domingo, 28 de junio de 2009

Somewhere only we know

Cada vez que conocemos a alguien adquirimos un riesgo. El riesgo de perder.
Cada vez que nos enamoramos adquirimos un compromiso. El compromiso de ser fieles a nuestros propios sentimientos.
Cada vez que vivimos adquirimos una responsabilidad. La responsabilidad de ser felices.
Cada vez que nos rendimos adquirimos una obligación. La obligación de darnos tiempo para volver a arrancar con más fuerza.

Yo, como todo el mundo, sólo tengo una vida. Esta vida. Y a veces temo no estar viviéndola con la intensidad que merecen las cosas efímeras. Esta sensación de plenitud en mis pulmones cada vez que respiro hondo, un día desaparecerá. Y será entonces cuando las decisiones que haya tomado a lo largo del camino de mi vida sean valoradas. Pensaré en lo que queda de mí a otras personas, en lo que hice por ellas, en lo que hice por mí, en lo que me quedó por hacer y en lo que me emociona haber hecho. Pensaré en el grano de arroz que supone mi existencia en comparación con los millones de personas que viven en el mundo. Y desearé sentir pena por lo que dejo atrás. Desearé sentir orgullo. Desearé sentir que ha valido la pena caminar, caer, levantarse, caminar, caer, levantarse, caminar, caer, levantarse...cada vez con más agilidad y a la vez más cansada.

El mundo sige girando aunque a veces se detenga en hora punta, cuando escuchas crujir las calles de la ciudad a tu paso y trás de ti los edificios se van derrumbando. Todo sigue manteniendo su equilibrio alrededor. En realidad nada cambia porque hoy nos sintamos vulnerables, sensibles, lagrimosos. Mientras yo estoy escribiendo, otra persona estará viviendo el día más feliz de su vida. Quizá otra persona estará conociendo a alguien especial. Y otra puede que esté culminando su hermosa vida.

Todo cambia, todo evoluciona. Y, aunque la pérdida sea parte de la vida, nos cuesta adaptarnos a dejar de sentirnos bien. Dejar de ser importantes para alguien. Dejar de ser la persona por la que vale la pena seguir luchando. No siempre podemos serlo.

Mientras dejo volar mi pensamiento para lograr escribir lo que se me clava dentro, suena una canción en mi salón. Es de un grupo llamado Keane, titulada Somewhere only we know, y empieza así:

"I walked across an empty land
I knew the pathway like the back of my hand
I felt the earth beneath my feet
Sat by the river and it made me complete
Oh simple thing where have you gone
I'm getting old and I need something to rely on
So tell me when you're gonna let me in
I'm getting tired and I need somewhere to begin"

Hace cinco años me enganché al disco 'Hopes and Fears' de esta banda. Lo escuchaba una y otra vez, hasta desquiciar a los que tenía alrededor. Me sabía las letras de memoria, podía cantarlas incluso sin oírlas en el mismo orden en el que aparecían en el CD. Y un día dejó de sonar en mi cuarto. Me cansé, supongo. Hace cinco días pusieron esta canción en la radio y recordé. Y pensé. Y expuse el momento actual en mi vitrina de trofeos. De victorias.

"And if you have a minute why don't we go
Talk about it somewhere only we know?
This could be the end of everything
So why don't we go
Somewhere only we know?"

Llegados a este punto, una nueva inflexión se apodera de mi existencia. El eterno retorno. Vuelvo a vivir la pérdida, el compromiso con mis propios sentimientos, la responsabilidad de ser feliz y, lo más importante, la obligación de darme tiempo para arrancar con más fuerza. Con una luz renovada.

