martes, 20 de enero de 2009

Can you read my mind?

Hoy ha sido un día distinto. En el trabajo las cosas parecen ir bien y eso me hace estar alegre, elocuente, divertida y optimista. Tal es el cambio de actitud que he salido una hora más tarde de la oficina y ni me ha importado, es más, diría que hasta he disfrutando de la reunión improvisada a útima hora. Después he vuelto en mi supercochealqueseleempañanloscristales. Escuchando mi música mientras conducía, la vida se reducía a la sencillez de aquel instante. The Killers, Vetusta, no sé, ha sonado de todo, de todo lo grande, de todo lo que me hace cantar a grito pelado aunque puedan estar viéndome por el retrovisor otros conductores. Creando coreografías gestuales con la cara, un brazo, el hombro subiendo y bajando al ritmo de la batería de Human, he disfrutado de unos minutos sin tensión.

Llegada a casa, hablo con mi madre (obligatorio), tiendo la ropa (en la lavadora desde ayer) y me hago la cena (la primera vez en ¿cuánto? ¿tanto? ¿si? ups! jeje :)Y al sofá, como antes, a cenar, a relajarme, a trastear en internet, a escribir mails a gente que tengo olvidada, a hacer nuevos amigos, generar nuevas ilusiones y estar tranquila. Hago una llamada, siento cierto temor a no estar haciendo lo que debo, se me pasa, hablo un rato, me siento bien pero nerviosa, es como haber dado un gigantesco paso hacia atrás pero sin la connotación negativa, todo lo contrario. Me gusta sentirme así. Me gusta que las cosas vayan despacio. Asumir de nuevo el control y sentirme bien en mi soledad.

Al colgar se me ocurre recuperar la vieja costumbre de escribir cada día en mejorquebien. Total que, como había hecho en tantas ocasiones, busco en Youtube una canción inspiradora. Y me acordé de esta. Os la dejo, quizá se os contagie parte de la magia que me eleva cuando la escucho. Porque yo también necesito recuperar la ilusión :)

Read my mind - The Killers

sábado, 17 de enero de 2009

Harvey, I love you

Ayer me enamoré de un sillón al que llamé "Hervey, mi amor". Harvey es una de las butacas masajeadoras que hay en el centro comercial Equinocio de Majadahonda. Nuestra historia de amor comenzó a la salida del cine. Anoche, en un afán por distraerme de los últimos acontecimientos fui a ver una peli, en compañía claro, seguramente la mejor que pueda existir.

Vimos una película que me resultó hábilmente aclaradora (Me llamo Harvey Milk) en este momento de mi vida. Trata sobre la lucha del movimiento gay y el primer líder político norteamericano abiertamente homosexual. Pues bien, el caso es que hay una escena en la que el protagonista (Sean Penn, qué grande eres!) se acuesta con un tío que acaba de conocer (Diego Luna y su fantástico cardado) y éste, después “del tema”, le dice "Harvey te quiero, te quiero, te quiero". A lo que mi compañía y yo nos miramos con cara de escepticismo (¿será porque ya no somos inocentes en esto del "amor"?). Total que al fin de la peli, después de derramar un par de lágrimas por Harvey, salimos de la sala, cubo de palomitas todavía en mano, en busca de nuevas sensaciones.

Un rato después encontramos a "Harvey, mi amor". Estaba junto a otros tres amigos. Mi amiga y yo decidimos tirar la casa por la ventana y acercarnos a ellos. Parecían querer encandilarnos con mensajes sutiles del tipo "relájate, masajes por un euro". En fin, que no pudimos resistirnos y nos sentamos. ¡Oh Harvey, qué maquinaria más perfecta! Aquel sillón comenzó a masajearme la espalda, las piernas, los pies... Y mi compañía y yo no podíamos dejar de reír y hablar relajadamente de todo. Y cuando mi seductor sillón comenzó a tocarme el culo, la explosión de carcajadas fue incontenible. ¡Este sillón se está propasando!.....El tembleque terminó y con él el masaje. Así que inmersa en una profunda relajación física y mental, acaricié la piel de aquel mágico sillón y le susurré "Harvey, te quiero, te quiero, te quiero"...... Y volví a llorar, esta vez de la risa!!
:)

viernes, 16 de enero de 2009

El Gran Juego de Mejorquebien

Hace no mucho tiempo inventé "El Gran Juego de Mejorquebien". Lo hice sobre la marcha, un día, sin demasiado tiempo libre pero con una ilusión desmesurada. El juego consistía en al envío de varios mails que contenían diversas pruebas, divertidas y entretenidas, que el concursante debía realizar en un tiempo determinado. Si las terminaba con éxito lograba un vale deseo (que podía canjear por lo que quisiera, siempre y cuando fuera algo alcanzable) y continuaba en la competición para llevarse el premio definitivo, el tesoro.

Aquel, fue uno de los días más especiales de mi vida. Y hoy lo recuerdo como algo lejano. Parece que la magia se ha apagado como lo hace una bombilla al fundirse, de repente. Como si alguien, quizá sin querer, se estuviera llevando parte de esa ilusión con su frialdad, con su desinterés, con distancia. Y no puedo reprochárselo, sólo sentirlo dentro, como me come, como me consume, como se me agarra y retuerce hasta doler.

Y, a pesar de hacer lo que hago siempre, regodearme en lo que creo que es "mi" desgracia, me doy cuenta de que soy más fuerte de lo que creía. Puedo contener mi furia y mi rabia, puedo ser mejor de lo que he sido, porque me lo estoy demostrando y porque la gente que me quiere nunca falla. Pero, me conozco para bien y me conozco para mal. Y sé, también, que esto marca, deja huella. Porque la marea nunca vuelve a dejar las cosas en su lugar.

martes, 13 de enero de 2009

Sin sonrisa

Recupero la inspiración cuando menos ganas tengo de escribir. Hoy, que prometía ser un día duro, ha acabado siendo peor. Lo que iba a terminar, se quedó en el aire, y cuando volví a resolverlo, entonces acabó de quebrarse. Pobre equilibrista sin red, sin arnés, sin palabras. Pobre estómago y pobres ojos. Los nervios y las lágrimas nunca fueron grata compañía. Emoción y valor, indecisión y frialdad, huída y retorno. No puedo respirar, me ahogo. Y es la soledad mi mejor compañía. Quizá hable de tristeza, quizá de desamor, quizá de torpeza o de exageración. Quizá sea un sueño pesado o un larguísimo despertar. Duro, lento, inquietante....

¿Por qué cuando no vuelvo debía haber regresado y cuando regreso nunca debí haber vuelto?