jueves, 1 de octubre de 2009

El otoño

El cielo de Madrid lleva unos días oscuro y casi ni me dí cuenta. Fue una gota de lluvia impactando contra el cristal de mis gafas la que trajo la buenanueva. Había llegado el otoño, con sus días grises, sus danzas aireadas, sus hojas desramadas, sus ermitaños hogareños y sus melancólicas ventanas que proyectan el calor del interior hacia el frío y disgustoso exterior.

Aquella gota logró entrecortar mi respiración. Demasiado veloz había pasado el verano, los días de luz sinfin, el abrasante sol provocando el efecto humeante en las calzadas, las terracitas hasta las tantas, los tirantes, las faldas cortas, el vestirse con cualquier cosa. La facilidad de vivir al aire libre el mayor tiempo posible, se esfumó. Sólo quedan los restos de un bronceado que ya no lo es tanto, para recordar que un día sonreías frente al mar con la mente en blanco. Parece un espejismo lejano. La tranquilidad. Ahora son todo prisas, coches, gente malhumorada.

Todos han vuelto a la gran ciudad y se nota. Lejos quedan aquellas noches desiertas conduciendo por enormes avenidas vacías. Y, habiendo sido hace tan poco, es como si aquello nunca hubiera pasado. Empieza de nuevo el bucle. Otra vez en el mismo punto. Borrón y cuenta nueva. Lo que fue un deseado futuro, ahora es un anhelado pasado. Como siempre, como en todo.

2 comentarios:

Hippeis dijo...

Piticlis de otoño... La vuelta al cole, pero sin cole ni patio ni na'.

Quiero otra noche cervecera o una tarde marujil...

A ver si hablo con Ro que me tiene preocupada.

... dijo...

"tal vez fuiste mia un verano"...

Buena bienvenida al otoño leyendo tu articulo!!