Tomé la decisión de no ser más La Luz de la Mañana. Cambié de dirección. Y quisiera ser, ahora, el lugar que sólo nosotros conocemos. Aquel lugar donde un día se cumplirán las expectativas. Las mías y las de quien una su caminar a mis pasos. Y ya no necesitaré mirarme al espejo y decir "se fuerte" nunca más. Sólo me limitaré a dejarme llevar por la felicidad. Es un buen plan.

sábado, 27 de junio de 2009

Antiheroína (4:00)

Llego a casa, sola, como de costumbre. Sin ganas de quejarme de la vida perra que te da y te quita al mismo tiempo. Confusa, quizá, por los últimos acontecimientos. Y, sin embargo, habiendo obtenido una visión clarificadora del no entender. Me aparto. Quedo en segundo plano. Yo, la protagonista. La luz de la mañana. Cedo mi trono a otra reina. Y me marcho con la plebe. Me voy al campo, a cuidar de mi rebaño. Me marcho a cultivar el huerto que me dará de comer. A recoger los huevos de las gallinas ponedoras. A mirar las estrellas al final de la jornada. Cansada. Sin tiempo para perpetrar un plan. Me duermo. Y empieza otro día. El mismo, pero siendo mañana.
Luchar, seguir, marchitar, regar, florecer. No tengo fuerzas y, a la vez, soy forzuda. No tengo ganas y, a la vez, soy voluntariosa. No tengo sonrisa y, a la vez, logro reírme de todo. Rara, compleja, divertida, serena....Vuelvo al no saber y al no querer saber.... Dejo de buscar.

lunes, 22 de junio de 2009

Ella (columna del Nas de Barraca)

Dicen que ella es especial. Cuentan que con su sonrisa ilumina el día más cerrado. Aseguran que es una niña en un cuerpo de mujer. Admiten que a veces la toman por loca y otras la adoran sin saber el motivo. Añaden que sus ojos son dos planetas por descubrir y cuando llora el mar se expande. Comentan que ella tiene el poder de cambiar el mundo con sus sueños. Me han dicho entre susurros que ella es mágica. Un ser difícil de descifrar, que convierte en imprescindibles los días comunes. Dicen que inunda de ilusión los pantanos más secos. Eso cuentan por ahí de ella y yo no sé si creérmelo.

Dudo porque la miro y veo unos ojitos desencantados con el mundo. Veo una mueca de injusticia en su sonrisa. Vislumbro algo de temor, tragedia, dolor. La observo cuando se sienta en un banco de cualquier parque y mira alrededor, pero no ve. Susurra a las palomas frases que no logro entender pero que despiertan mi interés. Sus gestos delatan cierto inconformismo pero su postura semihundida me indica que está cansada de mirar alrededor. Busca. Intenta encontrar algo que no está. Algo que no conoce, lo sé, descifro su mirada perdida. Quiere más de la vida y le pesa la carga de incongruencia que la rodea.

Indago y la veo. Es esa chispa de la que todos hablan. La tiene, aunque algo escondida. La sigo observando y me hace sentir que todo es posible. Aún en penumbra su luz resplandece como un rayo. Y, aunque no lo sepa, lleva la felicidad escrita en su mirada.


Escuchando buena música......


domingo, 21 de junio de 2009

Toda una vida estaría contigo

Ayer conocí el amor verdadero.
Paseaba bajo un sol punzante de un sábado madrileño, cuando me detuve en un semáforo para cruzar la calle. Yo buceaba en mi mundo, pensando en todas esas cosas que me han ido pasando en los últimos meses, cosas buenas y cosas no tan buenas. Fue cuando me di cuenta de que en la acera de enfrente había gente también esperando a que apareciera el muñeco verde. Debíamos ser las tres únicas personas que habría en la calle a la hora de mayor calor.

Fijé bien mis ojos en ellos, parecia que no habían ni siquiera notado mi presencia. En aquel momento sentí que era invisible, un fantasma que espiaba a aquellas dos personas que se iban aproximando a mí sin percatarse de que no les quitaba el ojo de encima.

