martes, 12 de mayo de 2009

Yo no lo sabía

"Que yo no lo sabía. Quién me lo iba a decir que sólo con tu sonreír inundarías todo mi ser de alegría..." (Elefantes, 'Que yo no lo sabía')

Hoy he soñado con ver un atardecer sentada frente al mar, hundiendo mis pies descalzos en la arena, sintiendo como la humedad se cuela entre mis dedos. He visto como el sol ha chocado cálidamente contra el mar quedando, durante unos segundos, unido por un mínimo punto, desafiando al equilibrio que nunca perderá. Poco a poco ha ido desapareciendo en el fondo del oscuro océano. Tan lento como el paso del tiempo sin verte.

Y como de una premonición se tratara, hoy mi día transcurre a cámara lenta. Todo el mundo se mueve demasiado rápido y yo demasiado lenta. Miro compulsivamente el reloj, con la esperanza de que a cada segundo haya pasado un minuto y a cada minuto haya pasado una hora. Siento mis labios sellados y me imagino a mí misma vista desde otros ojos. ¿Está triste, está tranquila, está pensando, está inmersa en su mundo? Está sin estar. En algún momento decidí hacer un viaje mental hasta otro lugar. Un lugar donde un sólo abrazo hace renacer la ilusión.

Desde hace algún tiempo perdí el don de la escritura. He descubierto sensaciones nunca experimentadas y lugares nunca escrutados. Y me perdía en la voluntad de escribir algo digno, a la altura de las cosas que carecen de altura. Cómo describir la perfecta imperfección. Los sueños. La vida en su color más brillante. Cómo transmitir la magia, los cosquilleos, las ganas, la fuerza. Cómo admitir que lo tienes rozando la yema de tus dedos y necesitas gritar, llamar su atención, atraerlo unos milímetros hacia ti para cogerlo y no soltarlo nunca más. Cómo asumir que tu felicidad deja de ser lo más importante. Y que lo que de verdad te importa es descubrir cómo hacer feliz a otra persona.

¿Y si las oportunidades no se recuperan? ¿Y si dejando pasar el tiempo, los segundos, las horas, lo más bonito que he visto en mi vida se desvaneciera? Trenes que pasan, días perdidos, noches solitarias. La certeza acaba siendo una gran duda, de nuevo. Y el consuelo se busca en el olvido, urgente y desesperadamente. Inútil y, sin embargo, sigue siendo la única salida.

Sigo sin darle respuesta a la pregunta y reprimo hasta el más imprevisible de los impulsos para ir desapareciendo poco a poco, como el sol, dentro del salado mar mediterráneo.

No hay comentarios: