jueves, 9 de julio de 2009

Hoy

Hoy me he levantado refunfuñando, he abierto las persianas con los ojos cerrados, me he duchado por obligación, me he vestido sin pensar y he salido de casa automáticamente.

Hoy he cogido el coche, he hecho la misma maniobra de todos los días para salir del parking, he encontrado el típico atasco de cuando vas tarde a trabajar, he llegado a la oficina, me he sentado.

Hoy he tomado café con galletas a media mañana, he comentado novedades sin novedad con mi compañera y amiga, he vuelto a mi sitio y he trabajado (entre otras cosas)

Hoy he vuelto a conducir hasta casa cuando el sol pegaba con fuerza, he volado por la A6, he llegado a mi hogar, microondas, comidita rica y de vuelta a tomar la autopista.

Hoy he llegado, de nuevo, al trabajo, me he tomado, de nuevo un café, he comentado la vida y milagros de Michael, he debatido y especulado sobre una conspiración por la que evitar las deudas, he vacilado, me han tomado por escéptica y he trabajado.

Hoy he terminado mi jornada laboral refunfuñando, con la convicción de no estar haciendo lo que se me da bien, con la idea de que la vida debería depararme algo más, triste y desencantada.

Hoy he quedado con personas maravillosas en el lugar más divertido de la noche madrileña, me he reído hasta fortalecer los músculos de mi estómago, he llorado, he disfrutado de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla por primera vez en directo y me he dado cuenta de lo simple y sorprendente que puede ser la vida.

Hoy he vuelto a casa en metro, sola, a las doce de la noche, escuchando a Facto Delafé (de nuevo), flotando por mi descubrimiento. He intentado descifrar el mensaje en braile que pone en el botón de apertura de las puertas de los vagones y me he imaginado que ponía "Animo". He sonreído. Ha caminado por la calle y le he puesto nombre a la única estrella que había en el cielo de Madrid. Me he echado una carrera para cruzar la calle, he saltado en los bordillos, he pisado unas hojas secas, he cantado en voz baja, he desprendido mi estela por la calle oscura.

Hoy he disfrutado de mi soledad, de mi soltería. He visto como un día gris se ha convertido en un día visiblemente brillante. Y me he felicitado por tener dignidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hay algo indómito en la libertad... esa extraña sensación de que el viento pega más fuerte y la velocidad es más rápida, las curvas son más cerradas y el aire que se respira puede ser el último...

hay algo tenebroso en la soledad (que es comparte un terrible maridaje con la libertad), un regusto amargo pero no siempre insufrible, una punzada que duele pero atrae... la espina que uno encuentra al coger la rosa más bella...

esa única estrella de Madrid es la mujer más observada del planeta (al menos en esta Villa).

besos desde el refugio