martes, 26 de mayo de 2009

Carta desde el infinito

Esta noche recibí un sobre. Apareció como por arte de magia en mi mesilla de noche. Estaba dormida, soñando historias turbias fruto de la mala digestión de una noticia esperada. Y, de repente, algo me sobresaltó. Quizá fueran los gemidos de mis vecinos o quizá el leve sonido del papel al contactar con la madera barnizada. No lo sé. El caso es que entreabrí un ojo y allí estaba. Un sobre de tamaño estándar, tradicional, de los que se cierran en pico, sin sello, simplemente con un "Esther" en el centro, escrito a máquina.

Instintivamente busqué una presencia en la habitación. Todo parecía estar en orden. Agudicé el oído por si escuchaba algún sonido inquietante fuera del cuarto, pero nada. Todo estaba en calma. Y, por si acaso, miré debajo de la cama. Pensé en la posibilidad de que alguien hubiera abierto la compuerta hacia el Mundo Paralelo y se hubiera colado en mi territorio para darme una alegría. Pero no. Allí abajo, para mi desilusión, sólo había pelusa -¡Pero si barrí ayer!- despotriqué indignada.

El sobre seguía encima de la mesita, tan inofensivo y a la vez tan inquietante. Tomé la decisión de cogerlo, aún a riesgo de que pudiera morderme o algo parecido. Lo palpé, parecía haber una carta en su interior (¡menudo descubrimiento! a las 5 de la madrugada no se puede pedir rapidez mental). La curiosidad me impacientaba, giré el sobre buscando pistas. En el reverso leí "Desde el infinito".

¿El infinito me estaba manando una carta? No sabía que desde el infinito se puedieran mandar cartas. ¿Cómo había llegado ese sobre hasta mí? ¿Cuánto habría tardado en hacer tan largo viaje? ¿Quién se habría molestado en mandarme algo que ni siquiera sabía con exactitud que fuera a llegarme? ¿Alguien que me quiere? ¿Alguien que me cuida? ¿Alguien que me necesita? Las preguntas se dispararon en mi mente. Quizá fuera el amor de mi vida, atrapado en un eterno retorno, quien, a través del infinito, su aliado, pedía mi ayuda para salvarle de la pesadilla más grande a la que se habrá enfrentado jamás. ¿Y si es el infinito que ha secuestrado a mi amor y me pide un rescate que si no pago provocará que mi vida sea solitaria para el resto de los tiempos? ¿El infinito es bueno o es malo? ¿Y si abro la carta y todo empeora? ¿A caso puede empeorar más? Diría que no, pero, viendo lo visto, puedo asegurar que los límites del empeoramiento no existen.

Inmersa en un mar de dudas sólo tenía una cosa clara, quería abrir esa inesperada carta y leer su contenido. Siempre he querido que me escribieran y parecía que alguien lo había hecho, no podía desestimar el esfuerzo de quien se tomó tal molestia. ¿Quién podía ser? ¿Qué podía decir? Lo descubrí en el tiempo que tardé en ponerme las gafas:

"Querida Esther,
Soy tu corazón, la mitad de tu corazón, para ser exactos. Te escribo desde el infinito. Decidí venirme aquí aquella oscura tarde en que sentiste una punzada en tu pecho y creíste que todo se desmoronaba. Esa punzada fui yo, desprendiéndome de la otra mitad y yéndome sin rumbo. Pensarás que estoy lejos, el infinito suena a algo remoto, pero no es así, estoy más cerca de lo que piensas, aunque todavía no puedo volver. Quiero estar junto a ti y hacer que te sientas completa de nuevo. Es lo que más deseo. Pero, de momento, es imposible. Hay algo que me retiene aquí. Algo más grande que tú y que yo. Algo por lo que te sentirás orgullosa más adelante, cuando pases este trago. Confía en mí. Tienes que ser fuerte. Alíate con la mitad del corazón que todavía conservas, él es fuerte, cuidará de ti. No intentes hacer esto tú sola. Ten fe. Todo saldrá bien. Lograremos volver a reunirnos pronto y, entonces, viviremos, de nuevo juntos, sorprendentes aventuras. Lo sabes. Hemos pasado por esto antes. No hay de qué preocuparse. Poco a poco, reto a reto. Podrás hacerlo, lo sé.

No tardaré en volver, hasta entonces, intenta sobreponerte. Hasta pronto, princesa"

Noté cómo mi mano se posaba involuntariamente sobre mi pecho como queriéndo palpar el vacío. Y pensé "ahora debería llorar". Entonces mi corazón latió con fuerza. Y no lloré. Sólo me quedé esperando a que algo sucediera. Y sigo haciéndolo.

1 comentario:

Gus dijo...

Uaaaao, me encanta lo de la carta... Hace tiempo que yo también espero recibir correo desde el infinito ¡ojalá tenga suerte una noche de éstas!
Tú seguro que la tendrás pronto, confía en ello; las mitades de corazón nunca engañan, aunque se sientan un poco perdidas.
Un beso enorme!!!