jueves, 5 de marzo de 2009

amar, amando, amado

Digan lo que digan el amor no está esperándome a la vuelta de la esquina. Digan lo que digan la persona predestinada no llegará cuando menos lo espere. Digan lo que digan no es fácil identificarlo, no lo sabré cuando aparezca, no será como una punzada en el corazón y la serenata silenciosa de un par de violines bien afinados.

Dijera lo que dijera, ahora sé que he estado enamorada dos veces en la vida. La primera fue bonita, inocente, necesaria y dramática. La segunda fue imprevista, desgarradora, intensa, sorprendente, llena de altibajos dignos de las grandes historias dramáticas de Hollywood, pero perfecta. Perfecta porque fue amor del bueno, del de duda y seguridad a la vez, del de abrazar y sentir que el mundo se para, del de separarse y ver como los edificios se derrumban de pena a cada paso que te separa de él. Amor del de llorar cuando pasas por su calle, del de sonreír cuando sabes que vuelve a estar pendiente de ti. Amor del de no olvidar, del que te provoca confusión, del que da miedo, del que acojona. Amor grande, surrealista, mágico, generoso y desinteresado.

El amor (en toda su grandiosa imperfección) lo alejé de mí no hace mucho. Porque me dolía amar, porque me quemaba amar, porque ser fuerte e independiente se suponía que iba más conmigo. Y me arrepentí. Sabía que pasaría pero miré a otro lado. Ahora, semanas después, mi corazón espera una señal. Mientras tanto la vida sigue.

1 comentario:

Gus dijo...

¡Para que luego digan algun@s que el amor no es bonito!