lunes, 28 de diciembre de 2009

Giros argumentales

Llevo días dándole vueltas a la cabeza. Ideando secuencias de una película que podría ser la vida que elegí. Escenas que representan aquello que se supone que llevo esperando toda mi existencia. Las cosas que deseaba, las vivencias que siempre quise experimentar, las personas que soñé conocer. Sucede en mi mente y sucede en la realidad, sólo que con matices algo diferentes. En mi imaginación soy feliz, en la realidad quiero y deseo serlo, pero no estoy segura de si es un fin alacanzable o una cabezonería. En mi imaginación el centro de la atención que quiero atender soy yo, en la realidad cuesta creer que el centro de la atención que quiero atender sea yo. En mi imaginación las palabras están al mismo nivel que los gestos, en la realidad el silencio retumba cuanto más inútil es.
Y en mitad de los pensamientos aparecen giros argumentales que cambian la película. La historia se altera y el mundo, que dejó de girar por ti, vuelve a hacerlo gracias al empeño de querer encontrar lo que es inalcanzable. Quizá haya apostado de nuevo para perder. Pero mi valor sigue en alza.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

La puerta de atrás del mundo

Creo que le he encontrado la puerta de atrás al mundo. Fue sin querer. Estaba apoyada en la pared de la tierra cuando, de golpe y sin esperarlo, algo detrás de mí se desencajó. Giré mi cabeza con indecisión, pensando que alguien me estaba gastando una broma y que lo que me parecía que había pasado no había ocurrido en realidad. Todo mi cuerpo experimentó una tensión sin precedentes, muy parecida a la que se siente en el preciso momento en que alguien sale de su escondite y te da un susto de muerte. La intriga, como suele ocurrirme siempre, era el carburante de mi curiosidad. Y no había forma de salir corriendo huyendo de lo desconocido.

Cuando mi vista logró enfocar la situación, unos tenues destellos se colaban por cuatro rendijas que formaban un rectángulo vertical. Era raro, sí. Pero absolutamente seductor, por otra parte. Apoyé mi mano con cuidado y el interior del rectángulo se desmoronó. Sin moverme miré hacia ambos lados como si hubiera cometido una indiscreción. Nadie miraba. Esbocé una leve sonrisa de quien no ha roto un plato y en realidad a destrozado una docena. Malvada picardía. Sólo podía pensar en una cosa ¿qué habría detrás del mundo?

Medité durante unos breves segundos. Ojalá detrás del mundo haya cosas inimaginables para la mente humana, pensé. Ojalá existan sentimientos más placenteros que el mayor de los placeres. Ojalá exista felicidad absoluta, risa sinfín, bondad y pasión a borbotones. Ojalá la gente no esté predestinada a salir de un lío para meterse en otro. Ojalá....Y entre ojalases me perdí. Me había quedado absorta frente al agujero en forma de puerta que se abría ante a mí. Absorta en mis deseos y mis complicadas conexiones cerebrales. Absorta en mi limitado conocimiento de las cosas. Absorta en mí.

Un ruido atrajo mi mirada y dejé de custodiar la puerta trasera del mundo por unos momentos. Al reincorporar mi atención, la puerta de escape había desaparecido. Allí me quedé, de pié, decepcionada por haber perdido la oportunidad de descubrir algo diferente. Sabiendo que mi vida después de aquel descubrimiento incompleto nunca volvería a ser la misma. Intuyendo que las cosas pasan por alguna razón, aunque sea sólo la de hacernos reaccionar hacia una dirección determinada. Las moralejas están a la vuelta de la esquina. Y los sueños, los sueños en todas partes.

martes, 15 de diciembre de 2009

Dias únicos

Mientras saboreaba una piruleta de fresa ácida en forma de corazón pensaba, esta tarde, en la felicidad. Notaba como mis labios pegajosos se pringaban del dulzor de aquel caramelo que, intuía, dejaba un rastro rojizo en mi lengua. Sigo disfrutando de las sensaciones infantiles, lo noto en mi mirada pícara cuando siento la emoción de un instante singular. Es el valor de las pequeñas cosas. Ese contacto fugaz con la piel de un ser especial y el mundo que no para de girar sobre tu eje, como si todos menos tú hubieran subido al tiovivo. Una mirada de deseo y del suelo inerte empiezan a brotar flores de colores vivos, árboles incluso, vida que engalana el paralizante placer. Te sube por los dedos de los pies como una raíz que te va atrapando y termina explotando en tu boca en forma de carcajada incontenible. Es el mareo de la alegría. Perder fuelle, dejarse caer sabiendo que una nube de azúcar te recogerá.

Notarás que ha llegado cuando dejes de pensar en ello. Si lo buscas escapará de tu alcance. Si lo olvidas volverá a ti de maneras imprevisibles. Es el sentido del sinsentido. Si esperas no llega. Si llega no esperes. Sonarán los tambores anunciando el gran evento popular. La nieve caerá sobre tu mágica parcela de felicidad. Sentirás lo mejor del verano, de la primavera, del otoño y del invierno. Bocanadas de calido aire refrescante invadirán tus rincones. Y entrará la luz. Saldrá el sol y brillará la luna. De nada valdrá tratar de explicarlo, porque está hecho para sentirlo.

Y terminaba mi sabroso caramelo recuperando las capturas de mi antigua felicidad y preparando el objetivo para las nuevas formas de experimentarla. Porque malos días hay muchos, pero buenos, de esos hay tan pocos que de pocos son únicos. ¡Disfruta!

sábado, 12 de diciembre de 2009

Seguiremos siendo valientes

Son pocas las personas que te cambian la vida. Y aún son menos las que saben que lo han hecho. Es complicado hablar de sentimientos cuando son los própios, y demasiado fácil hacerlo cuando se trata de los de otros. Llegamos a ser los mejores consejeros para los demás y pésimos analizadores de nuestro devenir. Y no es por la subjetividad, no es porque nuestro caso sea diferente, es por miedo. El miedo nos ata, nos amordaza, nos ciega y nos limita. El miedo nos paraliza, nos enfría, nos encierra y nos desmorona.

Miedo a ganar para luego perder. Miedo a convertirnos en poseedores de todo para ser despojados después. Miedo a quedar en rídiculo, a que vean desde fuera al tonto que sabes que llevas dentro. Miedo a desarticular las palabras, a no ser entendido, a empeorar las circumstancias. Miedo al rechazo y a la aceptación.

Es la fuerza de una decisión la que puede derrumbar ese muro de miedo que se construye de forma instantánea. Sólo hay que saber si estamos preparados para enfrentarnos a lo que pueda haber escondido destrás. Si tenemos voluntad, agallas y fortaleza suficiente lograremos derribar el muro. Pero ese sólo será el primer paso, luego hay que seguir luchando por no retroceder.

Complicado resulta hallar la seguridad y el espíritu suficiente como para encararse al miedo. Muchas veces son otras personas las que nos regalan esa fuerza necesaria y nos empujan sin darnos cuenta a mirar más allá de los muros que delimitan nuestra agilidad emocional. Son ellas las que nos regalan un horizonte más optimista y ellas las que provocan el punto de inflexión.
Por ellas, por las personas que cambian nuestras vidas, seguiremos siendo valientes.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Imaginarios de aspecto real

Reconozco tener una desbordante imaginación. Y no es porque sueñe despierta, que a veces lo hago. No es porque me invente mundos de fantasía, que a veces lo hago. No es porque esté todo el día meditando sobre fábulas de discutible fundamento racional, que a veces lo hago.
Lo hago a veces y a veces me riño por hacerlo. Porque el cuerdo es el que más sufre en el mundo de los locos. Y el loco el que más sufre en el mundo de los cuerdos.


En ocasiones se me desdibujan las lineas de tiza que marcan el fin de lo racional y el comienzo de la imaginación. Es como si un ente desconocido pasara su mano por encima de mi pizarra, donde se organiza mi mundo, y arrastrara el blanco por toda la superficie. Cuando eso ocurre pierdo las referencias y me desespero en el intento de descifrar lo que es real y lo que no. Lo que está sucediendo de verdad de lo que sólo ocurre en mi mente. Y me encuantro buscando la complicidad del que puede devolverme con suavidad al inicio de todo.


Despierto del sueño justo antes de precipitarme al vacío. Siempre es igual. Voy leyendo en voz alta las advertencias que se me aparecen en forma de señales luminosas. Están ahí, soy capaz de verlas y, sin embargo, hago caso omiso. Estoy por encima de las limitaciones, por encima del miedo y de los destrozos. Averías que se acumulan tras cientos de pasos erróneos.
Ya son demasiados descensos y demasiadas escaladas. Tantas veces hice el mismo camino que por la ladera de la montaña empieza a formarse una senda más o menos cómoda de seguir. Algunas veces interrumpida por desprendimientos imprevistos que me hacen retroceder o inclusio empezar de cero. Cada vez más cansada, cada vez más desganada, cada vez más escéptica.

Quizá mi destino sea, al fin y al cabo, no llegar nunca a la cumbre. A lo mejor mi cometido consista en desprender mi fantasía a lo largo de la escalada para que vayan brotando las semillas que se convertirán en los árboles que frenarán los desprendimientos. Y así volver a encarar el camino con otra mirada, con más optimismo, motivada por la idea de que esta vez será distinto. De que cada nueva vez será distinta. Porque, quizá, esta vez lluevan razones de peso. Porque, quizá ahora conseguir lo que uno quiera sea tan fácil como desearlo. Porque, quizá, alguien encuentre en mi imaginación una razón para dejar volar la suya.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Magia

La magia no se ve, se siente.

Magia es creer que puede existir algo tan increíble y fuera de nuestro control que logre desencajar todos nuestros esquemas. Magia es brillo en los ojos, sonrisa permanente y emoción, mucha emoción. Nervios, inquietud, desesperación. Magia es aspirar a la belleza absoluta de las cosas menos bellas. Desear conocer lo que nunca conoceremos. Anhelar ser exploradores de lo inexplicable, no por darle explicación si no por el mero gozo de experimentar el maravilloso caos que nunca llegará a ser orden.

La magia viene y va. Como la moneda en las manos del mago, nunca sabes donde terminará. En el bolsillo de cualquier espectador escogido al azar, en la nariz de una niña o dentro de un bote heméticamente cerrado. Magia es improvisación cuidada al detalle. Magia es no tener ni idea. Magia es una flor, un suspiro, una palabra. Magia es un instante bien encontrado. Magia es aspirar a cambiar el mundo de otra persona. Magia es ilusión, fugacidad, instante.

Magia son las maracas de la vida que retumban a cada empujón de voluntad. Magia es el golpe que resolverá la duda. Magia es regalar tus triunfos a los demás. Magia es vivir sabiendo que será la última vez que vivas. Magia es ser lo que quieres ser para los demás y lo que los demás son para ti. Magia son las segundas o terceras o cuartas oportunidades. Magia es amor sin condiciones cuando la única condición es amar.

Magia es todo y, sin embargo, se convierte en nada cuando alguien no sabe qué es magia.