Cuando el semáforo dió paso me quedé quieta. Sólo podía seguirles con la mirada. Eran dos ancianos, una mujer y un hombre, vestidos con ropa playera. Venían de la piscina pública cercana al lugar. No les puse edad, pero parecían haber vivido casi demasiadas experiencias ya. Ella iba delante, andaba con algo de dificultad pero con firmeza, su espalda curvaba hacia adelante pero ella lucía espléndida. Él, unos pasos más atrás, portaba una bolsa algo pesada y seguía su estela. Creí ver algo de brillo en su mirada, como un mozo persiguendo a la niña de sus ojos. Y cuando llegaron a mi lado de la calle, ella le esperó. No pude eviar girar la cara para acabar de contemplar aquella bella imagen que me brindaba un sábado cualquiera, a la hora de mayor luz, en una esquina cercana a mi piso de soltera. Fui descarada. Pero ellos exhibían orgullosos su gesto. Creo que hasta les ví sonreirme. Al llegar él donde ella le esperaba se cogieron de la mano en un gesto que parecía el primero de cientos y a la vez el centenar de los primeros, y se marcharon calle abajo, como danzando con la brisa. Y fue entonces cuando pensé en la letra de aquella canción "Toda una vida estaría contigo". Y sonreí.

Ese es el amor de verdad. El de cuidarse hasta que la vida aguante. El de darse la mano con la misma ilusión del primer día. Ese que te hace perder el juício, la voluntad y la vida por el bienestar de otra persona. Es hacer que el mundo cobre sentido en cada escena cotidiana. Amar es querer estar toda la vida contigo.

jueves, 18 de junio de 2009

Técnicamente

Técnicamente hay cosas que no soporto en la gente. Técnicamente. Pero, a medida que pasan los años y con ellos la vida, me doy cuenta de que, aún siendo firme en mis convicciones casi todo el tiempo, me he convertido en una persona más tolerante de lo esperado. A veces hasta logro sorprenderme. En días como hoy, por ejemplo.

Hoy ha sido una larga jornada feliz. Por fin. El buenísimo humor con el que me he propuesto pasar el día ha provocado una sucesión de buenas suertes encadenadas. Los semáforos en verde, sin atascos imprevistos, entretenimiento, proyectos, invitaciones inesperadas, piropos, personas que me quieren, personas a las que querer, correos largos, correos cortos, nuevas oportunidades, posibles viajes de ensueño, amigas, amigos, planificación improvisada, sonrisa y buen rollo a grandes dosis. Sí, hoy ha sido un día especial. Raro pero sin ser desconcertante. Tremendo pero sin ser tremendista. Inmenso. Pero también intruso. No esperaba sentirme así tan pronto. No esperaba esta libertad de sentimiento. No esperaba que desapareciera la desazón, la rabia, la ira, la incomprensión, tan pronto. No lo esperaba. Y, sin embargo, ya está aquí. La calma, como yo sólo puedo entenderla y vivirla, ha llegado. Y el "en adelante" pinta bien, pinta amarillo chillón.

miércoles, 17 de junio de 2009

Ave Fénix

La vida está llena de fenómenos extraños. Algunos se pueden identificar con claridad, otros son más complicados de ver. Una de las cosas que más me sorprende ultimamente es la capacidad que tenemos de cambiar de actitud. Pasar de sentir que algo es imprescindible a absolutamente prescindible en cuestión de días. ¿Cómo las circuntancias pueden darle la vuelta a los sentimientos de esta forma? ¿Será que no son tan reales, tan fuertes y tan firmes como creía? ¿Será que llega un punto en que se acaba la ceguera y comenzamos a ver por nosotros mismos? ¿Será que no somos tan parecidos como nos empeñamos en creer? Quizá.

Ahora lo veo. La vida sigue igual. Pero diferente, diversa, disparatada. Los fenómenos extraños me atrapan. Enlazo historias comunes que convierto en increibles, en únicas. Una llamada de un amigo a última hora de la tarde, para hablar de nada, se puede convertir en una salvación. El texto de un conocido-desconocido que se molesta en dedicar un rato de su vida a abrir mis miras, con algo tan sencillo como hablar de temas comunes con profunda intensidad, puede resultar el bastón donde apoyar mi actual cojera emocional. Un globo, enlazado en la antena de mi coche, pintado por una gran amiga a escondidas para que lo encuentre al salir del trabajo, puede convertirse en tres lágrimas de emoción y una explosión de luz cálida en mis ojos.

