lunes, 28 de diciembre de 2009

Giros argumentales

Llevo días dándole vueltas a la cabeza. Ideando secuencias de una película que podría ser la vida que elegí. Escenas que representan aquello que se supone que llevo esperando toda mi existencia. Las cosas que deseaba, las vivencias que siempre quise experimentar, las personas que soñé conocer. Sucede en mi mente y sucede en la realidad, sólo que con matices algo diferentes. En mi imaginación soy feliz, en la realidad quiero y deseo serlo, pero no estoy segura de si es un fin alacanzable o una cabezonería. En mi imaginación el centro de la atención que quiero atender soy yo, en la realidad cuesta creer que el centro de la atención que quiero atender sea yo. En mi imaginación las palabras están al mismo nivel que los gestos, en la realidad el silencio retumba cuanto más inútil es.
Y en mitad de los pensamientos aparecen giros argumentales que cambian la película. La historia se altera y el mundo, que dejó de girar por ti, vuelve a hacerlo gracias al empeño de querer encontrar lo que es inalcanzable. Quizá haya apostado de nuevo para perder. Pero mi valor sigue en alza.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

La puerta de atrás del mundo

Creo que le he encontrado la puerta de atrás al mundo. Fue sin querer. Estaba apoyada en la pared de la tierra cuando, de golpe y sin esperarlo, algo detrás de mí se desencajó. Giré mi cabeza con indecisión, pensando que alguien me estaba gastando una broma y que lo que me parecía que había pasado no había ocurrido en realidad. Todo mi cuerpo experimentó una tensión sin precedentes, muy parecida a la que se siente en el preciso momento en que alguien sale de su escondite y te da un susto de muerte. La intriga, como suele ocurrirme siempre, era el carburante de mi curiosidad. Y no había forma de salir corriendo huyendo de lo desconocido.

Cuando mi vista logró enfocar la situación, unos tenues destellos se colaban por cuatro rendijas que formaban un rectángulo vertical. Era raro, sí. Pero absolutamente seductor, por otra parte. Apoyé mi mano con cuidado y el interior del rectángulo se desmoronó. Sin moverme miré hacia ambos lados como si hubiera cometido una indiscreción. Nadie miraba. Esbocé una leve sonrisa de quien no ha roto un plato y en realidad a destrozado una docena. Malvada picardía. Sólo podía pensar en una cosa ¿qué habría detrás del mundo?

Medité durante unos breves segundos. Ojalá detrás del mundo haya cosas inimaginables para la mente humana, pensé. Ojalá existan sentimientos más placenteros que el mayor de los placeres. Ojalá exista felicidad absoluta, risa sinfín, bondad y pasión a borbotones. Ojalá la gente no esté predestinada a salir de un lío para meterse en otro. Ojalá....Y entre ojalases me perdí. Me había quedado absorta frente al agujero en forma de puerta que se abría ante a mí. Absorta en mis deseos y mis complicadas conexiones cerebrales. Absorta en mi limitado conocimiento de las cosas. Absorta en mí.

Un ruido atrajo mi mirada y dejé de custodiar la puerta trasera del mundo por unos momentos. Al reincorporar mi atención, la puerta de escape había desaparecido. Allí me quedé, de pié, decepcionada por haber perdido la oportunidad de descubrir algo diferente. Sabiendo que mi vida después de aquel descubrimiento incompleto nunca volvería a ser la misma. Intuyendo que las cosas pasan por alguna razón, aunque sea sólo la de hacernos reaccionar hacia una dirección determinada. Las moralejas están a la vuelta de la esquina. Y los sueños, los sueños en todas partes.

martes, 15 de diciembre de 2009

Dias únicos

Mientras saboreaba una piruleta de fresa ácida en forma de corazón pensaba, esta tarde, en la felicidad. Notaba como mis labios pegajosos se pringaban del dulzor de aquel caramelo que, intuía, dejaba un rastro rojizo en mi lengua. Sigo disfrutando de las sensaciones infantiles, lo noto en mi mirada pícara cuando siento la emoción de un instante singular. Es el valor de las pequeñas cosas. Ese contacto fugaz con la piel de un ser especial y el mundo que no para de girar sobre tu eje, como si todos menos tú hubieran subido al tiovivo. Una mirada de deseo y del suelo inerte empiezan a brotar flores de colores vivos, árboles incluso, vida que engalana el paralizante placer. Te sube por los dedos de los pies como una raíz que te va atrapando y termina explotando en tu boca en forma de carcajada incontenible. Es el mareo de la alegría. Perder fuelle, dejarse caer sabiendo que una nube de azúcar te recogerá.

Notarás que ha llegado cuando dejes de pensar en ello. Si lo buscas escapará de tu alcance. Si lo olvidas volverá a ti de maneras imprevisibles. Es el sentido del sinsentido. Si esperas no llega. Si llega no esperes. Sonarán los tambores anunciando el gran evento popular. La nieve caerá sobre tu mágica parcela de felicidad. Sentirás lo mejor del verano, de la primavera, del otoño y del invierno. Bocanadas de calido aire refrescante invadirán tus rincones. Y entrará la luz. Saldrá el sol y brillará la luna. De nada valdrá tratar de explicarlo, porque está hecho para sentirlo.

Y terminaba mi sabroso caramelo recuperando las capturas de mi antigua felicidad y preparando el objetivo para las nuevas formas de experimentarla. Porque malos días hay muchos, pero buenos, de esos hay tan pocos que de pocos son únicos. ¡Disfruta!

sábado, 12 de diciembre de 2009

Seguiremos siendo valientes

Son pocas las personas que te cambian la vida. Y aún son menos las que saben que lo han hecho. Es complicado hablar de sentimientos cuando son los própios, y demasiado fácil hacerlo cuando se trata de los de otros. Llegamos a ser los mejores consejeros para los demás y pésimos analizadores de nuestro devenir. Y no es por la subjetividad, no es porque nuestro caso sea diferente, es por miedo. El miedo nos ata, nos amordaza, nos ciega y nos limita. El miedo nos paraliza, nos enfría, nos encierra y nos desmorona.

Miedo a ganar para luego perder. Miedo a convertirnos en poseedores de todo para ser despojados después. Miedo a quedar en rídiculo, a que vean desde fuera al tonto que sabes que llevas dentro. Miedo a desarticular las palabras, a no ser entendido, a empeorar las circumstancias. Miedo al rechazo y a la aceptación.

Es la fuerza de una decisión la que puede derrumbar ese muro de miedo que se construye de forma instantánea. Sólo hay que saber si estamos preparados para enfrentarnos a lo que pueda haber escondido destrás. Si tenemos voluntad, agallas y fortaleza suficiente lograremos derribar el muro. Pero ese sólo será el primer paso, luego hay que seguir luchando por no retroceder.

Complicado resulta hallar la seguridad y el espíritu suficiente como para encararse al miedo. Muchas veces son otras personas las que nos regalan esa fuerza necesaria y nos empujan sin darnos cuenta a mirar más allá de los muros que delimitan nuestra agilidad emocional. Son ellas las que nos regalan un horizonte más optimista y ellas las que provocan el punto de inflexión.
Por ellas, por las personas que cambian nuestras vidas, seguiremos siendo valientes.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Imaginarios de aspecto real

Reconozco tener una desbordante imaginación. Y no es porque sueñe despierta, que a veces lo hago. No es porque me invente mundos de fantasía, que a veces lo hago. No es porque esté todo el día meditando sobre fábulas de discutible fundamento racional, que a veces lo hago.
Lo hago a veces y a veces me riño por hacerlo. Porque el cuerdo es el que más sufre en el mundo de los locos. Y el loco el que más sufre en el mundo de los cuerdos.


En ocasiones se me desdibujan las lineas de tiza que marcan el fin de lo racional y el comienzo de la imaginación. Es como si un ente desconocido pasara su mano por encima de mi pizarra, donde se organiza mi mundo, y arrastrara el blanco por toda la superficie. Cuando eso ocurre pierdo las referencias y me desespero en el intento de descifrar lo que es real y lo que no. Lo que está sucediendo de verdad de lo que sólo ocurre en mi mente. Y me encuantro buscando la complicidad del que puede devolverme con suavidad al inicio de todo.


Despierto del sueño justo antes de precipitarme al vacío. Siempre es igual. Voy leyendo en voz alta las advertencias que se me aparecen en forma de señales luminosas. Están ahí, soy capaz de verlas y, sin embargo, hago caso omiso. Estoy por encima de las limitaciones, por encima del miedo y de los destrozos. Averías que se acumulan tras cientos de pasos erróneos.
Ya son demasiados descensos y demasiadas escaladas. Tantas veces hice el mismo camino que por la ladera de la montaña empieza a formarse una senda más o menos cómoda de seguir. Algunas veces interrumpida por desprendimientos imprevistos que me hacen retroceder o inclusio empezar de cero. Cada vez más cansada, cada vez más desganada, cada vez más escéptica.

Quizá mi destino sea, al fin y al cabo, no llegar nunca a la cumbre. A lo mejor mi cometido consista en desprender mi fantasía a lo largo de la escalada para que vayan brotando las semillas que se convertirán en los árboles que frenarán los desprendimientos. Y así volver a encarar el camino con otra mirada, con más optimismo, motivada por la idea de que esta vez será distinto. De que cada nueva vez será distinta. Porque, quizá, esta vez lluevan razones de peso. Porque, quizá ahora conseguir lo que uno quiera sea tan fácil como desearlo. Porque, quizá, alguien encuentre en mi imaginación una razón para dejar volar la suya.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Magia

La magia no se ve, se siente.

Magia es creer que puede existir algo tan increíble y fuera de nuestro control que logre desencajar todos nuestros esquemas. Magia es brillo en los ojos, sonrisa permanente y emoción, mucha emoción. Nervios, inquietud, desesperación. Magia es aspirar a la belleza absoluta de las cosas menos bellas. Desear conocer lo que nunca conoceremos. Anhelar ser exploradores de lo inexplicable, no por darle explicación si no por el mero gozo de experimentar el maravilloso caos que nunca llegará a ser orden.

La magia viene y va. Como la moneda en las manos del mago, nunca sabes donde terminará. En el bolsillo de cualquier espectador escogido al azar, en la nariz de una niña o dentro de un bote heméticamente cerrado. Magia es improvisación cuidada al detalle. Magia es no tener ni idea. Magia es una flor, un suspiro, una palabra. Magia es un instante bien encontrado. Magia es aspirar a cambiar el mundo de otra persona. Magia es ilusión, fugacidad, instante.

Magia son las maracas de la vida que retumban a cada empujón de voluntad. Magia es el golpe que resolverá la duda. Magia es regalar tus triunfos a los demás. Magia es vivir sabiendo que será la última vez que vivas. Magia es ser lo que quieres ser para los demás y lo que los demás son para ti. Magia son las segundas o terceras o cuartas oportunidades. Magia es amor sin condiciones cuando la única condición es amar.

Magia es todo y, sin embargo, se convierte en nada cuando alguien no sabe qué es magia.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Moderando las palabras

Me resulta muy interesante ver como las personas cambian a lo largo de su vida. Aunque es difícil tener la oportunidad de compartir con alguien el tiempo suficiente como para apreciar esas variaciones en su actitud, su forma de pensar e incluso de expresarse. Y, aún compartiendo ese tiempo, me imagino que los cambios son tan mínimos en el día a día que hasta pasados años y con la referencia inicial para comparar se puede llegar a la conclusión de que una persona ha cambiado, es diferente.

Curioso, también, el adjetivo “diferente”. Muchas veces he pensado en todos los usos que le damos a esta palabra. La utilizamos sobre todo para definir a alguien que no comparte nuestros puntos de vista. Pero pocas veces nos la hacemos propia. Me gustaría ser diferente y, sin embargo, los diferentes siempre son los demás. Los que consiguen destacar, impregnar su espíritu único en otras personas, ya sea para ser alabado o ser criticado. Al fin y al cabo lo importante es permanecer.

Otro de los usos que le encuentro a la expresión “diferente” es como salvoconducto. Reconozco haber recurrido alguna vez a la frase “no nos entendemos porque somos demasiado diferentes”. Y reconozco, también, haberla usado como mera excusa para terminar una discusión en la que se me han acabado los argumentos. Quizá, sea más bien el último golpe de efecto que consiga reconducir la situación hacia un esfuerzo por el entendimiento mutuo. Pero de sobras sabemos que no todo el mundo está preparado para reaccionar rápidamente a una bola que se desvía de su trayectoria habitual.

El entendimiento es otro de los puntos conflictivos en juego. Me sobrepasa la incomprensión. Los sinsentidos son mi talón de Aquiles. Y, sin embargo, vivo mi etapa más comprensiva. Siempre necesité entender, siempre pedí explicaciones cuando las cosas resultaban desencajadas. Tuve la fortaleza para enfrentarme a la resignación y la ignorancia. Siempre controlando la adversidad mediante el conocimiento. Tejí una red perfectamente entrelazada donde mantener mi status quo. Y las veces que alguien retó mi sed informativa cerré las puertas. Pocas veces resulté comprensiva más que en aquellos años en los que no había experiencia previa.

Y ahora me veo en la tesitura del que gana perdiendo. He perdido en palabra, en belleza comunicativa, en delirio oral. Por contra he ganado en expresión no verbal. El conflicto llega en la interpretación. Cuando la comunicación no verbal se lleva a las palabras y estas no consiguen transmitir lo mismo, el desvarío se vuelve desconfianza y la desconfianza se torna desaliento. Es entonces cuando me resulta complicado luchar contra lo que siempre fui, contra lo que siempre busqué en los demás. Y sin embargo, la gente cambia.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Puentes y otras construcciones

“No voy a pensar”, es una frase que, creí, nunca saldría de mi boca. ¡Qué ingenuidad la mía!

Estaba segura de que no llegaría el día en el que ni pudiera ni quisiera pensar. Yo, que siempre me caractericé por “darle demasiadas vueltas” a todo. Yo, que analizaba cada sílaba, de cada palabra, de cada frase, para cotejarla con mi experiencia pasada y darle un sentido que sólo yo entendía. La que se empeñaba en creer que existía un mundo perfecto en el que las personas se entendían y no hacía falta esforzarse por nada, porque todo lo que se hiciera sería fruto de la motivación y la ilusión. Un mundo en el que nunca se hablara de resignación y en el que “bastante bueno” no fuera suficiente.

Realmente estaba convencida de que existía la compatibilidad absoluta, las mariposas, el soñar despierto. Convencida de la existencia de ese sentimiento tan profundo y tan frágil a la vez, que aterroriza incluso respirar por si el simple movimiento del aire pudiera perturbar tan maravillosa sensación.

Empecé soñándolo y terminé creyéndolo con tanta convicción que mi objetivo vital era encontrarlo. El amor de los románticos, el amor de locura, el amor de desazón. El de subirse por las paredes, de deshelar los polos, de encontrarle el placer al sufrimiento. Amor de fuego, de incontinencia verbal, de dolor y resurrección. Enorme amor de madurez inmadura por el que merece la pena quedar suspendido a 2 metros de los cocodrilos, sobre un fino alambre, haciendo equilibrios con la pasión y el sosiego. Relajada inquietud. Disparos de velocidades supersónicas. Asumiendo a cada momento el papel de herido y el de doctor. Palabrería difícil que se vuelve fácil. Sentimientos que son únicos en cada ocasión.

Y, como me ocurre con bastante frecuencia, la vida se ha empeñado en ser tajante conmigo. Después de mucho desvarío mi mente surcaba mares estancos. Y aunque inquietud es lo que soy, estaba agradecida por la rutina adquirida. Un ratito de monotonía no hace daño a nadie, la verdad. Pero fue entonces cuando la vida, por enésima vez, decidió cortarme el rollo. No contenta con el abismo que había instalado en mi camino, se burlaba de mí colocando justo en el borde los materiales con los que, se supone, iba a ser capaz de construir un puente que me permitiera seguir hacia delante. Otra vez tenía que idear la forma de salir airosa de un nuevo reto. Durante un tiempo, por cansancio y desesperación, me negué a pensar en soluciones. Acampé al borde del abismo, corriendo el riesgo de caer en cualquier momento. Me senté y esperé, con el temor en el cuerpo y la tensión del que no controla su porvenir. Me expuse a cualquier cosa y fue cuando cualquier cosa pasó. Así que una mañana me levanté y pensé en cómo llegar al otro lado.

Todavía no tengo claro qué debo hacer para seguir adelante, pero desde luego “no pensar en ello” no es la mejor opción.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Mundos

A veces nos empeñamos en tomar decisiones, en definir las cosas que quizá no tengan definición. Nos aferramos a los cuatro parámetros conocidos y clasificamos todo equello que nos sucede como si tuviera que pertenecer al mundo de lo ya experimentado. Nos da pánico no controlar las situaciones, encontrarnos con problemas que nunca hemos resuelto antes.

Sucede en múltiples facetas de la vida. Las primeras veces nunca son fácilies. Pero menos fáciles son cuando resultan verdaderamente nuevas. Es cuando preferimos aferrarnos a lo malo conocido antes que a lo bueno por conocer. Y aunque nuestro interior grite en rebeldía atraído por la fántastica visión de lo que nunca tuvimos, sigue asustándonos desbaratar unos esquemas que a fuerza de los años se han afianzado con demasiada naturalidad. Y que, siendo correctos o incorrectos, son nuestros y por ello los sentimos como la única dirección a seguir.

Estos días he pensado mucho en ese pequeño mundo subjetivo que todos llevamos en la cabeza. Un mundo creado a nuestro gusto, con personas perfectamente definidas a nuestra imagen y semejanza, seres que piensan, hablan y sienten como nosotros. Un mundo en el que el dolor no existe y todo adquiere una dimensión tan ideal como irreal. Pero, al fin y al cabo, es nuestro mundo. El que explota en mil pedazos cuando nos damos de bruces contra lo real. El que nos permite caminar hacia adelante en busca de algo mejor y nos hace retroceder cuando lo que conocemos no se ajusta a sus parámetros. Ese mundo que nos empeñamos en proteger de la adversidad y que en ese afán por aislarlo acabamos encerrándonos en nosotros mismos.

Hay todo un mundo real por descubrir ahí fuera. Un mundo de cosas nuevas jamás conocidas, cosas que son distintas a lo que ya habremos vivido. Cosas que asustan, que duelen, que activan las emociones, las lágrimas, las inseguridades. Cosas que nos hacen sentir vivos. Y la vida, lo digo por experiencia, es el mejor regalo que nadie nos habrá podido hacer nunca.

Sigo viviendo...

lunes, 16 de noviembre de 2009

El amanecer

Hoy han caido piedrecitas del cielo. Eran pequeños fragmentos que, no hace mucho, formaron parte de una enorme roca. Un imponente meteorito que en su viaje estelar a la velocidad de la luz encontró a su paso otro meteorito. El choque fue brutal. Tanto que hasta se experimentó un pequeño temblor en los planetas más lejanos. Luego el espacio se ensució de polvo y este fue absorviendo poco a poco los elementos galácticos. Se hizo la oscuridad en la mayoría de los cielos.

Aquí, en la Tierra, pocos han notado el efecto del impacto. Seguramente sólo lo haya notado yo. He visto como el cielo se volvía marron y caían pequeñisimas piedras encima de mi cabeza. El molesto devenir de la situación me ha inquietado. La repentina llegada de la oscuridad, después de los días de mayor luminisidad, me ha pillado desprevenida. La incertidumbre de no sabes de dónde salía todo aquel penetrante polvo que mermaba mis ánimos, me entristecía. Lloré y mis mejillas se llenaron de barro. Arcilla con la que he decidido moldear un nuevo amanecer.

Es cuando he cogido mi escoba y me he puesto a barrer, esperándo que cayera más polvo para seguir barriendo y así hasta conseguir que todo esté reluciente de nuevo. Y quizá, cuando haya logrado tenerlo todo limpio, los ultimos restos del impacto estelar caigan sin esperarlo. Porque la amenaza de la oscuridad siempre está ahí. Por eso empuñaré mi escoba como si de una espada se tratara y lograré enfrentarme al temible dragón. Con fuerza y temperamento. Con decisión y rotundidad. Con alegría y perseverancia. Siempre con la vista puesta en el siguiente amanecer.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Desorganizándome

No me gustan las listas de la compra, ni los planes a meses vista. No me gustan los preparativos, ni las agendas. No me gustan las cuadrículas, ni las categorías. Me gusta la improvisación y la espontaneidad. Me gusta el caos. Me gusta mi caos.

Por fin encontré el equilibrio perfecto entre el mundo y mis circunstancias. No ha sido fácil, tampoco difícil. Simplemente fue el resultado del paso del tiempo y el querer entenderme, a poder ser antes de intentar entender a los demás. Siempre me lo habían dicho y nunca hice caso: para convencer a otros sólo tienes que saber tú mismo de qué les estás hablando. Es así. Me conozco, sé lo que quiero, lo tengo claro, estoy convencida. A partir de ahí, cualquiera de mis argumentos tiene fundamentos suficientes como para ser tomado en cuenta.

Directa, honesta, implacable. Dicen que poseo un no se qué hipnótico difícil de describir. No lo creo. Quizá simplemente se trate de un espejismo provocado por la decisión con la que defiendo mi diálogo. Despilfarro verborrea a cambio de entendimiento. Y así logro apaciguar el insaciable monstruo interior que despierta feroz en situaciones de emergencia. Maldita y bendita imprudencia.

No sé hacia donde me llevan mis pasos. Eso es lo mejor de todo. Sin planes, sin expectativas que puedan frustrarse. Sin embargo todos necesitamos marcarnos un objetivo a largo plazo, una meta que alcanzar. Y al marcárnosla sólo tenemos ojos y voluntad para ella, sin ser conscientes de todo lo que nos dejamos en el camino. Mirar hacia adelante es bueno, aunque de vez en cuando no viene mal echar un vistazo alrededor.

A mi alrededor sigue habiendo caos. Me gusta mi caos.

jueves, 29 de octubre de 2009

Mi mundo al revés

Hoy es un día de esos en los que *mejorquebien recupera su lado más intimo. Como si del susurrar de un secreto se tratara, balbuceo las pocas palabras que no habré dicho aún. Descubro secretos que se escapan entre la levedad de mi silencio. Y, aún sin tener nada que compartir, deconstruyo los últimos acontecimientos en busca de lo que me hará resurgir...

Realidad irreal. Siempre dándole una vuelta de tuerca más a la locura, siempre inconformista. Impaciente reina de un mundo de carne en hueso. Ciertas conexiones neuronales derivan en escalofrío. Y la gente sigue corriendo desnuda por la calle. Lo hacen sin pudor, deshinibidas por el sinsentido. Entre la muchedubre despojada, unos pocos lucen su vestimenta en rebeldía.

Bienvenido a mi mundo al revés. Donde el sentido es la locura de los cuerdos.

jueves, 22 de octubre de 2009

La superación del amor

Nunca me atreví a romper todos aquellos "te quiero" escritos en cientos de papeles. No sé todavía por qué los conservaba en ese cajón cercano a mi lado de la cama. Seguramente una vez los escondería allí con la ilusión de que volvieran a tener sentido. Y hoy, años después, reaparecen en un contexto sin sentido.

Creí que nunca sería capaz de volver a leer todas estas notas. Las que ahora se desperdigan por mi sofá, en esta noche de lluvia y decisiones tomadas. Ya ni era capaz de recordar su contenido. Y al volver a repasarlas, se proyecta la película de una vida demasiado lejana para ser real.

Incontables declaraciones de amor, de felicidad, de gratitud. Innumerables post-it pegados en cualquier rincón de un piso compartido, convivido, a modo de recordatorio romántico. Ha pasado tanto ya que no recuerdo cuán enamorada estaba. Hago un esfuerzo por rememorar aquel tiempo de dicha entredicha. Y siento una superficial tristeza al pensar en lo efímero de tanto sentimiento y lo valioso de las decisiones tomadas.

Miro a mi alrededor y veo un piso acogedor, con un toque a bahúl de los recuerdos presentes. Veo una chica sentada en un sofá azul, escribiendo con energía en su ordenador, escuchando la melodía electro pop de su último descubrimiento musical. Veo unos calcetines a rallas y unos pies que se mueven al ritmo de la música. Intuyo una leve sonrisa en su cara, orgullo de haber superado por sí misma un día de desánimo generalizado. Una niña grande tranquila en su soledad.

Y mientras recupero las esperanzas detonadas pienso en qué hacer con todo este amor de papel. Me sigue dando pena hacerlo desaparecer y, sin embargo, desapareció hace mucho tiempo ya. Porque aunque el amor se acabe, el rencor sólo termina cuando eres capaz de valorar cuanto te pudo amar la otra persona, ocurriera lo que ocurriera después.

martes, 20 de octubre de 2009

Si estás tú

El mundo ha desaparecido. El mundo se ha desintegrado. El mundo ha expirado.

Ya no hay árboles, ni casas, ni personas. Ya no hay puentes, ni paisajes, ni coches. Ya no hay música, ni palabras, ni secretos. Sólo hay luz. Luz blanca, brillante, cegadora. Luz resplandeciente. Luz.

Ya no hay piedras, ni semáforos, ni despistes. Ya no hay tormentas, ni palomas, ni fuentes. Ya no hay viento, ni colores, ni sabores. Sólo hay silencio. Silencio tranquilo, suave, magestuoso. Silencio eterno. Silencio.

¿Y qué más da? Pienso mientras veo desaparecer todas las cosas. Qué más da que no haya nada si estás tú para que nada sea todo.

Una palabra bonita

Un día alguien escribirá una canción que me haga llorar de felicidad. Es lo que solía pensar, no hace mucho, sentada en aquel, ya mítico, banco de la Dehesa de la Villa, donde tantas horas habré dedicado a soñar en la conjunción de los astros. Donde le pedí una vez al destino que me ofreciera la mayor de las dichas. Desde donde despegué hacia aventuras imaginarias una y mil veces.

Alguien verá mi esencia, la creerá especial y querrá hacerla inmortal en la letra de una bella melodía. Alegre y melancólica a la vez. Sosegada y movida. Despierta y dormida. Frágil y fuerte. Valiente y cobarde. Todo y nada.

Si alguna vez ocurriera. Si mis sueños se realizaran y el mundo por fin resultara ser todo lo increible que es capaz de ser. En ese mismo momento se romperían mis esquemas. Se abrirían todas las puertas. Saldrían todas las emociones. Y nunca más callaria una palabra bonita.

jueves, 8 de octubre de 2009

El hombre sin máscara

Nunca pensé que alguien podría leer mi mente hasta que conocí al hombre sin máscara. Un seductor ser de ambigua transparencia que se mueve con sigilo por los campos de la intensidad emocional y la simpatía verbal.

El hombre sin máscara dispara dardos de honestidad que van directos a la parte más frágil de su objetivo. Así logra encandilarlo con sus aires de misteriosa humildad. De semblante serio y reservado, cuenta con un gran mundo interior que hace de él una persona sensible, respetuosa, cariñosa, entregada, enérgica, disparatada, incoherente y pasional. Contamina sus actos más valientes con cierta torpeza que le asciende al pedestal de los seres encantadores. Perfecta imperfección. Suena como una canción moderna y clásica a la vez. Aquella que te hace pasar de la más profunda emoción a una delirante carcajada en cuestión de minutos.

El hombre sin máscara no tiene miedo a pedir disculpas, ni a reorientar sus actuaciones con el fin de llegar a un entendimiento. Le observo e intuyo que no hace mucho se quitó su máscara, aquella que iba moldeando a imagen i semejanza de lo que se esperaba de él. Y, aunque ahora ya no le tapa la cara, aún la conserva, la lleva en la mano. Es su salvavidas, algo a lo que aferrarse cuando se siente inseguro. Pero cada vez está más cerca de lanzarla al vacío una noche cualquiera, a un mar cualquiera, bajo la atenta mirada de una luna única. Y por fin lograr ser él mismo, para mí y para el resto del mundo. Alguien que no se conforma, que no se resigna. Alguien que se cree merecedor de aquello que le gusta y va a por ello con decisión.

No le conozco demasiado y, sin embargo, parece que haya evolucionado junto a él a lo largo del tiempo. Los mismos gustos, experiencias similares, la misma forma de mirar alrededor, la intensidad, la ingenuidad a pesar de la experiencia, la locura a pesar de la cordura, la valentía a pesar del miedo, la pasión a pesar de la distancia. Cuida los detalles hasta el extremo y siempre acaba sorprendiéndome con pequeños retales de un 'yo' aún por descubrir. Provoca que se me ocurran mil preguntas que hacerle y nunca termine de saciar mi curiosidad. Es elegante en su conversación y cariñoso hasta el extremo. Algo soñador y fantasioso. Una persona que puede presumir de ser única.

jueves, 1 de octubre de 2009

El otoño

El cielo de Madrid lleva unos días oscuro y casi ni me dí cuenta. Fue una gota de lluvia impactando contra el cristal de mis gafas la que trajo la buenanueva. Había llegado el otoño, con sus días grises, sus danzas aireadas, sus hojas desramadas, sus ermitaños hogareños y sus melancólicas ventanas que proyectan el calor del interior hacia el frío y disgustoso exterior.

Aquella gota logró entrecortar mi respiración. Demasiado veloz había pasado el verano, los días de luz sinfin, el abrasante sol provocando el efecto humeante en las calzadas, las terracitas hasta las tantas, los tirantes, las faldas cortas, el vestirse con cualquier cosa. La facilidad de vivir al aire libre el mayor tiempo posible, se esfumó. Sólo quedan los restos de un bronceado que ya no lo es tanto, para recordar que un día sonreías frente al mar con la mente en blanco. Parece un espejismo lejano. La tranquilidad. Ahora son todo prisas, coches, gente malhumorada.

Todos han vuelto a la gran ciudad y se nota. Lejos quedan aquellas noches desiertas conduciendo por enormes avenidas vacías. Y, habiendo sido hace tan poco, es como si aquello nunca hubiera pasado. Empieza de nuevo el bucle. Otra vez en el mismo punto. Borrón y cuenta nueva. Lo que fue un deseado futuro, ahora es un anhelado pasado. Como siempre, como en todo.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Un no sé qué

A veces hay sensaciones difíciles de definir. Cosquilleos indescriptibles que se te agarran al estómago de repente. Un "no sé qué" lleno de diversión, esperanza, ilusión y alegría. Algo que se delata en una sonrisa espontánea, una luz distinta en tus ojos, un derroche de simpatía y buen humor. Y lo de siempre parece único.

Tienes una nueva oportunidad para sentir el orden dentro del caos. Volver a ser un superser con los sentidos agudizados. Sensible a la belleza. La persona que querrías conocer en ti. Lejos de malos humores, caracteres rancios, muecas serias. Abierta a mirar con curiosidad alrededor, a todas aquellas pequeñas historias que se te pasan por la cabeza cuando te cruzas con cualquier desconocido. Eres lo que no sabes ser por ti mismo. Y te encanta. Porque alguien de fuera ha logrado desarmar tu mundo de parámetros demasiado conocidos. Ha atado varias cuerdas y lo mueve como una marioneta. Se lo lleva de aventuras, a lugares desconocidos en los que te sientes extrañamente cómodo. Y sientes, por fin, que podrías llegar a ser feliz.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Razones vacías

Creyéndome lista, fui la más tonta. Creyéndome fuerte, fui la más débil. Creyéndome eterna, fui la más fugaz. Creyéndome auténtica, no fui yo.

