, las promesas sin verdad. Invenciones de una vida ficticia. Cuentos locos de una felicidad sin medida. Seres bidimensionales. Postres de la comida que nunca sació. Es el cierre de la etapa más profunda. El despegue del momento superficial. Inquietante serenidad, pose indiferente, visión cenital. Ya no hay pausas ni reflexiones, hay velocidad y sonrisa vacía. No hay honestidad, ni claridad. Hay juego y perversión. Es la noche del despliegue polar.

jueves, 7 de enero de 2010

Quiero ser

No quiero ser tópica y, sin embargo, repito las expresiones que usa todo el mundo.
No quiero ser previsible y, sin embargo, en mi mente no hay más que lo mismo de siempre.
No quiero ser adorable y, sin embargo, me achuchan como si lo fuera.
No quiero ser increible y, sin embargo, me miran como si no me creyeran.
No quiero ser sociable y, sin embargo, hablo demasiado.
No quiero ser emotiva y, sin embargo, lloro cuando me pinzan el alma.
No queiro ser soñadora y, sin embargo, construyo mundos de algodón de azúcar.
No quiero ser única y, sin embargo, me siento distinta a cualqueira.
No quiero ser imperfecta y, sin embargo, causo dolor y sufrimiento.
No quiero ser musical y, sin embargo, cada neurona de mi cerebro es melodía.
No queiro ser quien no soy y, sin embargo, ya no sé ni quien soy.