La vida resurge de sus cenizas. Lo hace con fuerza. Con pasos lentos pero agigantados. Esto es real, pero aquí no está todo. Quién me conoce sabe en qué momento estoy. Quien me quiere hace que pueda escribir en positivo un miércoles a las 8:30 de la mañana. A trabajar.

martes, 16 de junio de 2009

Amarte sería partir el mundo en dos por vos

¿Escuchas cómo el mundo se quiebra? Desde el Polo Norte al Polo Sur se ha creado una brecha que está separando dos mitades. Dos mundos que fueron uno y que. ahora, cuanto más se separan más antagónicos resultan ser. Una parte empieza a odiar a la otra, mientras la otra no hace nada por evitarlo. Una parte empieza a hacer fuerza por separarse cuanto antes, mientras la otra no hace nada. Una parte está viva, mientras la otra se deja morir.

En una de las dos partes la naturaleza lo llena todo de esperanza, hay rios, valles, cesped y una legión de animales salvajes. En la otra mitad hay bruma, oscuridad y tinieblas. Del otro lado hay sabiduría, entusiasmo, amor, cariño, tacto, generosidad, valentía. Lo contrario que en la mitad sin alma. Es el azul contra el gris. La vida contra la muerte. El principio contra el fin.

¡Cállate! De una vez ¡Cállate! Deja de gritar mentiras. Deja de hacerte el loco. Deja de vivir en la brecha que separa los dos mundos. ¡Llévate tu bruma contigo! Son los restos de no saber romper el mundo por quien creíste amar. Y ahora, resignate. Te has dejado vencer sin luchar. Y no te das cuenta de que la felicidad es simplemente el camino del que no se deja vencer por la adversidad, nunca el destino final.

lunes, 15 de junio de 2009

Mi lugar en el mundo (actualizado el 16 de junio)

Hay un lugar donde el infinito está al alcance de la mirada. Donde el sol crea una bruma de irralidad en el paisaje que te invita a pensar que todo es posible. Donde Madrid se extiende hacia el norte y termina en una silueta curvada. Es un balcón bajo el que se extiende la verdad de las cosas irreales. Donde se puede hablar con honestidad, con sentimiento, con bondad, de todas aquellas cosas que te queman por dentro. Es un rincón dedicado a la reflexión, a pensar en lo que no debes pensar el resto del tiempo. Es el lugar de mis sueños y es real.

Tras un tiempo de ausencia, mis pasos me llevarán de nuevo al lugar donde todo empieza y donde todo acaba. Iré en busca de respuestas. En busca de una señal. Quizá aparezca la estrella fugaz que resetee mi mente para volver a empezar de nuevo. O tal vez vea el atardecer más bello que Madrid pueda regalarme. Dejaré a mi lado, en el banco donde una vez escribí mis iniciales, un espacio, por si alguien quiere sentarse y observar. Por si alguien necesita hablar. Por si alguien necesita demostrar. Y después de hoy, nada en aquel lugar volverá a ser lo mismo.

Actualización:
Pasado el día D. hay varias cosas que han cambiado. Ha cambiado mi forma de ver el mundo, ahora es amarillo, gracias a un amigo, gracias a la conversación surrealista de alguien que piensa que ser intenso es una forma de vida, no un momento fugaz.

domingo, 14 de junio de 2009

PD: Te quiero

Esta tarde, de vuelta a Madrid, en el AVE, mirando por la ventanilla me he quedado dormida y he soñado. Han sido unos minutos, nada más, pero tan intensos que al despertar una lágrima se ha deslizado por el sendero de mi mejilla. Una lágriman de tristeza, de impotencia, de nostálga, de rábia. Pero una lágrima al fin y al cabo. Y cuando esa gota salada desaparecía por los recovecos de mi cuello he recordado lo que había sucedido en mi corto estado de inconsciencia.

Estaba sentada frente a un ventanal abierto de par en par, la brisa hacía revolotear las cortinas e invitaba a respirar profundamente. No recuerdo el paisaje pero en la habitación se colaba una luz blanca, resplandeciente. En mi mano había una pluma untada en tinta y bajo ella un pergamino. Estaba redactando una carta al estilo de los grandes autores románticos. Una carta que debía ser para una persona muy especial ya que a cada frase que lograba terminar soltaba un suspiro. Como si fuera lo más difícil que hubiera escrito en mi vida. Lo más profundo, lo más bello y, quizá, lo más duro.

