viernes, 11 de diciembre de 2009

Imaginarios de aspecto real

Reconozco tener una desbordante imaginación. Y no es porque sueñe despierta, que a veces lo hago. No es porque me invente mundos de fantasía, que a veces lo hago. No es porque esté todo el día meditando sobre fábulas de discutible fundamento racional, que a veces lo hago.
Lo hago a veces y a veces me riño por hacerlo. Porque el cuerdo es el que más sufre en el mundo de los locos. Y el loco el que más sufre en el mundo de los cuerdos.


En ocasiones se me desdibujan las lineas de tiza que marcan el fin de lo racional y el comienzo de la imaginación. Es como si un ente desconocido pasara su mano por encima de mi pizarra, donde se organiza mi mundo, y arrastrara el blanco por toda la superficie. Cuando eso ocurre pierdo las referencias y me desespero en el intento de descifrar lo que es real y lo que no. Lo que está sucediendo de verdad de lo que sólo ocurre en mi mente. Y me encuantro buscando la complicidad del que puede devolverme con suavidad al inicio de todo.


Despierto del sueño justo antes de precipitarme al vacío. Siempre es igual. Voy leyendo en voz alta las advertencias que se me aparecen en forma de señales luminosas. Están ahí, soy capaz de verlas y, sin embargo, hago caso omiso. Estoy por encima de las limitaciones, por encima del miedo y de los destrozos. Averías que se acumulan tras cientos de pasos erróneos.
Ya son demasiados descensos y demasiadas escaladas. Tantas veces hice el mismo camino que por la ladera de la montaña empieza a formarse una senda más o menos cómoda de seguir. Algunas veces interrumpida por desprendimientos imprevistos que me hacen retroceder o inclusio empezar de cero. Cada vez más cansada, cada vez más desganada, cada vez más escéptica.

Quizá mi destino sea, al fin y al cabo, no llegar nunca a la cumbre. A lo mejor mi cometido consista en desprender mi fantasía a lo largo de la escalada para que vayan brotando las semillas que se convertirán en los árboles que frenarán los desprendimientos. Y así volver a encarar el camino con otra mirada, con más optimismo, motivada por la idea de que esta vez será distinto. De que cada nueva vez será distinta. Porque, quizá, esta vez lluevan razones de peso. Porque, quizá ahora conseguir lo que uno quiera sea tan fácil como desearlo. Porque, quizá, alguien encuentre en mi imaginación una razón para dejar volar la suya.

1 comentario:

Hippeis dijo...

Me recuerda al mito de Sísifo...