domingo, 31 de mayo de 2009

Maybe the reason I survive...

Hoy afiné mi guitarra imaginaria para componer una nueva canción. Arranqué las viejas páginas invisibles de mi libreto de partituras. Nada de lo que había hecho antes tenía sentido ya, y quería que esta fuera la primera canción irreal que hubiera compuesto en toda mi vida. En el libreto quedaron restos de las páginas arrancadas, pero no importaba porque al abrir las tapas lo primero que iba a ver, desde hoy y hasta siempre, iba a ser LA canción.

Y, sin más, comencé a tocar algunos acordes. Iba creando la melodía según me indicaban los latidos de mi corazón. Al principio las notas sonaban leves, tímidas, como susurros o caricias casi imperceptibles. Poco a poco el sonido iba cobrando contundencia, sin olvidar el juego de los silencios y los altibajos inesperados. Trataba de explicar una historia que no se puede contar. Que es un secreto a voces. Y que ya no existe, ni siquera en los acordes de mi guitarra imaginaria. Una historia que quizá sea la razón por la que sobrevivo. Y, sin embargo, es la razón por la que voy muriendo. De las historias más bellas que una guitarra podría contar. Y de las más tristes que unas manos podrían escribir. Una historia como miles. Una historia única.

jueves, 28 de mayo de 2009

El resto de los tiempos

No hace mucho inventé un papel de regalo para envolver ciertos objetos especiales. Era un papel en blanco lleno de bellas palabras que pretendían transformar un día sin expectativas en uno sorprendente y lleno de ilusión. Letras unidas en vocablos que invitaban a ser leídos con el alma. Con un alma abierta a la vida. A un mundo nuevo en el que cualquier cosa pudíera ser posible.

Y aquel papel provocó cosas increibles. Fue capaz de convertir una bañera en la playa de Madrid, un restaurante común en el más exquisito, unas velas en un atardecer y una tarta en una sonrisa indescriptible. Lo transformó todo en un perfecto estado armónico. Pero la belleza fue efímera. Se evaporó casi tan rápido como el portagonismo de aquel papel de regalo después de descubrir su contenido. Y todos aquellos sentimientos que pretendían provocar las palabras escritas se marchitaron. Pero quedó algo, una pequeña luz, quizá demasiado pequeña como para que nadie la viera. El diminuto resplandor que anuncia la muerte de una estrella, que permanecerá intacta durante el resto de los tiempos.

martes, 26 de mayo de 2009

Carta desde el infinito

Esta noche recibí un sobre. Apareció como por arte de magia en mi mesilla de noche. Estaba dormida, soñando historias turbias fruto de la mala digestión de una noticia esperada. Y, de repente, algo me sobresaltó. Quizá fueran los gemidos de mis vecinos o quizá el leve sonido del papel al contactar con la madera barnizada. No lo sé. El caso es que entreabrí un ojo y allí estaba. Un sobre de tamaño estándar, tradicional, de los que se cierran en pico, sin sello, simplemente con un "Esther" en el centro, escrito a máquina.

Instintivamente busqué una presencia en la habitación. Todo parecía estar en orden. Agudicé el oído por si escuchaba algún sonido inquietante fuera del cuarto, pero nada. Todo estaba en calma. Y, por si acaso, miré debajo de la cama. Pensé en la posibilidad de que alguien hubiera abierto la compuerta hacia el Mundo Paralelo y se hubiera colado en mi territorio para darme una alegría. Pero no. Allí abajo, para mi desilusión, sólo había pelusa -¡Pero si barrí ayer!- despotriqué indignada.

El sobre seguía encima de la mesita, tan inofensivo y a la vez tan inquietante. Tomé la decisión de cogerlo, aún a riesgo de que pudiera morderme o algo parecido. Lo palpé, parecía haber una carta en su interior (¡menudo descubrimiento! a las 5 de la madrugada no se puede pedir rapidez mental). La curiosidad me impacientaba, giré el sobre buscando pistas. En el reverso leí "Desde el infinito".

¿El infinito me estaba manando una carta? No sabía que desde el infinito se puedieran mandar cartas. ¿Cómo había llegado ese sobre hasta mí? ¿Cuánto habría tardado en hacer tan largo viaje? ¿Quién se habría molestado en mandarme algo que ni siquiera sabía con exactitud que fuera a llegarme? ¿Alguien que me quiere? ¿Alguien que me cuida? ¿Alguien que me necesita? Las preguntas se dispararon en mi mente. Quizá fuera el amor de mi vida, atrapado en un eterno retorno, quien, a través del infinito, su aliado, pedía mi ayuda para salvarle de la pesadilla más grande a la que se habrá enfrentado jamás. ¿Y si es el infinito que ha secuestrado a mi amor y me pide un rescate que si no pago provocará que mi vida sea solitaria para el resto de los tiempos? ¿El infinito es bueno o es malo? ¿Y si abro la carta y todo empeora? ¿A caso puede empeorar más? Diría que no, pero, viendo lo visto, puedo asegurar que los límites del empeoramiento no existen.