El texto comenzaba así: "Querido Principito". Después seguían páginas y páginas de palabras enlazadas, de ideas sin meditar, de sentimientos al descubierto, de locura sin medida. Y, al final, terminaba con un "PD: Te quiero". Entonces me quedé un rato observando mi obra y deseando que significara algo para alguien. La doblé, la metí en un sobre y cuando me disponía a escribir el destinatario, me desperté.

Dí una cabezada y abrí los ojos algo molesta con el traqueteo inoportuno de aquel tren. Intenté volver a dormir, retomar aquel sueño. Quería saber qué había sido de aquella carta, si habría llegado a su destinatario, si habría logrado su comentido. Si los sueños se cumplen o si deben quedarse encerrados para siempre en el tarro de los sueños rotos. Quería respuestas a todas mis preguntas. Y, sin embargo, sólo recibí silencio.

sábado, 13 de junio de 2009

Mediterráneo (conmigo)

Esta mañana mis pies acariciaron, al fin, las saladas aguas del Mar Mediterráneo. Fue un reencuentro improvisado y muy esperado. Pasado el primer contacto con aquella agua helada, ocurrió algo especial. Según me adentraba hacia el horizonte azulado, la caricia se convirtió en roce, el roce en abrazo, el abrazo en acogida y la acogida en hogar. Mi mar, mi hogar. Estoy en casa, mi casa. Rodeada de amor, de paz, de estabilidad. Rodeada de todas esas cosas buenas, tan increibles que darles palabra sería quitarles importancia.

Escribo en la terraza de nuestro piso de Sant Boi, sentada en una amaca, bronceada por el sol. Escribo desde las profundidades para llevaros una parte de este instante donde quiera que estéis. Una suave brisa, ligeramente humeda, rodea mis hombros como queriendo provocar a la sensibilidad de mi piel. Y el tiempo vuelve a pararse en este instante.

La Shegui asoma su cabecita por la ventana, cotillea como siempre, le extraña mi presencia y me sigue con la mirada pensativa. Creo que está convencida de que si me quita los ojos de encima desapareceré. De vez en cuando se me acerca sigilosamente y me huele, corroborando que efectivamente soy yo. La abrazo, la acaricio, la miro, pensando en lo imprescindible que es su presencia en este cuadro. La luz del día se está tornando débil y mi madre, sentada a mi vera, me hace compañía con el simple sonido de su respiración. Mi padre viene y va, atareado, preparando su afición con esmero, pero sin perderme de vista. Me echan de menos. Les echo de menos. Y es ahora cuando me doy cuenta de lo dura que es la soledad y de la fortaleza que requiere convivir con ella.

Mañana toca volver a Madrid. Será difícil. Otra vez Atocha. Otra vez a inventar el abrazo de bienvenida, imaginármelo sin sentirlo. Otra vez a casa sola. Otra vez mi alma se separará en dos por unas horas. Bercelona/Madrid. Mi familia/Mi locura. Mi estabilidad/Mi independencia. Mi vida/Mi vida. Y otra vez a remontar.

Quizá algún día llegue a la misma estación y alguien me diga "relájate, ahora voy a cuidarte yo"

jueves, 11 de junio de 2009

La Ruta 44

"So if you really love me, come on and let it show"

Esta mañana -¿o ya era mediodía?- desperté pensando en esta frase. Forma parte de una canción que siempre he considerado del bando de las que no pegan conmigo. Pastelona donde las haya. Pero hoy se me ha antojado. La busqué, la escuché y me sorprendí a mi misma interpretándola con garra frente al espejo del baño. Me sabía la letra...¡y de qué forma! Resultó una puesta en escena alocada, de aquellas que te hacen explotar en sonrisa cuando piensas "si me viera alguien ahora". He terminado de pié encima del sofá como si de un escenario se tratara, dándole las gracias a los presentes (las figuritas que adornan el mueble de mi salón, un público muy selecto).

Y cuando terminó el espectáculo, otro empezó. Me adecenté y tomé la Ruta 44. Así llamo a mi autobús favorito de Madrid. Echaba de menos que me llevara de paseo. Ha sido de lo más agradable cogerlo tal día como hoy. Ha sido como volver a encajar otra pieza en el puzzle.

