miércoles, 16 de diciembre de 2009

La puerta de atrás del mundo

Creo que le he encontrado la puerta de atrás al mundo. Fue sin querer. Estaba apoyada en la pared de la tierra cuando, de golpe y sin esperarlo, algo detrás de mí se desencajó. Giré mi cabeza con indecisión, pensando que alguien me estaba gastando una broma y que lo que me parecía que había pasado no había ocurrido en realidad. Todo mi cuerpo experimentó una tensión sin precedentes, muy parecida a la que se siente en el preciso momento en que alguien sale de su escondite y te da un susto de muerte. La intriga, como suele ocurrirme siempre, era el carburante de mi curiosidad. Y no había forma de salir corriendo huyendo de lo desconocido.

Cuando mi vista logró enfocar la situación, unos tenues destellos se colaban por cuatro rendijas que formaban un rectángulo vertical. Era raro, sí. Pero absolutamente seductor, por otra parte. Apoyé mi mano con cuidado y el interior del rectángulo se desmoronó. Sin moverme miré hacia ambos lados como si hubiera cometido una indiscreción. Nadie miraba. Esbocé una leve sonrisa de quien no ha roto un plato y en realidad a destrozado una docena. Malvada picardía. Sólo podía pensar en una cosa ¿qué habría detrás del mundo?

Medité durante unos breves segundos. Ojalá detrás del mundo haya cosas inimaginables para la mente humana, pensé. Ojalá existan sentimientos más placenteros que el mayor de los placeres. Ojalá exista felicidad absoluta, risa sinfín, bondad y pasión a borbotones. Ojalá la gente no esté predestinada a salir de un lío para meterse en otro. Ojalá....Y entre ojalases me perdí. Me había quedado absorta frente al agujero en forma de puerta que se abría ante a mí. Absorta en mis deseos y mis complicadas conexiones cerebrales. Absorta en mi limitado conocimiento de las cosas. Absorta en mí.

Un ruido atrajo mi mirada y dejé de custodiar la puerta trasera del mundo por unos momentos. Al reincorporar mi atención, la puerta de escape había desaparecido. Allí me quedé, de pié, decepcionada por haber perdido la oportunidad de descubrir algo diferente. Sabiendo que mi vida después de aquel descubrimiento incompleto nunca volvería a ser la misma. Intuyendo que las cosas pasan por alguna razón, aunque sea sólo la de hacernos reaccionar hacia una dirección determinada. Las moralejas están a la vuelta de la esquina. Y los sueños, los sueños en todas partes.

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