No hace mucho pisé con firmeza terreno pantanoso. Yo misma había vendado mis ojos con un pañuelo, cerciorándome de que mi visión era nula. Había calzado las botas más pesadas. Y me había tatuado en el lado izquierdo la palabra "amor", a modo de recordatorio. Disfrazada me adentré en una aventura que, ahora, no me explico. Las ansias de querer "vivir la vida con intensidad" me condujeron hasta la casita de chocolate de la Bruja Piruja. Pudiendo haber pasado de largo y conociendo los peligros que me acechaban, dí un mordisco al buzón hecho de m&ms y ya no pude parar. El mundo se reducía al satisfactorio sabor de aquel exquisito manjar. No había más. Ni caminos por los que huir, ni personas a las que acudir, ni razones por las que escapar. Mi mente y mi cuerpo estaban anulados por el embriagador perfume de aquel lugar. Si alguna vez presumí de norte, allí lo perdí. Y mi "amor" palpitaba, tan fuerte que no me dejaba escuchar las voces que, a lo lejos, me gritaban "sal, sal de ahí, vuelve".

Así estuve saciando mi gula durante un tiempo, embrujada por el encanto de aquella suculenta casita. Hasta que un día algo sacudió mi cuerpo. Un escalofrío de conciencia, quizá. Suficientemente intenso como para mirar a mi alrededor y empezar a buscar las razones por las cuales estaba allí. ¿Qué quería la Bruja Piruja de mí? ¿Por qué debía quedarme? ¿En qué momento perdí la conciencia, los principios, las riendas? ¿Por qué motivo debía dejar todo y a todos por quedarme en aquel lugar?

Aquellas preguntas me inquietaban, pero estaba tan entregada a mi perdición que cualquier excusa con fundamento hubiera valido para convencerme. Y sin embargo, poniéndolo tan fácil, sólo hallé razones vacías. Y me marché. Con el tiempo olvidé el sabor del exquisito chocolate derritiéndose en mi boca. Con el tiempo se borró el "amor" tatuado a la izquierda de mi pecho. Con el tiempo, sólo quedan las razones absurdas y carentes de contenido, con las que un día quisieron comprar mi ingenuidad.

Con el tiempo, todo se ve distinto.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El Salmón

"Siempre seguí la misma dirección, la difícil, la que usa el Salmón".
Andrés Calamaro cinceló esta frase en mi subconsciente allá por el año 2000. En aquel entonces era una tierna jovencita de firmes ideales, convencida de que sólo existia un amor, sólo una relación, sólo una persona. Desentendida de lo real, en mi cabeza el mundo cabía en un círculo reducido de familiares y amigos. Un minimundo metido en una minicabeza poco dada a la transgresión.

Y embutida en la vida tal y como debía ser, me aferré a la única ventana que me dejaba mirar hacia el exterior. Hacia los sentimientos rotos, las caídas vertiginosas y la profundidad emocional. El maestro (AC) acariciaba mis sentidos con letras incisivas, ajenas a mi que, sin embargo, me absorvían, me atrapaban, como si premeditaran un futuro encajado a la perfección en aquellas historias de amor rechazado, amor ensalzado, amor pasional, amor irracional, amor desgarrador.

Ya no recuerdo cuando empecé a nadar contracorriente. Pero lo hice y sigo haciéndolo. Nado contra viento y marea. Nado por mí y por aquellos que no quisieron realizar el esfuerzo de acompañarme en una costosa travesía. Nado porque la recompensa es el esfuerzo. Nado porque mis convicciones, aunque sean distintas a las de antaño, son firmes, son contundentes y suficientes. Nado junto a los salmones, dejando atrás lo conveniente y lo convenido. A veces mi fortaleza se debilita, es entonces cuando cedo a la corriente y me dejo llevar un poco, lo suficiente como para recuperar el aliento y seguir desafiando a lo establecido.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Pompas de jabón

Nunca he creído en el destino pero, a veces, ocurren cosas que no pueden ser fruto del azar. Cosas tan importantes que no deberían depender de algo tan frágil como la casualidad. Cuando tales acontecimientos suceden, se me plantean ciertas preguntas. ¿Y si todas nuestras decisiones nos condujeran a un lugar predefinido? ¿Y si la vida nos tuviera preparada la próxima aventura de antemano? ¿Y si las cosas que no tenían sentido, esas piezas que no encajaban, de pronto crearan un todo, sorprendentemente lógico, tiempo después de haberlas dejado por imposibles? ¿Qué fenómeno rige nuestra existencia? ¿La premeditación cósmica o la casualidad?

Resulta inevitable intentar desvelar los misterios de esta vida tan monótona y, a la vez, tan imprevisible. Quizá esa sea su mejor baza, hacernos creer que estamos inmersos en una irreversible rutina para, de repente y sin razón aparente, ofrecernos un giro argumental inesperado. Es como si el edificio que estás construyendo cambiara constantemente su diseño y nunca lograras verlo acabado. Y entonces te preguntas ¿llegará un momento en que no pasen más cosas, en que el gráfico de altibajos derive en una estable línea recta, una balsa de agua estanca? Y es cuando te invade una escalofrío, provocado por el miedo a que la vida deje de soprenderte y desaparezca el penetrante y adictivo poder de las emociones fuertes. Y aunque la constante incertudumbre de no saber qué te deparará el día a día puede derivar en un estado de permanente tensión. Seguímos aferrados a la ilusión de que "en algún momento sucederá" algo que no esperamos, que no imaginamos, que nunca planeamos, que nunca buscamos.

Y estaremos expectantes durante el tiempo que dure este pensamiento. Hasta que la fuerza del ritmo marcado lo empañe. Y en el momento en que se nos olvide el deseo de que ocurra algo magico. Sucederá.

martes, 1 de septiembre de 2009

Perfiles

Hace algún tiempo, no recuerdo exactamente cuando, descubrí que tenía una habilidad. Algo que hacía sin pensar, sin darme cuenta. Al encontrarme con una persona que lograba impactarme, por la razón que fuera, la observaba, la escuchaba hablar, y dejaba que me empapara de sensaciones. Después, era capaz de escribir sobre ella, su forma de ser, sus miedos y sus anhelos, sin más información que la que podía haber sacado de un encuentro fugaz.

Al principio no creía que intuir la esencia de una persona fuera algo insólito. Más bien lo encontraba normal. Luego, con el tiempo, me he ido dando cuenta de que no es algo tan habitual como me hacía creer. Sobre todo cuando las personas sobre las que escribo corroboran con cierta sorpresa lo que plasmo de ellas en palabras.

"Tienes un don", han llegado a decirme. Pero no, no es ni de lejos un don. Sólo la forma que tengo de recrearme en las personas que me important, que me interesan, que me aportan algo. Es mi forma de decirles que son únicas en el mundo, reales y magicas a la vez. Es mi forma de subirlas al pedestal que merecen por ponerle signos de exclamación a mi vida. Es mi manera de darles las gracias por cruzarse en mi camino y permitir que las viera en todo su explendor.

Hay perfiles que todos habéis podido leer y otros que guardo en la intimidad. Pero todos y cada uno están escrito desde el mayor de los respetos. Con la mirada curiosa de una aprendiz de escritora encantada de haberos conocido.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Fruta partida

Odio la expresión "eres mi media naranja". La repelo por dos motivos. Uno, me parece una frase fea. Dos, es una afirmación totalmente falsa y, por ende, hipócrita, además de reduccionista.

A veces me he imaginado siendo una media naranja. Pongamos que me partieron al nacer. Mi otra mitad, la única que podría encajar conmigo por las características específicas del corte, se pierde en la inmensidad del mundo, entre miles de millones de mitades de naranjas vagando sin rumbo definido. Todas tan parecidas y tan distintas, a la vez. Buscando a su mitad perfecta. La que les hará sentirse completas.

Se supone que desde el momento en que me convierto en la mitad de una naranja voy a pasarme el resto de mi vida buscando la parte que me falta. Al igual que la parte que me falta pasará toda la vida buscándome a mi. Una sola mitad para cada uno, una sola persona ideal. Pero ¿cómo sabré que es esa media naranja la mía? Pues con las tan recurrentes pruebas de ensayo y error. Parece fácil. Te acercas a una naranja cuyo color, a distancia, es parecido al tuyo. Le insinuas que puede haberse obrado el milagro de haberos encontrado entre las miles de millones de posibilidades que existen de no hacerlo. Cuando empezáis a entenderos decidís hacer la prueba, ver si realmente vuestro corte encaja. Si es que sí, te habrá tocado la lotería y pasarás la vida con la mitad perfecta para ti (otra cosa en la que no creo). Pero si resulta que no, dejas atrás esa media naranja, con la esperanza de que ambos encontréis lo que buscáis, aunque existan ínfimas posibilidades de lograr la perfección.

Lo que significa que cuando le digas a alguien "eres mi media naranja" estarás despreciando a todas las medias naranjas que has conocído en el camino. Porque como sólo hay una las demás, por muy cercanas a la perfección que estuvieran, ya no son ni de lejos especiales como "la media naranja que encaja contigo".

Y eso me indigna. Preferiría que no existiera esa infundada creencia de que tiene que haber una única persona para cada uno. Todas las personas que pasan por la vida de alguien son especiales y todas, de una forma u otra, encajan con nosotros. Mejor pensar, entonces, que somos fruta diversa y cortada, que unida crea una suculenta macedónea. Donde cada trozo es imprescindible para darle el sabor perfecto. Donde cada persona tiene su lugar y su papel relevante en la configuración de la persona que llegrarás a ser. Donde una sóla persona no te puede completar al 100%, porque la esencia humana esta hecha de diversidad y contraste.

Dehesa 20:30h.

Como si de una de esas casualidades de la vida se tratara esta tarde regresé a la Dehesa en la hora mágica. No hubo premeditación, simplemente un impulso físico por el que abandonar la postura horizontal y hacer ejercicio. Esta vez sonaba algo de Atención Tsunami y Facto Delafé.

Caminaba sobre pasos ya andados en múltiples ocasiones anteriores y, sin embargo, el de hoy fue el primer paseo de muchos. Porque hoy iba pensando en la persona que ha logrado devolverme mi locura, insensatéz de la que tanto habré renegado. Hoy mi mente repasaba las seis horas más increibles de los últimos meses y se recreó en todos los detalles.

El ritual fue el mismo de siempre. Llegué hasta la curva, giré a la izquierda y me paré en el balcón donde se puede ver la puesta de sol más bonita de Madrid. Y mirando aquel espectáculo de colores verdes, naranjas, grises, amarillos y azules, sentí una felicidad desconocida. Me subía por el estómago hasta la garganta y me dejaba sin voz. Era como si tanta emoción se me atragantara y no pudiera respirar. Emoción contenida, de saltos en quietud y gritos en silencio. Alegría para sonreir en cada momento, para permanecer embobada en mi pensamiento.

Y por primera vez en muchísimo tiempo sentí orgullo. Orgullo de poder hacer partícipes a los demás de mi alegría, mi ilusión y mi eufórica. Orgullo de mi misma y orgullo del que me sonrie.

martes, 25 de agosto de 2009

El horizonte olvidado

A medida que vas creciendo la vida te da menos oportunidades para ser tu mismo. En la edad adulta la madurez es el antídoto a la inocencia, la racionalidad a la incoheréncia, la sensatez a la locura. Todo ello provoca que perdamos la naturalidad. Esa chispa de espontániedad por la que hacíamos lo que nos apetecía de críos sin importar la represalia. Creyéndo firmemente que hacerlo y ser castigado era mejor que no hacerlo. Nos educan y dejamos de ser salvajes. Pero seguímos conservando esa mirada inexperta por la que creémos ser capaces de alcanzar los tópicos sobre ls que se afianza nuestro limitado conocimiento de la realidad. Amor, familia, realización personal, felicidad.

Luego te haces mayor. Empiezas a tener experiencias fallidas. Y esas experiencias se convierten en ladrillos que puestos uno encima del otro crean un muro. Una barrera que impide vivir las siguientes experiencias con la despreocupación de la primera. Y se apodera de nosotros el tan temido "Y si.." ¿Y si me engancho? ¿Y si me estampo? ¿Y si acabo sufriendo?

Olvidamos olvidar. Olvidamos coger margaritas de camino a casa. Olvidamos mirar al cielo cuando llueve y dejar que se nos empape la cara. Olvidamos pasear descalzos por el cesped. Olvidamos abrazar a alguien que te ha hecho sonreir. Olvidamos dar las gracias por un día maravilloso, aunque mañana no pueda ser igual. Olvidamos hacer cosas especiales por personas especiales. Olvidamos el placer de conocer más. Porque nos ensimismamos en hacer de nuestro mundo una balsa de agua estanca, cuando deberíamos potenciar el oleaje y las corrientes, en un mar extenso. Un mar donde el horizonte fuera siempre el destino a alcanzar y cada brazada hacia él una prueba más de que luchar por ir más allá vale la pena.

domingo, 23 de agosto de 2009

Resultó que sí...

Al final resultó que sí, que tenían razón los que decían que merecía que me pasaran cosas buenas. Trás años de dudas, puedo afirmar con una sonrisa resplandeciente que "no hay mal que por bien no venga". Y es así, tan tópico como verídico.

Afortunada soy y afortunada me siento. Y mi fortuna tiene ojos verdes y sonrisa encantadora. Mi fortuna se ha empeñado en detenerse frente a mí para que la viera bien. Mi fortuna ha aparecido sin avisar. Mi fortuna ha vuelto a darle forma a mi corazón, que ahora palpita con fuerza derrochando ilusión. Mi fortuna me conduce de nuevo a la música más optimista de Mando Diao. Mi fortuna se ha enganchado en mi estómago y me hace cosquillitas. Mi fortuna provoca que me sienta viva.

Mi fortuna me ha entregado una felicidad que no esperaba. Un regalo tan valioso como inesperado. Y, sin embargo, ha llegado en el mejor momento. Cuando miraba para otro lado.... Eso es suerte!

miércoles, 19 de agosto de 2009

Arde la ciudad

La ciudad está al rojo vivo. No sólo por el calor, que sofoca a la sombra. Si no por los acontecimientos recientes, altamente inflamables. La ciudad arde a cada paso que recorro por sus calles solitarias. Se derriten las suelas de mis zapatos y voy dejando rastro. Curioseo con mirada pícara hacia atrás, dedicando mi mejor sonrisa al que me sigue. Disimulo con descaro. Sobreactuando en cada gesto. Como una niña de pose desinteresado frente al niño de sus sueños.
Me divierto mostrando toda mi picardía mientras la ciudad se alza en llamas. Cada mirada es un nuevo foco, cada giro intencionado de cabeza destapa unos rescoldos, cada parpadeo provoca una explosión. El agua no puede pararlo. Está descontrolado. Y la ciudad, sorprendida, se deja quemar por el fuego que destruye los edificios antiguos, en ruinas, para dejar espacio a otros nuevos, diferentes, imponentes y modernos.

La ciudad se reconstruye sobre ella misma gracias a este incendio.

lunes, 10 de agosto de 2009

Otra historia

Es época de secano en mis ojos. Y es que hace algún tiempo que las gotas del mar salado que habita en mi interior no surcan las curvas de mis mejillas. Es extraño. Mi ceño fruncido dibuja una mueca de incredulidad al darme cuenta de la situación. Cuando empiezo a romper mis propios esquemas estoy segura de estar haciendo lo correcto.

Suena el móvil. Está demasiado lejos. Estiro el brazo sin empeño. Es él. ¿Cómo estás? ¿Qué tal van las vacaciones? ¿Te lo estás pasando bien? ¿Cuándo vuelves? El cuestionario de la sencillez me hace sentir especial. Sin prisas exhibe su curiosidad hacia mí. Yo hago como si no me diera cuenta. Sigo en mi neutralidad. Pero sin lágrimas. Mi distracción se ha olvidado de que había motivos por los que empañar mis ojos. Me pregunto si eran tan importantes o, más aún, si seguirán existiendo. Porque cada vez que intento recordar qué hacía deslizar la humedad por mi cara me invade una duda "Si llorar no cambia el rumbo de las cosas ¿qué hacía malgastando mi tiempo llorando si podía estar luchando por conseguir lo que quiero?"