Hace unas semanas el Puzzle de mi vida cayó al suelo y todas las piezas se separaron y se desordenaron. Eso provocó en mí un gran sentimiento de desarraigo. La inquietud me alteraba. Nada estaba en su lugar. Todo había cambiado. Y pensé que sería para bien, que aquel sentimiento de desubicación iba a regalarme un nuevo puzzle lleno de piezas por descubrir y alguien que me ayudara a armarlo. Pero no fue así. Y me quedé con todas las piezas de mi Puzzle metidas en una bolsa de plástico a la espera de poder recomponerlo. Así hice. Las fui cogiendo una a una, identificándolas y recordando cuál era su lugar en mi vida. Parece una tarea laboriosa pero al final ha resultado más sencillo de lo que esperaba. Y es que había mucha disposición.

No hay nada como sentir que todo vuelve a ser una locura en positivo. Sé que habrá momentos de inseguridad, de nostálgia, de sensación de pérdida. Pero también habrá otros días como hoy en que recupero lo bueno de cuando era sencillo sentirse bien. De cuando el reto estaba en vivir cada segundo como si fuera un regalo y no había resignación. De cuando los viajes en la Ruta 44 eran permanentes sonrisas mirando por la ventana y adorando esta ciudad. Me quedo aquí. Al menos por un tiempo más. Me gusta este lugar. Me gusta la gente que me rodea en esta linda ciudad. Me gusta mi Puzzle, el que yo he compuesto, el que conforman las personas a las que quiero, en las que me apoyo. Los que conozco y los que no conozco, los que están por conocer y los que nunca conoceré. Todos son el mundo que queda por descubrir. Y tengo los ojos bien abiertos para no perderme nada. Ahora sí, pienso que todo va a ir bien.

Por si alguno todavía no sabe a qué canción me refería.....

6:30

Empiezo justo a las 6:30 de la mañana a escribir este post. A esta hora Madrid amanece radiante. Los pájaros cantan y las nubes se levantan. Todo invita a desperezarse oliendo a café recién hecho de una cafetera enorme que alguien dejó preparada. Pero yo, que vivo contracorriente, como cualquier joven de mi edad que se precie, voy a acostarme dentro de unos minutos. Cuando termine de plasmar en este espacio la belleza de un día que toca a su fin habiendo empezado ya. La reunión se alargó hasta la salida del sol y fue algo más que divertida. Algunos desconocidos (para mi) en un bar conocido, copas, cháchara, risas. Ha estado bien volver a vacilar como antes, miradas, roces, intuiciones fallidas, juegos de inocencia arremangada. Picardía con descaro. Una noche de las de antes. De las de volver a casa, tumbarse en la cama y dejar de sentir las piernas, esas que soportaron horas de baile y dispersión. Hace más de dos meses que no volvía a casa al amanecer. Y hoy lo hago entre sonrisas. Repasando la chispeante conversación con alguien que, probablemente, no vuelva a ver en la vida. Una persona de paso que ha logrado que surgiera de mí una original conversación infinita. Y se ha marchado como vino, sin hacer ruido.

miércoles, 10 de junio de 2009

Rotos y descosidos

Madrid vuelve a brillar como un día de playa. Ha parado de llover. Tregua, al fin. Resplandece el sol y se anuncia un nuevo amanecer. El de mañana. Hoy todavía quedan flecos por zurcir, me temo. Pero, por suerte el descosido no ha hecho un roto, es remendable. La pena es haber dejado que se deteriorara tanto que acabara rajándose. Pero, en fin, nadie escapa a los caprichos del tejido sensible, vulnerable, expuesto a cualquier imprevisto. Ahora toca protegerlo bien. Coserlo con el mejor hilo, fuerte, irrompible, capaz de soportar cualquier inclemencia. Lo haré con cuidado, fijándome bien por dónde doy las puntadas, no vaya a ser que deje cualquier pedazo sin repasar y se vuelva a deshilachar. No puedo permitirlo.

