sábado, 16 de mayo de 2009

Siete notas de inspiración

A veces no hace falta oír música para escucharla y, a veces, no hace falta escucharla para sentirla.

Esta mañana me levanté tarareando a Andrés (Calamaro). Recordé, de repente, su canción "Paloma". Para mí, la más bonita que habrá escrito una persona enamorada. "Mi vida fuimos a volar con un solo paracaídas, uno solo va a quedar volando a la deriva...Vivir así, no es vivir, esperando y esperando, porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando".

"Vivir es jugar", he pensado. Jugar. Repartir las cartas, echarles un vistazo rápido y, sin cambiar el semblante, escoger una estrategia. Quizá al principio muestres parte de tu juego, tímidamente, tanteando al "contrario". Si resulta sorprendido, muestras algo de seguridad en tu mirada, siempre guardando lo mejor para irlo desvelando a poquitos durante toda la partida. Pequeños chispazon de emoción. Sensaciones únicas que impactan directamente en la parte más sensible del cuerpo humano, la vulnerabilidad emocional. Trocitos de sorpresas que desmontan los esquemas prediseñados. Y así lograr mantener la ilusión el mayor tiempo posible.

Jugar. Arriesgar. Tomar el camino desconocido. Desbaratar la vida en un instante con la incierta seguridad de que todo podría ser mejor. Teniendo en cuenta que las cartas pueden cambiar en cualquier momento, el azar se puede volver en contra y lo que una vez fue una buena racha, en cualquier momento se puede convertir en "una mala mano". Pero nos da igual, preferimos arriesgar. Así nos convencemos de que podemos huir de la monotonía. Cada vez que saltamos con un solo paracaídas y sabemos que uno solo va a quedar volando a la deriva. Entonces la vida comienza a ser emocionante y tentadora.

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