domingo, 20 de septiembre de 2009

Razones vacías

Creyéndome lista, fui la más tonta. Creyéndome fuerte, fui la más débil. Creyéndome eterna, fui la más fugaz. Creyéndome auténtica, no fui yo.

No hace mucho pisé con firmeza terreno pantanoso. Yo misma había vendado mis ojos con un pañuelo, cerciorándome de que mi visión era nula. Había calzado las botas más pesadas. Y me había tatuado en el lado izquierdo la palabra "amor", a modo de recordatorio. Disfrazada me adentré en una aventura que, ahora, no me explico. Las ansias de querer "vivir la vida con intensidad" me condujeron hasta la casita de chocolate de la Bruja Piruja. Pudiendo haber pasado de largo y conociendo los peligros que me acechaban, dí un mordisco al buzón hecho de m&ms y ya no pude parar. El mundo se reducía al satisfactorio sabor de aquel exquisito manjar. No había más. Ni caminos por los que huir, ni personas a las que acudir, ni razones por las que escapar. Mi mente y mi cuerpo estaban anulados por el embriagador perfume de aquel lugar. Si alguna vez presumí de norte, allí lo perdí. Y mi "amor" palpitaba, tan fuerte que no me dejaba escuchar las voces que, a lo lejos, me gritaban "sal, sal de ahí, vuelve".

Así estuve saciando mi gula durante un tiempo, embrujada por el encanto de aquella suculenta casita. Hasta que un día algo sacudió mi cuerpo. Un escalofrío de conciencia, quizá. Suficientemente intenso como para mirar a mi alrededor y empezar a buscar las razones por las cuales estaba allí. ¿Qué quería la Bruja Piruja de mí? ¿Por qué debía quedarme? ¿En qué momento perdí la conciencia, los principios, las riendas? ¿Por qué motivo debía dejar todo y a todos por quedarme en aquel lugar?

Aquellas preguntas me inquietaban, pero estaba tan entregada a mi perdición que cualquier excusa con fundamento hubiera valido para convencerme. Y sin embargo, poniéndolo tan fácil, sólo hallé razones vacías. Y me marché. Con el tiempo olvidé el sabor del exquisito chocolate derritiéndose en mi boca. Con el tiempo se borró el "amor" tatuado a la izquierda de mi pecho. Con el tiempo, sólo quedan las razones absurdas y carentes de contenido, con las que un día quisieron comprar mi ingenuidad.

Con el tiempo, todo se ve distinto.

1 comentario:

AC dijo...

No me canso de leer tus comentarios...