Voy a tapar todos los agujeros por donde antes se escapaba la debilidad. Fuerte, fuerte. He convocado ya a mi ejercito de zurcidores profesionales. De esos que saben cómo solucionar cualquier roto, por grande e irreparable que me parezca. Les tengo en mente desde siempre pero es hoy cuando me doy cuenta de su papel fundamental en mi vida. Son especiales, de verdad, seres hechos de otra pasta. A todos les tengo que dar las gracias por socorrerme en momentos de delirio emocional. Por soportar mis caprichos de niña tonta. Por estar ahí al final de cada camino recorrido, cuando llega el abismo, con su teleférico de algodón siempre preparado para llevarme hasta el otro lado. Y a seguir. Con la cabeza alta y el corazón más protegido que nunca. Ellos me inundan de positivismo con cada consejo, con cada abrazo, con cada muestra de apoyo sincera y verdadera.

A vosotros, Rosa, Alicia, Arantxa, Javi.... Gracias por todo.

martes, 9 de junio de 2009

Junio

Hoy es un día melancólico. Como todos los días de Junio. Algunos con más intensidad, otros soportables. Es Junio, de nuevo. Otro años que pasa sin ver tu sonrisa, tete. 365 días más por explicarte cuando nos reencontremos. Hoy es el día de Junio que toca llorar al escuchar una canción que me recuerda a ti. Y tu mirada brota desde mi interior para reflejarse en cualquier cristal que se cruza en mi camino. Persigo tu estela, con el fin de alcanzar lo que eres para mi. Ser como tú. Y vuelvo a hacerme, como cada Junio, las mismas preguntas.

¿Cómo sería mi vida si hubieras sobrevivido al cancer? ¿Vivíria en Madrid? ¿Hubiera estudiado periodismo? ¿Qué sería de las personas que he conocido? ¿Sería más sensible, buena, rebelde, inquieta? ¿Qué hubiera sido de mí contigo? Muchas veces se me olvida pensar en ello. Porque cuando lo hago resurge la impotencia de aquel día fatal. Y siento que no puedo hacer otra cosa que intentar agarrar toda la felicidad que puedo lograr con las manos. Para vivirla por ti. Para ti.

Y vuelvo a llorar, convencida de que has hecho de mí una persona capaz de vivir cada momento como si fuera el último. Se me empañan los ojos y siento un profundo dolor en el pecho. Estoy viva y a veces duele seguir sin ti. A veces resulta demasiado inverosímil. Doce años después, sigo esperando que regreses y todo haya sido un sueño del que poder despertar sin sobresaltos. Pero tú no vas a volver y yo voy a seguir buscando la inmensa felicidad.

lunes, 8 de junio de 2009

Cada cosa en su lugar

Hoy me dí cuenta de que duele más la falsa atención que la pura indiferencia. Fue como un mazazo directo al corazón. ¿Cómo estás? Hay tantas respuestas a esa pregunta y todas pronunciadas menos una ¿Por qué me preguntas cómo si sabes de sobra la respuesta? ¿Por qué sigues alimentando la esperanza de quien no quiere ver? Ciega, embriagada por la dulcificada irrealidad.

Mi ensoñación creó un mundo paralelo en el que Julieta despierta un segundo antes de que Romeo se clave la daga y logran vivir su amor, estar juntos, tener una historia en común que les durará meses tal vez, incluso años. Quizá tuvieran hijos. O quizá no. Es posible que su pasión terminara en divorcio. Pero "qué nos quiten lo bailao" habrían pensado. Sí, seguro que Romeo y Julieta podrían haber tenído una oportunidad. Pero nos empecinamos en que todo sea tan trágico. Cuanto más peliculero más adictivo, cuanto más adictivo más irracional, cuanto más irracional más corto y cuanto más corto más intenso.

¿Cómo estás? Bien, gracias. Y se acabó. Ya no quiero más sueños. Ni mundos a escondidas en los que refugiarse de la inminente torpeza del que no quiso decidir. Vago, encadenado a la cobardía. Ojalá la vida le ofrezca dicha infinita. Al menos suficiente para olvidar el desaguisado que deja a sus espaldas. El corazón se encoge a cada nota de normalidad impuesta. Gracias por las razones de peso. Ahora cualquier cosa que nos unía no hace más que separarnos. Hay un pequeño abismo hoy, mañana será el Gran Cañón del Colorado. Y tiraremos una moneda al aire para saber cuál es nuestra cara del día cada mañana al despertar. Hoy me toca sonreir. Hoy no.