Que ¿qué es lo que quiero? Eso ya forma parte de otra historia....

domingo, 9 de agosto de 2009

Un lugar muy aburrido

Es curioso como las emociones fuertes intensifican y precipitan las relaciones personales. Hace unos días subí a 100 metros de altura para caer al vacío en un viaje de cuatro segundos. Seguramente los más espectaculares de toda mi vida. Sentada en aquel aparato, minutos antes de ser elevada hacia las alturas, mi cuerpo se encontraba en un estado de paralizante tensión.

A mi lado, en el último segundo, se sentó un chico de rizos amarillos. Tuvimos una breve conversación, diría que para distraernos durante el tiempo previo, la espera siempre es el peor momento de los grandes experiencias. Aquella máquina comenzó a elevarse y nuestros pies dejaron de tocar el suelo firme. "Ha sido una bonita forma de conocerte" me dijo. "Lo mismo digo", le respondí con una sonrisa nerviosa.

Frente a mí se extendía un paisaje increible. Lo más grande parecía una maqueta. Se me acumularon las sensaciones, las emociones, la incertidumbre, la pena y la alegría. "Esto no llega arriba nunca", grité. Él miró hacia arriba, "Estamos llegando", soltó. Parados a la altura de los dioses la adrenalina empezaba a correr por mi cuerpo y actuaba como un potente deshinibidor. "Cómo te llamas?", le dije. "Hector ¿y tú?". "Esther. Encantada de conocerte Hector". "Una forma bastante original de conocernos Esther".

Después de aquello sólo pude gritar mientras luchaba por mantener los ojos bien abiertos. Grité hasta quedarme sin aliento. Y tomé aire para seguir gritando. Sin discusión fueron los cuatro segundos más memorables de mi vida. Un compactado de las sensaciones más intensas recorrió todo mi cuerpo. Desde la eufória al terror, pasando por la perplejidad y la valentía. Fue un trayecto tan intenso que al detenernos solté un grito de alegría "Ha sido completamente alucinante". Cuando me quité de encima toda la parafernalia de seguridad me di cuenta de que todo mi cuerpo temblaba sin control. Mis manos no podían estar quietas y mis piernas casi ni me sostenían. Me levanté inmersa en una enorme emoción. Destensionada como nunca. Absolutamente embriagada por la experiencia vivida. Hector me esperaba también extasiado. "Ha sido genial ¿verdad?", me dijo. "Ha sido mejor que genial, sin duda", le respondí. Nos dimos un par de besos de cortesía y seguimos nuestro rumbo por separado.

Entonces pensé que así debía ser la vida. Una sucesión de situaciones impactantes, de una forma u otra, que nos unen a personas anteriormente desconocidas. Sin esos golpes de adrenalina nada tendría sentido. Sin esas bandadas de sentimientos incontrolables todo sería demasiado monotono. Sin temeridad, valentía y libertad de decisión, el mundo seguramente sería un lugar muy aburrido. O eso me gusta pensar.

sábado, 8 de agosto de 2009

Daños colaterales - Lecciones vitales

Suele pasar que uno no se plantea la influencia que pueden tener sus actos en la gente que le rodea hasta que él mismo se convierte en el daño colateral de los actos de otros.

Llevo una temporada ensimismada en -lo que yo creía que eran- mis problemas y resulta que olvidé prestar un poco más de atención a lo que iba sucediendo alrededor. Y ahora es como haber aparecido de repente en un mundo totalmente distinto, que ha ido evolucionando paralelamente a mí, con un millón de cosas que curiosear.

Desde este lugar privilegiado puedo ver cosas absolutamente increibles. Veo la firmeza de alguien que no quiere rendirse, un luchador, cuya fortaleza es la perseverancia. Admiro las lágrimas de quien tiene miedo a perder y el gesto de convicción que borra cualquier rastro de tristeza en segundos. Me quedo embobada en el escaparate de la lucha permanente. Yo que pensaba que habría un momento en que llegaría la calma y la estabilidad. Yo que aspiraba a ser completamente feliz. Voy y doy de bruces con la vida. Que pone trabas y más trabas en el camino. Pruebas infinitas que ocupan espacios que deberían estar reservados al aburrimiento. Cada cambio provoca una crisis y cada crisis un cambio. Un bucle sin fin acentuado por diversos factores. La impotencia, es uno de ellos. El no saber encontrar soluciones, no conocer el camino, estar perdido en la inmensidad de un problema que no lo es tanto. Todo ello dispara las ganas de tirar la toalla. Game Over. ¿Para qué seguir adelante?

Es difícil saber cuándo los motivos para no seguir adelante son suficientes y certeros. Igual que es complicado saber cuándo los motivos para seguir adelante son suficientes e imparciales. En cualquier caso es evidente que la subjetividad convierte un bache en un acantilado. Por eso hay que saber contar con una visión externa en cada momento.

Estos días he tenido el honor de ser, a petición, el observador externo. Y aunque resulta una tarea complicada, por la implicación que conlleva cualquier análisis de la realidad cercana (puesto que nadie va a confiar sus mayores temores a un extraño), ha sido una experiencia totalmente constructiva. Algo que me ha reafirmado más en la necesidad de dar con Mi persona. Dado que el recorrido es largo, mejor hacerlo con alguien por el que valga la pena luchar.

Gracias por una nueva lección vital.

sábado, 1 de agosto de 2009

Agujeros en la arena

A veces me cuesta escribir. Lo hago porque me gusta, de eso no hay duda. Pero cuando ya llevas mucho contado, no queda más remedio que adentrarte en las profundidades para encontrar la inspiración y eso cuesta, en ocasiones se hace duro. Pero resulta muy revelador.

Es como hacer un agujero en la playa. Vas sacando arena, primero seca, luego húmeda, y no puedes parar hasta que encuentras el agua. Pero cuando ya has llegado a descubrir un pequeño charco y podrías darte por satisfecho, la ambición puede contigo y sigues, más profundo, más y más. Llega un momento en el que hay tanta agua que reblandece las paredes del hueco y se van derrumbando, y el agujero se hace más y más grande. Metes los pies y sigues rascando las paredes, el pequeño y profundo agujero se convierte en una charca donde van a terminar las olas, creándo un caminito hasta el mar. Erosionándolo todo hasta que desaparece tu obra.

Eso es lo que intento hacer cuando escribo. Bajo hasta el punto más escondido, escarbo, sonsaco, encuentro el agua. En lo profundo, en lo hondo. Lo identifico y me lo llevo todo a la superficie, para admirarlo, para comprenderlo, para desmitificarlo. Y una vez expuesto es vulnerable a cualquier tipo de marea. Esta es mi forma de arrastrar algo de lo más trascendente a lo prácticamente banal.

Por eso los secretos son tan importantes, porque cuando dejan de serlo pierden su encanto, pierden su relevancia. Dejan de ser algo nuestro, único, fascinante. Para transformarse en algo común y carente de interés. A veces destapar resulta terapéutico. Y a veces ocultar resulta la única forma de darle emoción a la vida. Es cuestión de mantener el equilibrio entre hacer agujeros y dejar la arena virgen.

martes, 28 de julio de 2009

Básicamente bien...

De Alburquerque (Badajóz) a Madrid. De Madrid a Barcelona. Y de Barcelona a Sant Boi. "Ciutadans de Catalunya, ja soc aqui".

Mis vacaciones empiezan con una total y absoluta tranquilidad, exterior e interior. Existen parcelas de mi corazón todavía por escrutar. Y mi sexto sentido olfatea a rastreadores interesados en viajar al quit de la cuestión. Sin esfuerzo reconpongo el puzle que resultará la mejor versión de mi misma.

Vuelvo a casa y me doy cuenta de que ya no soy aquella niña acomplejada que odiaba las faldas y los pantalones cortos. Una mujer, "sofisticada" según el criterio de mi vecina, con opinión y experiencia cultivada lejos de este maravilloso lugar, el que me vió crecer y ahora resulta practicamente desconocido. La pequeña princesa, que partió para hacerse mayor, independiente, crecer y volar, se tumba esta noche en su cama de siempre y repasa los recuerdos que le explican estas cuatro pareder. Todos estos libros, el reno de Canadá, las maracas de Cuba, el cuadro de Marylin a lo popart, la bola del mundo colgada del techo, la caja con las cartas de amor del primer chico, juegos de mesa, peluches gigantes, apuntes antiguos y alguna foto descatalogada, miles de historias que se me olvidan al cambiar de ciudad y retomo cuando regreso a este sitio que hoy me arropa, me abraza, me mima.

