viernes, 25 de septiembre de 2009

Un no sé qué

A veces hay sensaciones difíciles de definir. Cosquilleos indescriptibles que se te agarran al estómago de repente. Un "no sé qué" lleno de diversión, esperanza, ilusión y alegría. Algo que se delata en una sonrisa espontánea, una luz distinta en tus ojos, un derroche de simpatía y buen humor. Y lo de siempre parece único.

Tienes una nueva oportunidad para sentir el orden dentro del caos. Volver a ser un superser con los sentidos agudizados. Sensible a la belleza. La persona que querrías conocer en ti. Lejos de malos humores, caracteres rancios, muecas serias. Abierta a mirar con curiosidad alrededor, a todas aquellas pequeñas historias que se te pasan por la cabeza cuando te cruzas con cualquier desconocido. Eres lo que no sabes ser por ti mismo. Y te encanta. Porque alguien de fuera ha logrado desarmar tu mundo de parámetros demasiado conocidos. Ha atado varias cuerdas y lo mueve como una marioneta. Se lo lleva de aventuras, a lugares desconocidos en los que te sientes extrañamente cómodo. Y sientes, por fin, que podrías llegar a ser feliz.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Razones vacías

Creyéndome lista, fui la más tonta. Creyéndome fuerte, fui la más débil. Creyéndome eterna, fui la más fugaz. Creyéndome auténtica, no fui yo.

No hace mucho pisé con firmeza terreno pantanoso. Yo misma había vendado mis ojos con un pañuelo, cerciorándome de que mi visión era nula. Había calzado las botas más pesadas. Y me había tatuado en el lado izquierdo la palabra "amor", a modo de recordatorio. Disfrazada me adentré en una aventura que, ahora, no me explico. Las ansias de querer "vivir la vida con intensidad" me condujeron hasta la casita de chocolate de la Bruja Piruja. Pudiendo haber pasado de largo y conociendo los peligros que me acechaban, dí un mordisco al buzón hecho de m&ms y ya no pude parar. El mundo se reducía al satisfactorio sabor de aquel exquisito manjar. No había más. Ni caminos por los que huir, ni personas a las que acudir, ni razones por las que escapar. Mi mente y mi cuerpo estaban anulados por el embriagador perfume de aquel lugar. Si alguna vez presumí de norte, allí lo perdí. Y mi "amor" palpitaba, tan fuerte que no me dejaba escuchar las voces que, a lo lejos, me gritaban "sal, sal de ahí, vuelve".

Así estuve saciando mi gula durante un tiempo, embrujada por el encanto de aquella suculenta casita. Hasta que un día algo sacudió mi cuerpo. Un escalofrío de conciencia, quizá. Suficientemente intenso como para mirar a mi alrededor y empezar a buscar las razones por las cuales estaba allí. ¿Qué quería la Bruja Piruja de mí? ¿Por qué debía quedarme? ¿En qué momento perdí la conciencia, los principios, las riendas? ¿Por qué motivo debía dejar todo y a todos por quedarme en aquel lugar?

Aquellas preguntas me inquietaban, pero estaba tan entregada a mi perdición que cualquier excusa con fundamento hubiera valido para convencerme. Y sin embargo, poniéndolo tan fácil, sólo hallé razones vacías. Y me marché. Con el tiempo olvidé el sabor del exquisito chocolate derritiéndose en mi boca. Con el tiempo se borró el "amor" tatuado a la izquierda de mi pecho. Con el tiempo, sólo quedan las razones absurdas y carentes de contenido, con las que un día quisieron comprar mi ingenuidad.

Con el tiempo, todo se ve distinto.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El Salmón

"Siempre seguí la misma dirección, la difícil, la que usa el Salmón".
Andrés Calamaro cinceló esta frase en mi subconsciente allá por el año 2000. En aquel entonces era una tierna jovencita de firmes ideales, convencida de que sólo existia un amor, sólo una relación, sólo una persona. Desentendida de lo real, en mi cabeza el mundo cabía en un círculo reducido de familiares y amigos. Un minimundo metido en una minicabeza poco dada a la transgresión.

Y embutida en la vida tal y como debía ser, me aferré a la única ventana que me dejaba mirar hacia el exterior. Hacia los sentimientos rotos, las caídas vertiginosas y la profundidad emocional. El maestro (AC) acariciaba mis sentidos con letras incisivas, ajenas a mi que, sin embargo, me absorvían, me atrapaban, como si premeditaran un futuro encajado a la perfección en aquellas historias de amor rechazado, amor ensalzado, amor pasional, amor irracional, amor desgarrador.