Invierto mi locura en positivo y salto de la vulnerabilidad a la firmeza. Sin engañarme, me veo como cualquier chica que un día deseó ser Juliata. Pero no lo soy. Simplemente voy a sentarme frente al imaginario mar que llega hasta los pies de mi balcón y dejaré que mi oportunidad se digne a encontrarme. Me canse de las pruebas fallidas. Dejaré que la dirección de las hojas de los árboles al enfrentarse al viento guie mi próximo destino. Mientrastanto me dedico a poner cada cosa en su lugar.

martes, 2 de junio de 2009

Saltos espaciales

Hoy me enfundé mi traje de astronauta. Escondidos trás una escafandra algo cómica mis ojos se abrían más de lo habitual en una sencilla mueca de curiosidad infinita. Volaba. Mis extremidades, acostumbradas a la tantas veces experimentada sensación de ingravidad del agua, se movian instintivamente como queriendo nadar entre las estrellas. Estiraba los brazos para tocarlo todo. Era como un gran supermercado de cosas geniales que necesitaba palpar para descubrir cuán reales llegaban a ser. La incapacidad por tener un contacto físico con aquellos astros alucinantes me frustraba hasta el colapso emocional. Y, aún dándome de bruces contra el sueño de alcanzar lo inalcanzable, seguía intentándolo de todas las fromas que se me ocurrían. Agudicé el ingenio. Si me desplazo hacia aquí y tiro un poco más de la cuerda, si pido que me den vía libre, si uso un propulsor para llegar más lejos... Lo que se abría ante mí era tan increible que perdí la cabeza. ¡Déjadme aquí! No quiero volver. Me quedo. ¡Voy a volar entre las estrellas para los restos! Pobre necia. Nadie me dijo que los sueños pocas veces se hacen realidad y que cuando lo hacen, nunca duran eternamente. Pobre loca que no quiere crecer. Pobre chiquilla de ojos azulados que sonrie mientras mira el atardecer de un martes cualquiera como si fuera el último o el primero.
¿Quién va a robarme, ahora, la última ilusión? ¿Quién va a quitarme el amor? ¿Quién? Ya lo sé. Tú.

lunes, 1 de junio de 2009

Con título

Esta mañana descubrí que ha llegado el momento. Es la hora. Es ya. Tengo la motivación, tengo los argumentos y espero tener el tiempo libre que requiere esta aventura. Me embarco en el reto de mi vida. Aquello que he estado demorando por miedo a no estar a la altura. Aquello que he ido aplazando por temor a que el sueño se desvaneciera y ver la ilusión convertida en fracaso. Pero voy a hacerlo, lo tengo claro, sea como sea, salga lo que salga.

Lo tengo todo en mi mente. Los personajes, perfectamente definidos, conocidos, desmontados por piezas que armaré de nuevo cuando los convierta en palabra. Las situaciones, que se repiten una y otra vez en mi mente sin tregua. Los sentimientos, sin ellos nada en mi vida tendría sentido. Los giros drámaticos que, siendo tantos y tan diversos, han logrado hacer cierta la frase "la realidad supera a la ficción". El desenlace, maldito y esperanzador. Es la Gran Historia que esperaba desde hace años. Y voy a escribirla.

De momento será un relato corto con pretensiones de ser algo más. ¿Un libro? Quizá. Ojalá. Tal vez así logre canalizar todo lo bueno y todo lo malo (que se convertirá en bueno pronto, seguro). Por ahora ya tengo el título, mi primera piedra (contra indicación académica, "el título se pone al final"). Me lo regaló un amigo ayer sin darse cuenta. Es una frase, linda, intensa y muy descriptiva. Sobre esta frase se construirá toda una trama de verdades a medias, sentimientos desgarradores y enredos tortuosos. La pena es conocer ya el final. Aunque, quizá, logre dar una vuelta de tuerca más.