Inmersa en un mar de dudas sólo tenía una cosa clara, quería abrir esa inesperada carta y leer su contenido. Siempre he querido que me escribieran y parecía que alguien lo había hecho, no podía desestimar el esfuerzo de quien se tomó tal molestia. ¿Quién podía ser? ¿Qué podía decir? Lo descubrí en el tiempo que tardé en ponerme las gafas:

"Querida Esther,
Soy tu corazón, la mitad de tu corazón, para ser exactos. Te escribo desde el infinito. Decidí venirme aquí aquella oscura tarde en que sentiste una punzada en tu pecho y creíste que todo se desmoronaba. Esa punzada fui yo, desprendiéndome de la otra mitad y yéndome sin rumbo. Pensarás que estoy lejos, el infinito suena a algo remoto, pero no es así, estoy más cerca de lo que piensas, aunque todavía no puedo volver. Quiero estar junto a ti y hacer que te sientas completa de nuevo. Es lo que más deseo. Pero, de momento, es imposible. Hay algo que me retiene aquí. Algo más grande que tú y que yo. Algo por lo que te sentirás orgullosa más adelante, cuando pases este trago. Confía en mí. Tienes que ser fuerte. Alíate con la mitad del corazón que todavía conservas, él es fuerte, cuidará de ti. No intentes hacer esto tú sola. Ten fe. Todo saldrá bien. Lograremos volver a reunirnos pronto y, entonces, viviremos, de nuevo juntos, sorprendentes aventuras. Lo sabes. Hemos pasado por esto antes. No hay de qué preocuparse. Poco a poco, reto a reto. Podrás hacerlo, lo sé.

No tardaré en volver, hasta entonces, intenta sobreponerte. Hasta pronto, princesa"

Noté cómo mi mano se posaba involuntariamente sobre mi pecho como queriéndo palpar el vacío. Y pensé "ahora debería llorar". Entonces mi corazón latió con fuerza. Y no lloré. Sólo me quedé esperando a que algo sucediera. Y sigo haciéndolo.

lunes, 25 de mayo de 2009

Mi máquina del tiempo

Ayer desempolvé mi vieja máquina para viajar en el tiempo. La tenía abandonada. Escondida bajo una enorme sábana sucia en el lugar más remoto de mi piso de Madrid. Ha pasado algún tiempo desde que la usé por última vez y pensé, más bien me prometí, no volver a recurrir a sus encantos. Pero "nunca digas jamás".

La descubrí tirando con fuerza de la sábana. El polvo cobró vida propia creando remolinos en suspensión. Cuando, por fin, el ambiente se desenturbió, la ví de nuevo. Enorme, imponente, llena de bombillitas, cables y cosas que ni siquiera sé cómo se llaman. Tecnología punta al alcance de mi mano. Me quedé un rato mirándola, admirándola, sabiendo que era mi último recurso. Mi salvación. Mi cabina telefónica, donde trasformarme, donde transformarlo todo.

Entré en ella, sin pensarlo. Quizá me deberían haber pasado algunas cosas importantes por la cabeza. Cosas como: ¿y si después de tanto tiempo su eficacia hubiera mermado? Ni lo pensé. Una vez dentro del mastodonte metálico observé la pantalla. Fecha: 24 de mayo / Hora: 23:58 / Destino: ?????

Introduje las coordenadas: 5 de abril de 2009 - 19:00h. Botón rojo - IR- Todo empezó a tambalearse, mi cuerpo temblaba descontrolado. Perdí la consciencia. Perdí los recuerdos de el último mes y medio. Y me planté en la tarde del día convenido. A pocas horas del punto de inflexión. Y sin saber, pero sabiéndolo en el fondo, tomé la decisión más sabia de mi vida. Mis manos se quedaron quietas, estáticas. Mi mirada fría y distante. Mi conversación neutra. Me dejé metida en la cama a las 7 de la mañana del día siguiente, descansando, tranquila, sin dudas ni emociones. Después de una noche sin novedades volví a meterme en la máquina del tiempo. Y regresé al 24 de mayo a las 23:58h.

En la soledad de mi hogar nada había cambiado en apariencia. Pero al observar con detenimiento eché de menos algunas cosas. Detalles de la decoración que habían desaparecido. Revisé el correo electrónico, nada, ni rastro. Me fui a dormir pensando en lo que descubriría al día siguiente.

Hoy, al despertar, seguía habiendo recuerdos imborrables...

sábado, 16 de mayo de 2009

Siete notas de inspiración

A veces no hace falta oír música para escucharla y, a veces, no hace falta escucharla para sentirla.

Esta mañana me levanté tarareando a Andrés (Calamaro). Recordé, de repente, su canción "Paloma". Para mí, la más bonita que habrá escrito una persona enamorada. "Mi vida fuimos a volar con un solo paracaídas, uno solo va a quedar volando a la deriva...Vivir así, no es vivir, esperando y esperando, porque vivir es jugar y yo quiero seguir jugando".

"Vivir es jugar", he pensado. Jugar. Repartir las cartas, echarles un vistazo rápido y, sin cambiar el semblante, escoger una estrategia. Quizá al principio muestres parte de tu juego, tímidamente, tanteando al "contrario". Si resulta sorprendido, muestras algo de seguridad en tu mirada, siempre guardando lo mejor para irlo desvelando a poquitos durante toda la partida. Pequeños chispazon de emoción. Sensaciones únicas que impactan directamente en la parte más sensible del cuerpo humano, la vulnerabilidad emocional. Trocitos de sorpresas que desmontan los esquemas prediseñados. Y así lograr mantener la ilusión el mayor tiempo posible.

Jugar. Arriesgar. Tomar el camino desconocido. Desbaratar la vida en un instante con la incierta seguridad de que todo podría ser mejor. Teniendo en cuenta que las cartas pueden cambiar en cualquier momento, el azar se puede volver en contra y lo que una vez fue una buena racha, en cualquier momento se puede convertir en "una mala mano". Pero nos da igual, preferimos arriesgar. Así nos convencemos de que podemos huir de la monotonía. Cada vez que saltamos con un solo paracaídas y sabemos que uno solo va a quedar volando a la deriva. Entonces la vida comienza a ser emocionante y tentadora.

miércoles, 13 de mayo de 2009

El nombre de la esperanza

Hoy, -otra vez escribo aquí como si de un diario se tratara- he dedicado un rato a pensar en alguien que no conozco. Una persona que es sólo un nombre para mí y, sin embargo, hoy por hoy posee las llaves del cofre donde se oculta mi esperanza. Ella, la desconocida, es la parte más certera de mi incertidumbre. Y ni siquiera he visto su rostro.

Está tan lejos, tan apartada y, a la vez, tan presente en mi vida. Se a convertido en algo desafiante y poderoso. Un ente que lo envuelve todo con su omnisciente presencia y que consigue hacer brotar mi sentimiento de culpabilidad. La imagino fuerte, rotunda, con la mente clara y firme en sus decisiones. Su personalidad me tiene cautivada aún sin conocer ni un ápice de sus rasgos, pensamientos, vivencias, creencias. Nada. Sólo sé su nombre. Corto, conciso, bello. Como la historia que ha terminado. Como la historia que ha tenído que terminar.

Al principio no me atrevía a pronunciarla. Pensaba que si lo evitaba también haría desaparecer todo lo que representa. Cuando la ingenuidad decidió abandonarme, entonces me dí cuenta de que detrás del nombre hay una persona. Y frente a la persona, un problema. Un asunto que puede dañarla sin merecerlo. Un indeseable suceso que tuve frente a mí alguna vez y que no le deseo a nadie.

Extrañamente empiezo a tenerle simpatía a ese nombre. Y, por extensión, a la persona que lo usa. Ella merece ser feliz, como yo. Ella merece una segunda oportunidad, como yo. Ella debe luchar por lo que quiere con uñas y dientes. Y ella debe ganar. Porque ella tiene algo que yo nunca tendré, el compromiso del amor eterno. Y cuando se le entrega eso a alguien, nadie debería ser capaz de robárselo. Si no ¿cómo seguir creyendo en el amor verdadero?

martes, 12 de mayo de 2009

Yo no lo sabía

"Que yo no lo sabía. Quién me lo iba a decir que sólo con tu sonreír inundarías todo mi ser de alegría..." (Elefantes, 'Que yo no lo sabía')

Hoy he soñado con ver un atardecer sentada frente al mar, hundiendo mis pies descalzos en la arena, sintiendo como la humedad se cuela entre mis dedos. He visto como el sol ha chocado cálidamente contra el mar quedando, durante unos segundos, unido por un mínimo punto, desafiando al equilibrio que nunca perderá. Poco a poco ha ido desapareciendo en el fondo del oscuro océano. Tan lento como el paso del tiempo sin verte.

Y como de una premonición se tratara, hoy mi día transcurre a cámara lenta. Todo el mundo se mueve demasiado rápido y yo demasiado lenta. Miro compulsivamente el reloj, con la esperanza de que a cada segundo haya pasado un minuto y a cada minuto haya pasado una hora. Siento mis labios sellados y me imagino a mí misma vista desde otros ojos. ¿Está triste, está tranquila, está pensando, está inmersa en su mundo? Está sin estar. En algún momento decidí hacer un viaje mental hasta otro lugar. Un lugar donde un sólo abrazo hace renacer la ilusión.

Desde hace algún tiempo perdí el don de la escritura. He descubierto sensaciones nunca experimentadas y lugares nunca escrutados. Y me perdía en la voluntad de escribir algo digno, a la altura de las cosas que carecen de altura. Cómo describir la perfecta imperfección. Los sueños. La vida en su color más brillante. Cómo transmitir la magia, los cosquilleos, las ganas, la fuerza. Cómo admitir que lo tienes rozando la yema de tus dedos y necesitas gritar, llamar su atención, atraerlo unos milímetros hacia ti para cogerlo y no soltarlo nunca más. Cómo asumir que tu felicidad deja de ser lo más importante. Y que lo que de verdad te importa es descubrir cómo hacer feliz a otra persona.

¿Y si las oportunidades no se recuperan? ¿Y si dejando pasar el tiempo, los segundos, las horas, lo más bonito que he visto en mi vida se desvaneciera? Trenes que pasan, días perdidos, noches solitarias. La certeza acaba siendo una gran duda, de nuevo. Y el consuelo se busca en el olvido, urgente y desesperadamente. Inútil y, sin embargo, sigue siendo la única salida.

Sigo sin darle respuesta a la pregunta y reprimo hasta el más imprevisible de los impulsos para ir desapareciendo poco a poco, como el sol, dentro del salado mar mediterráneo.

domingo, 3 de mayo de 2009

Gigante

"Este instante será sólo un recuerdo dentro de un momento..." (Facto Delafé y las Flores Azules)

Hoy Madrid amaneció soleado. Empiezo a pensar que se empeña en llevarle la contraria a mi estado de animo. Por las rendijas de la persiana se colaban los rayos en mi habitación mientras me desperezaba pensando en no pensar. Desayuno en mesa, llamada a mamá, ducha...Ropa cómoda, Ipod, llaves, móvil y a la calle.
El sol ardía en mi piel al son de los pasos que me acercaban al balcón de los sentimientos perdidos. Mi lugar favorito de esta ciudad que a veces se me vuelve tan sorprendente como traidora. Tardé en llegar. Me acompañaba música que lograba activar mi irracionalidad más profunda. Y empezaba a brotar desde el estómago y subiendo por la garganta la misma bocanada de impotencia que habré sentido en innumerables ocasiones, aunque esta vez se mezclaba con la serenidad de la experiencia ya vivida.
Desbordante sensación de inseguridad. Mil palabras en la mente esparcidas como un puzzle sin armar. Y al fin llegué. Me senté frente a la inmensidad, dejando a mi espalda el trajín de deportistas y familias viviendo un domingo más. Alrededor mío, se iba formando una burbuja imperceptible que me aislaba. Sólo estábamos yo, el sol, la música y el paisaje que se abría ante mis ojos.

Mirando a la inmensidad era inevitable pensar en mi pequeñez. ¿Cómo ser grande? ¿Cómo dejar huella? ¿Cómo ser algo más? Preguntas a las que no quise responder. De esas que hay tantas y tantas se quedan sin preguntar, sin explicar, dudas que nunca serán despejadas. Borrón y cuenta nueva. Cierre del ejercicio. Otra nueva margarita marchita, quizá.

Le volvía a dar vueltas. Y arrancaba de mí la convicción de querer vivir una vida de intensidad prolongada. Vivendo al día, me olvidé que existen rotos de temprana aparición. Otra lección. Me empeñé en ser ignorante. En hacer que las cosas evidentes no existieran. Que no hay mundo más allá de La Luz de la (esta) Mañana.

Acabo sin moraleja, ni frase de cierre. Porque hay historias que nunca terminarán, aunque nos empeñemos en darles la espalda. Siempre quedarán los restos rotos de un magnífico espectáculo de fuegos artificiales.