domingo, 19 de julio de 2009

El chico camaleón (para B.B)

Al chico camaleón le gusta observar el mundo con ojos curiosos, fijando su mirada en la diversión, en vivir las emociones con intensidad. Pasea su sonrisa de seductor por las calles más concurridas de las principales ciudades europeas. Se gusta.

Le observo fugazmente desde mi refugio, donde me siento protegida, y diviso en él cierta confianza de gentleman experimentado. Es altamente descarado, ciertamente morboso y extravagante. Su cambio de registro me inquieta y despierta mi curiosidad como pocos han hecho. A simple vista es un jugador nato. Un competidor al que le gusta ganar siempre. No aprecia las facilidades, prefiere los retos. Cuanto más difícil parezca, más atractivo será. Y en este caso apostará todo la carta ganadora. Su adicción al juego de la conquista es pegadiza y consigue atraparte en su mundo de atención desmesurada. Calcula las palabras, los roces y las miradas con precisión. Su secreto es hacerte creer que tienes el control. Y, en realidad, maneja con sutileza los hilos. Porque los conoce bien, porque ha aprendido a hacerlo.

Pero, si te quedas mirándole durante un rato, el chico camaleón cambia su piel de color. Se transforma en un ser distinto, sorprendente. Es posible que su seguridad se convierta en cierta vulnerabilidad. Y su porte chulesco en una coraza que esconde matices mucho más interesantes. Tiene momentos de lucidez lejanos a los bailes de seducción calculada. Quizá sea más profundo de lo aparente. Quizá sea más rico interiormente de lo que demuestra. Yo apuesto por ello. Por seguir descubriendo al chico camaleón en su vertiente desconocida. La divertida, entretenida, generosa, sincera....Entre burlas, bromas e ironías. Dos mundos aparentemente muy distintos chocaron una vez por casualidad. Y, así, volví a crees que la vida nunca dejará de sorprenderme.

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