jueves, 28 de mayo de 2009

El resto de los tiempos

No hace mucho inventé un papel de regalo para envolver ciertos objetos especiales. Era un papel en blanco lleno de bellas palabras que pretendían transformar un día sin expectativas en uno sorprendente y lleno de ilusión. Letras unidas en vocablos que invitaban a ser leídos con el alma. Con un alma abierta a la vida. A un mundo nuevo en el que cualquier cosa pudíera ser posible.

Y aquel papel provocó cosas increibles. Fue capaz de convertir una bañera en la playa de Madrid, un restaurante común en el más exquisito, unas velas en un atardecer y una tarta en una sonrisa indescriptible. Lo transformó todo en un perfecto estado armónico. Pero la belleza fue efímera. Se evaporó casi tan rápido como el portagonismo de aquel papel de regalo después de descubrir su contenido. Y todos aquellos sentimientos que pretendían provocar las palabras escritas se marchitaron. Pero quedó algo, una pequeña luz, quizá demasiado pequeña como para que nadie la viera. El diminuto resplandor que anuncia la muerte de una estrella, que permanecerá intacta durante el resto de los tiempos.

No hay comentarios: