viernes, 24 de abril de 2009

Amor perdido, amor cobarde

Me pregunto cuántas personas habrán perdido el amor hoy. Cuántas personas habrán desistido en la lucha, se habrán aliado a la cobardía y habrán acatado las reglas como meros autómatas ¿Cuántos serán? ¿Uno? ¿Mil? ¿Millones? Todos distintos, diversos, con historias paralelas que avanzan al son de la desdicha.

Y ¿ahora qué? El mundo se para. Nada parece tener sentido. El tiempo pesa, la luz duele y dormir es el remedio al pensamiento. ¿Dónde se fue el amor? Se escapó entre los dedos, atado a las pesas del remordimiento. Se diluyó, se hizo líquido y se evaporó con el calor de la incipiente primavera.

Grito ahora por todas aquellas personas que, en silencio, se resignaron. Rompo las cadenas en favor de los instantes perdidos. Y sueño con La Luz de la Mañana. Quizá todo haya dejado de tener sentido en un momento u otro. Quizá sólo necesitemos saber que hemos cambiado la vida de alguien. Quizá no haya en el mundo palabras para describir el dolor de perder el amor. De mi vida, de su vida...

Y pienso en todas aquellas personas que ahora mismo desean estar en un único lugar. Lejano o cercano. Fuera de su hogar y, sin embargo, tan parecido. Un sitio donde se cumplen los sueños y se desvanece la preocupación. Un rincón en el mundo donde el tiempo no existe y nadie crece. Allí donde no hace falta comer, ni existe el aburrimiento, donde todo es especial dentro de su normalidad.

No me quito ese lugar de la mente...

martes, 21 de abril de 2009

Enfados monumentales

A veces sólo hace falta tropezar un poquito para darse cuenta de que podrías haberte partido los dientes. Perder el equilibrio y recuperar instantáneamente la postura, sin más consecuencias. Quizá una torcedura en el tobillo que te duele durante un par de días. O una leve molestia en la rodilla. Pero poca cosa. Nada comparado a la monumental hostia que te podrías haber dado de no haber reaccionado a tiempo.

De esto trata hoy mi vida. De darse cuenta a tiempo. De sentir que todo está yendo por el camino equivocado y saber rectificar. De las decepciones a gran escala y los enfados monumentales con uno mismo.

En qué momento tuve que pensar que ser especial tenía recompensa. En qué momento se me ocurrió creer que merecía algo más. Me da que vivo para recuperarme de mis caídas una y otra vez. Esa es mi misión y cada vez me cuesta menos. Belleza, decepción, dolor, recuperación. Tiempo récord para todo. Condensación absoluta y vuelta a empezar. Pero esta vez no lo hago de cero. Empiezo de uno. Se acabó ser la niña mona que da sin esperar. Ahora soy yo la que quiere más. ¿Quién se atreve a apostar?

lunes, 20 de abril de 2009

La bicha (y otras historias comunes)

Este fin de semana he estado bastante sensible al amor y al desamor. Y no porque yo esté siendo objeto de ambos, que también. Si no por empatía con mis amigos. Ha habido dos momentos muy especiales en estos días que merecen mención. Uno, la despedida de soltera de una personita excepcional. Se casa dentro de muy poco y su "familia" de Madrid quisimos hacerle un homenaje por su valentía.

El otro, la llamada intempestiva de un amigo en busca de algo parecido al consuelo. Todo ello me hizo pensar en la felicidad y la incertidumbre, el orgullo y la decepción. Lo bueno y lo malo de los sentimientos más intensos y más bellos. La cara y la cruz, para ser tópica.

Una reflexión que llega el fin de semana en el que lo menos importante, quizá, haya sido yo misma y mis propios sentimientos. Pero, la conexión con el sentir de los demás, de personas tan próximas, me ha lanzado al vacío de las incongruencias mentales.

Si bien estoy satisfecha con la vida, ésta sigue empeñándose en retorcer el alambre hasta limites insospechados. Veo claros los consejos que doy y me piden. Y detesto ser la única que no puede aconsejarme a mí. La subjetividad me nubla. La felicidad me embriaga. Incomprensiblemente transmito una paz que no tengo y una tranquilidad de la que no disfruto al 100%. Sin embargo, algo que no conocía me guía. Y hace que sea mejor que antes y tenga ilusión.

Ilusión por crear una cadena de mails divertidos a la novia que despide su soltería. Ilusión por decirle a un amigo que es un sol con pies y no merece que nadie le infravalore. Porque encontrará a su bicha. Y ya nada será lo mismo de siempre. :)

domingo, 19 de abril de 2009

Momentos fugaces

Hoy leí en un rincón secreto la frase "la chica más maravillosa del mundo" y por un instante quise ser ella.


Quizá ese sea el resumen de las últimas dos semanas...o quzá no.

sábado, 11 de abril de 2009

Cuatro musas



Hoy ha desvanecido otra musa en mí. Y ya van cuatro. Cuatro supuestas inspiradoras de enormes sentimientos. Cuatro supuestas provocadoras de los mejores deseos. Cuatro supuestas merecedoras de los más sorprendentes detalles.

Estúpida musa que nadie entiende. La resaca del sentimiento es otro cuadro sin finalizar. Trazado a grandes rasgos, apenas perfilado, con las pocas sensaciones que pudo provocar en el artista. Firmado con las palabras "lo siento", por si cabía alguna duda de la voluntad bondadosa del que rubricó. Abandonada. Quizá con más razón de la que pudiera llegar a soportar su corazón. Bella musa de ojos escandalosos. De mirada penetrante y frágil sentir. Sin maquillaje, al natural. Desnuda, sentada en una delicada silla de mimbre. El tiempo acaba de pararse y nievan virutas de carbón. Sin expresión, sin pasión, sin ganas, sin paciencia. Nada es ahora todo.

Otra musa caída, otra alma suspendida. Trocitos de ella se van con el talento egoísta del que quiso verla en su mejor papel, pero se olvidó de escuchar su profundidad. Maldita cobardía. Maldita intensidad. Maldito mundo interior. Una musa demasiado difícil de descifrar resulta cautivadora. Pero tristemente agotadora.

Ya van cuatro musas y ninguna logró conquistar al pintor. Ya van cuatro musas con cuatro lienzos sin terminar. Ya van cuatro musas con cuatro amores sin afianzar. Ya van cuatro musas.

viernes, 10 de abril de 2009

Piruletas y Globos

Empapada por la luz anaranjada de este cuarto casi vacío, pinto sueños en la pared. Fotos que voy colgando mentalmente y decoran el muro de la ilusión. Tiene toques de alegría, de amor, de amistad y tranquilidad. Sorpresas, días intensos, días perfectamente planeados y otros improvisados. Posee la luz de una playa solitaria a mediodía y el penetrante resplandor del reflejo de la luna en un lago en calma. Hay pompas de jabón, globos de helio, margaritas, algodón de azúcar, m&ms, lacasitos, piruletas y caramelos de chicle. Todo espolvoreado de confeti y aderezado con la importancia de las pequeñas cosas.

Hay algo de previsible y algo de impactante. Locura, caos, expectación. Hay sensaciones jamás contadas y otras que nunca se volverán a experimentar. Cosas indescriptibles y otras irreconocibles. Hay una vida pegada delante de mí. Con sus proyectos frustrados y sus grandes sueños por cumplir. Una vida llena de personas que merece la pena conocer día a día. Las que te apoyan, las que te sustentan, las que nunca se pierden, las que te encuentran, las que sufren contigo, con las que reír a la vez, las que te completan las frases y las que te roban las palabras de la boca. Seres especiales, como los días en que no pasa nada pero todo es increíble.

La vida, complicada y divertida, feroz y generosa, un abanico de emociones que descargar y un sinfín de caminos por cruzar. Un tesoro sin dueño y sin recompensa por el que vale la pena seguir luchando.

miércoles, 8 de abril de 2009

Cuento de hadas con principio feliz

Hay ángeles que pueden ascender de los infiernos y hay dragones que pueden descender del mismísimo cielo. Lo sé. Ví uno. Y me gustó. La historia es, cuanto menos, curiosa.

Andaba yo por las calles de Madrid habiéndome reconciliado (por fin) con la vida y derrochando sonrisa, cuando, sin venir a cuento, apareció una inquietante sombra detrás de mí. Miré de reojo, era un enorme dragón rojo siguiendo mis pasos. Me estaba custodiando, quizá pensando que era su princesa de cuento de hadas (sin torre y sin caballero dispuesto a jugarse el cuello por salvarme). El cuento era bien distinto ahora. La princesa caminaba, sin escolta real, por las ajetreadas calles de una urbe del siglo XXI. Asfalto, contaminación y gente de aquí para allá. Sólo unos pocos se percataron de la presencia del dragón, pero nadie supo a ciencia cierta cuales eran sus intenciones. Nadie excepto yo.

Identificada su presencia. No tarde mucho en darme cuenta de que había algo diferente en su mirada. Algo profundo, más allá de lo superficial. El dragón, cuyo historial confirmaba mis peores sospechas, delató un carisma altamente seductor. Me trasmitía serenidad en vez de miedo, seguridad en vez de inestabilidad, luz en vez de tinieblas. Era tan inesperado como real y tan real como imaginario. Un cúmulo de sorpresas escondidas en los pequeños gestos.

Chispeaba su mirada combinando toques de marrón y verde. Penetrante hasta enrojecer. Divertido y paradigmático. Una montaña rusa de sensaciones corrientes diseñadas especialmente para mí. Él continuaba pisando por donde yo pisaba, adelantándose en ocasiones, poniéndose a mi lado en otras, rozándome con su finísima piel de terciopelo rojizo, que hacía más sensible la mía. Era divertido, atento, encantador y siniestro a la vez. Parte de su encanto residía, según mi opinión, en un gran secreto que no ocultaba pero que mantenía en el anonimato. Durante nuestro paseo nunca se me ocurrió sonsacarle más información que la que él quiso darme. Y fue poca, pero tan brillante que mi corazón sobresaltado bombeaba con disparidad a cada palabra.

Prescindiendo del control, pasamos juntos horas que parecieron días. Entre confesiones, sin dar importancia a lo relavarte que parecía ser su presencia en mi vida, construimos un cuento de hadas atípico. Donde el final "y comieron perdices para siempre" desapareció...y el "fueron felices" se podía leer al principio de la historia. El cuento empezaba así: "Érase una vez una princesa y un dragón que eran felices..." No hay finales felices...Sólo principios felices.

domingo, 5 de abril de 2009

A dos kilómetros del Polo Norte

A dos kilómetros del Polo Norte hay un lugar donde no existe la mentira. Allí las personas dicen siempre lo que piensan con tanta honestidad que no hay lugar para los malos entendidos. Ni para el enfado, ni para la decepción, ni para la confusión. A dos kilómetros del Polo Norte hay una pequeña cabaña donde todo el mundo puede realizar sus deseos más ocultos, los que van en contra del devenir racional de la vida, los escondidos, relegados, desestimados, enquistados. A dos kilómetros del Polo Norte estoy yo. Sola. Quieta. Dejando que el frío quiebre mi delicada piel y me haga, por fin, sentir viva. Extiendo mis brazos como queriendo abrazar al tiempo para que pierda su noción. Y pare de una vez de correr hacía lo desconocido. Quédate quieto! Disfruta de este momento de plenitud. Sin dudas, sin miedo, sin madurez, sin raciocinio....Con la locura de una nueva aventura llena de felicidad escondida en puertas que abriré a cada paso que quiera dar hacia delante. Nada más y nada menos. Abrázame. Haz que merezca la pena tener ilusión por estar a dos kilómetros del Polo Norte, o de cualquier lugar recóndito.

miércoles, 1 de abril de 2009

Las mejores historias (A Mr.D.con admiración)

He descubierto que en el mundo hay soles que nunca se apagarán. Personas que logran sorprenderte ante la adversidad. Seres con los que contar cuando ya no quieres contar con nadie más. Héroes con problemas propios que sacan valor para rescatarte de tu pequeño mundo de intensidades emocionales. Mr. D. es una de esas personitas que envuelven con un lazo rojo cada instante compartido. Bajo esa superficie de chico despistado, se encuentran capas y capas de profundidades por descubrir. Es generoso, sincero y buenazo. Transmite calidez y esa extraña sensación de haber llegado a casa. Su mayor virtud es la originalidad con la que afronta los asuntos más escabrosos. Porque él sabe hacer de un mal día el más divertido de la historia. Tiene cierto toque misterioso que despierta interés más allá de la evidencia. Y pasear con él por las calles de Madrid es un placer. No sólo porque me gusta recurrir a él cuando tengo un problema. Si no porque sé que a él le gusta recurrir a mí cuando le sucede lo mismo. Es a quien mareo con mis idas y venidas. Y al que ayudo con mi facilidad de redacción. Posee una buena esencia en el mejor frasco y, sin dudarlo, la regala con todo el cariño que pude transmitir.

Escribiendo sobre él quiero regalarle algo que, según mi opinión, merece. Un trocito de lo que pienso sobre él, para que lo guarde y lo lea cuando todo parezca dejar de tener sentido. Quizá nuestros mundos lleven caminos paralelos que forzamos cruzar en un punto no muy lejano. Pero de ese choque se creó una bola de fuego que ilumina como un gran astro. Seguramente las mejores historias se escriban sin darnos cuenta. Y ésta es una de ellas.