domingo, 28 de junio de 2009

Somewhere only we know

Cada vez que conocemos a alguien adquirimos un riesgo. El riesgo de perder.
Cada vez que nos enamoramos adquirimos un compromiso. El compromiso de ser fieles a nuestros propios sentimientos.
Cada vez que vivimos adquirimos una responsabilidad. La responsabilidad de ser felices.
Cada vez que nos rendimos adquirimos una obligación. La obligación de darnos tiempo para volver a arrancar con más fuerza.

Yo, como todo el mundo, sólo tengo una vida. Esta vida. Y a veces temo no estar viviéndola con la intensidad que merecen las cosas efímeras. Esta sensación de plenitud en mis pulmones cada vez que respiro hondo, un día desaparecerá. Y será entonces cuando las decisiones que haya tomado a lo largo del camino de mi vida sean valoradas. Pensaré en lo que queda de mí a otras personas, en lo que hice por ellas, en lo que hice por mí, en lo que me quedó por hacer y en lo que me emociona haber hecho. Pensaré en el grano de arroz que supone mi existencia en comparación con los millones de personas que viven en el mundo. Y desearé sentir pena por lo que dejo atrás. Desearé sentir orgullo. Desearé sentir que ha valido la pena caminar, caer, levantarse, caminar, caer, levantarse, caminar, caer, levantarse...cada vez con más agilidad y a la vez más cansada.

El mundo sige girando aunque a veces se detenga en hora punta, cuando escuchas crujir las calles de la ciudad a tu paso y trás de ti los edificios se van derrumbando. Todo sigue manteniendo su equilibrio alrededor. En realidad nada cambia porque hoy nos sintamos vulnerables, sensibles, lagrimosos. Mientras yo estoy escribiendo, otra persona estará viviendo el día más feliz de su vida. Quizá otra persona estará conociendo a alguien especial. Y otra puede que esté culminando su hermosa vida.

Todo cambia, todo evoluciona. Y, aunque la pérdida sea parte de la vida, nos cuesta adaptarnos a dejar de sentirnos bien. Dejar de ser importantes para alguien. Dejar de ser la persona por la que vale la pena seguir luchando. No siempre podemos serlo.

Mientras dejo volar mi pensamiento para lograr escribir lo que se me clava dentro, suena una canción en mi salón. Es de un grupo llamado Keane, titulada Somewhere only we know, y empieza así:

"I walked across an empty land
I knew the pathway like the back of my hand
I felt the earth beneath my feet
Sat by the river and it made me complete
Oh simple thing where have you gone
I'm getting old and I need something to rely on
So tell me when you're gonna let me in
I'm getting tired and I need somewhere to begin"

Hace cinco años me enganché al disco 'Hopes and Fears' de esta banda. Lo escuchaba una y otra vez, hasta desquiciar a los que tenía alrededor. Me sabía las letras de memoria, podía cantarlas incluso sin oírlas en el mismo orden en el que aparecían en el CD. Y un día dejó de sonar en mi cuarto. Me cansé, supongo. Hace cinco días pusieron esta canción en la radio y recordé. Y pensé. Y expuse el momento actual en mi vitrina de trofeos. De victorias.

"And if you have a minute why don't we go
Talk about it somewhere only we know?
This could be the end of everything
So why don't we go
Somewhere only we know?"

Llegados a este punto, una nueva inflexión se apodera de mi existencia. El eterno retorno. Vuelvo a vivir la pérdida, el compromiso con mis propios sentimientos, la responsabilidad de ser feliz y, lo más importante, la obligación de darme tiempo para arrancar con más fuerza. Con una luz renovada.

Tomé la decisión de no ser más La Luz de la Mañana. Cambié de dirección. Y quisiera ser, ahora, el lugar que sólo nosotros conocemos. Aquel lugar donde un día se cumplirán las expectativas. Las mías y las de quien una su caminar a mis pasos. Y ya no necesitaré mirarme al espejo y decir "se fuerte" nunca más. Sólo me limitaré a dejarme llevar por la felicidad. Es un buen plan.

3 comentarios:

Taina dijo...

Me encanta la forma que tienes de contar tu existencia y sobre todo la manera de hacer frente a la vida y aferrarte a ella. Besos Taina (Isabel)

Anónimo dijo...

como el Ave Fénix, sólo queda la posibilidad (que es obligación) de resurgir.

supongo que,en todo caso, en el escenario posterior a la batalla, el guerrero ya ha cambiado tanto que ni él mismo es capaz de reconocerse como antes el combate.

quizá de ahí derive su grandeza, de asimilar la victoria (si la hubo) como una derrota más...

porque, como dice, el maestro (en uno de sus momentos de oro en El Salmón) hay momentos en los que sólo se está para seguir

grande prosa en castellano la suya Lisa

besos desde el refugio

*Mejorquebien dijo...

Gracias Loco,

Cumpliste tu promesa. Eso te honra y te eleva a los altares. Como dijo Andrés..."quizá somos amigos, porque para enemigos hay un montón de gente, corriente".

Un besazo
Nos vemos ya!