sábado, 28 de marzo de 2009

El día que nunca exiistió

El día que nunca existió empezaba con un mensaje de cariño y un regalo especial, una flor quizá. Una margarita blanca recogida de un parque cualquiera. El día que nunca existió bebía un zumo al levantarme y leía una nota escondida entre las tostadas. Era una pista, el inicio de un juego que llevaba hasta una dirección. En el día que nunca existió no hubo momento en que desdibujara mi sonrisa de la cara. Fue el día en que me sentí más especial. En el día que nunca existió me dirigí al lugar indicado en el momento establecido. Era un piso. Di al timbre y alguien abrió la puerta. Me dió una nota. "No hay nada que no pudiera hacer por ti", leí. En el día que nunca existió había una habitación llena de pompas de jabón y velas, sonaba lo nuevo de Love of Lesbian y una lágrima de emoción caía por mi mejilla.

En el día que nunca existió lo más especial fue dejar de pensar en el amor para sentir como me invadía. Ese fue el día que nunca existió.

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