Ya no recuerdo cuando empecé a nadar contracorriente. Pero lo hice y sigo haciéndolo. Nado contra viento y marea. Nado por mí y por aquellos que no quisieron realizar el esfuerzo de acompañarme en una costosa travesía. Nado porque la recompensa es el esfuerzo. Nado porque mis convicciones, aunque sean distintas a las de antaño, son firmes, son contundentes y suficientes. Nado junto a los salmones, dejando atrás lo conveniente y lo convenido. A veces mi fortaleza se debilita, es entonces cuando cedo a la corriente y me dejo llevar un poco, lo suficiente como para recuperar el aliento y seguir desafiando a lo establecido.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Pompas de jabón

Nunca he creído en el destino pero, a veces, ocurren cosas que no pueden ser fruto del azar. Cosas tan importantes que no deberían depender de algo tan frágil como la casualidad. Cuando tales acontecimientos suceden, se me plantean ciertas preguntas. ¿Y si todas nuestras decisiones nos condujeran a un lugar predefinido? ¿Y si la vida nos tuviera preparada la próxima aventura de antemano? ¿Y si las cosas que no tenían sentido, esas piezas que no encajaban, de pronto crearan un todo, sorprendentemente lógico, tiempo después de haberlas dejado por imposibles? ¿Qué fenómeno rige nuestra existencia? ¿La premeditación cósmica o la casualidad?

Resulta inevitable intentar desvelar los misterios de esta vida tan monótona y, a la vez, tan imprevisible. Quizá esa sea su mejor baza, hacernos creer que estamos inmersos en una irreversible rutina para, de repente y sin razón aparente, ofrecernos un giro argumental inesperado. Es como si el edificio que estás construyendo cambiara constantemente su diseño y nunca lograras verlo acabado. Y entonces te preguntas ¿llegará un momento en que no pasen más cosas, en que el gráfico de altibajos derive en una estable línea recta, una balsa de agua estanca? Y es cuando te invade una escalofrío, provocado por el miedo a que la vida deje de soprenderte y desaparezca el penetrante y adictivo poder de las emociones fuertes. Y aunque la constante incertudumbre de no saber qué te deparará el día a día puede derivar en un estado de permanente tensión. Seguímos aferrados a la ilusión de que "en algún momento sucederá" algo que no esperamos, que no imaginamos, que nunca planeamos, que nunca buscamos.

Y estaremos expectantes durante el tiempo que dure este pensamiento. Hasta que la fuerza del ritmo marcado lo empañe. Y en el momento en que se nos olvide el deseo de que ocurra algo magico. Sucederá.

martes, 1 de septiembre de 2009

Perfiles

Hace algún tiempo, no recuerdo exactamente cuando, descubrí que tenía una habilidad. Algo que hacía sin pensar, sin darme cuenta. Al encontrarme con una persona que lograba impactarme, por la razón que fuera, la observaba, la escuchaba hablar, y dejaba que me empapara de sensaciones. Después, era capaz de escribir sobre ella, su forma de ser, sus miedos y sus anhelos, sin más información que la que podía haber sacado de un encuentro fugaz.

Al principio no creía que intuir la esencia de una persona fuera algo insólito. Más bien lo encontraba normal. Luego, con el tiempo, me he ido dando cuenta de que no es algo tan habitual como me hacía creer. Sobre todo cuando las personas sobre las que escribo corroboran con cierta sorpresa lo que plasmo de ellas en palabras.

"Tienes un don", han llegado a decirme. Pero no, no es ni de lejos un don. Sólo la forma que tengo de recrearme en las personas que me important, que me interesan, que me aportan algo. Es mi forma de decirles que son únicas en el mundo, reales y magicas a la vez. Es mi forma de subirlas al pedestal que merecen por ponerle signos de exclamación a mi vida. Es mi manera de darles las gracias por cruzarse en mi camino y permitir que las viera en todo su explendor.

Hay perfiles que todos habéis podido leer y otros que guardo en la intimidad. Pero todos y cada uno están escrito desde el mayor de los respetos. Con la mirada curiosa de una aprendiz de escritora encantada de haberos conocido.