Tengo el corazón dividido. Mis dos amores tiran por igual. Ciudades enfrentadas por la tradición, escriben las mejores escenas de la película de mi vida. Pero aquí es donde quiero estar ahora. Mañana....veremos...me gustan las sorpresas...

Sigue mi carrera de fondo hacia la felicidad...

domingo, 26 de julio de 2009

Genial

"Voy a conseguirlo, voy a ser yo mismo. Voy a comprobarlo, voy a valorarlo. Ahora estar conmigo es lo que necesito. Quiero darme cuenta, verme desde afuera. Ya tengo motivos, ya lo he comprendido. Voy a arriesgarlo, voy a mejorarlo. Estoy muy convencido, será divertido. Será todo tan natural, será todo genial" (Canción "Genial" de Febrero, ContemPOPránea 2009, Alburquerque)

La casualidad quiso que este fin de semana diera de bruces con Febrero, un grupo indiepop de Tarragona. Y la casualidad quiso también que a los pies de un castillo, en la hora en que el sol crea destellos magicos, rodeados de naturaleza, tocaran una canción especial. Fíjate qué curiosa es la casualidad que quiere, ahora, que me identifique con la letra de "Genial". Nada se ajusta más a mi estado de ánimo actual. Y no es por las vacaciones, no es por ir a un festival de música, tampoco por marcharme a Barcelona mañana, ni siquiera por sentirme más querida, arropada y piropeada por la gente de mi alrededor, no. Simplemente estoy bien conmigo. Y cuando estoy bien conmigo atraigo cosas geniales.

Sí, será todo genial. Al menos por un rato, como recita la canción. Lo he conseguido. Pase lo que pase sé que tendré suerte. Estoy convencida. Va a ser divertido, vivir la vida con intensidad. Me lo dice la llamada del que quiere arriesgarse a conocerme. Lo dice el que se lanza a la conquista con frases tópicas sobre mis ojos azulados. Lo dice la complicidad con la amiga del alma. Lo dicen las risas, los bailes, las ganas de conocer mundo, aventuras, personas.

Vuelvo a ser yo misma. La que se deja encontrar por las emociones y esquiva los problemas. Yo, potenciadora absoluta de mi propia ambiguedad. Juego al despiste. Pero soy sencilla. Fácil de conquistar, fácil de decepcionar, fácil de ilusionar. "Alguien que engancha", me dijeron hace poco y no lo entendí hasta ahora. Enganchan mis ganas de disfrutar, vivir, sentir, emocionarme con las pequeñas cosas. Disfruto como una niña de las maravillas del mundo. Y cuanto más me gusto a mi misma, más gusto a los demás. Así de sencillo.

Por todo ello está claro que......Será todo Genial!!! :)

jueves, 23 de julio de 2009

Suspenso

Hoy 23 de julio empiezan mis vacaciones de verano. Y como una colegiala más, recibo las notas de este curso. Este ha sido el curso de las relaciones emocionales. El año pasado, comenzaba el verano con una nueva ilusión. El chico de la sonrisa escondida había aparecido en mi vida para ponerlo todo patas arriba. Era una historia que, en principio, prometía. Enseguida "fuimos novios" y algunos meses después le llevé a Barcelona en un arranque de precipitación, situación que salvamos con cierta soltura. La cosa no fue bien y se terminó. Mareamos la perdiz durante meses, la frase que mejor define nuestro comportamiento durante aquel tiempo de tira y afloja es: "el uno por el otro y la casa sin barrer". Así quedaron las cosas cuando apareció en mi vida el chico de ojos cambiantes. Y entre que nuestra relación nunca fue real y que terminó casi sin haber podido empezar, la cosa tampoco pintó bien.

Por todo ello en este curso no puedo más que abrir mis notas y encontrarme un gran Suspenso. Quizá en otro momento de mi vida catear hubiera sido una absoluta desgracia y un fracaso estrepitoso. Yo, que era la empollona de la clase, no podía permitirme tal imperfección. Y, sin embargo, hoy estoy más contenta que nunca. Convencida o no de haber hecho lo correcto en ambos casos, no tengo ningún cargo de consciencia al respecto. Me siento liberada. Luché, creí, confié, solté y amarré. Fue fácil y complicado. Y en ambos casos, totalmente diferentes, hubo algo certero. Me entregué. Dí lo mejor de mí. Algo que pienso hacer en el futuro. ¿O es que alguien ha dicho que en septiembre no haya repesca? :)

martes, 21 de julio de 2009

Lazadas de felicidad

Tengo la felicidad bien amarrada. Cerca, muy cerca de mi maltrecho corazoncito que, por fin, se ha ganado el derecho a sonreír. La calma ha venido casi de imprevisto. No la hacía tan cerca, no tan temprana. Supuse, como siempre, que tardaría en llegar. La creía perdida en parajes remotos, lejanos e incomunicados. Y, sin embargo, se ha ido haciendo un hueco, poco a poco, en mi devenir diario de horarios locos, salidas nocturnas y conversaciones dispares. Casi ni me he dado cuenta.

Yo, que estaba convencida de haber perdido la felicidad. No he hecho más que equivocarme en mis valoraciones. No, no perdí nada. En realidad, pese al dolor, las heridas y las decepciones, logre una proeza. Hace seis meses empezaba a plantearme dejar de ser una soñadora inconformista y renunciar a ciertos ideales por una vida cómoda, sin sobresaltos. Me planteé admitir que la perfección en los sentimientos no existe y que el amor loco, desmesurado, pasional e irracional es literatura pura y dura. Estaba absolutamente desencantada con lo que, creía, me podía ofrecer la vida. La felicidad de otros, que debía ser la mía también, ya no me consolaba. Y buscaba en el conformismo algo de aliento para levantarme cada mañana.

Hoy siento que el mundo vuelve a ser un lugar maravilloso en el que improvisar es el juego más apasionante. Bebo de la experiencia pasada para mejorar mis expectativas. Creo en el amor pasional, desmesurado, loco y perfecto. Saber que es posible alcanzarlo es lo que hace que siga siendo idealista, soñadora, inquieta y vital. Y eso, desde luego, me hace ser mejor. Y eso, desde luego, me hace feliz.

lunes, 20 de julio de 2009

Viento Sideral

Eres mi sol, la luz de un lejano azul....Mi ráfaga de viento sideral, mueves la marea de mi mar....

Lo dicen Supersubmarina en su canción Ola de Calor.

¿Y si alguna vez yo inspirara palabras tan originales como esas? ¿Podría pasar?

Sería genial simplemente inspirar.....

domingo, 19 de julio de 2009

El chico camaleón (para B.B)

Al chico camaleón le gusta observar el mundo con ojos curiosos, fijando su mirada en la diversión, en vivir las emociones con intensidad. Pasea su sonrisa de seductor por las calles más concurridas de las principales ciudades europeas. Se gusta.

Le observo fugazmente desde mi refugio, donde me siento protegida, y diviso en él cierta confianza de gentleman experimentado. Es altamente descarado, ciertamente morboso y extravagante. Su cambio de registro me inquieta y despierta mi curiosidad como pocos han hecho. A simple vista es un jugador nato. Un competidor al que le gusta ganar siempre. No aprecia las facilidades, prefiere los retos. Cuanto más difícil parezca, más atractivo será. Y en este caso apostará todo la carta ganadora. Su adicción al juego de la conquista es pegadiza y consigue atraparte en su mundo de atención desmesurada. Calcula las palabras, los roces y las miradas con precisión. Su secreto es hacerte creer que tienes el control. Y, en realidad, maneja con sutileza los hilos. Porque los conoce bien, porque ha aprendido a hacerlo.

Pero, si te quedas mirándole durante un rato, el chico camaleón cambia su piel de color. Se transforma en un ser distinto, sorprendente. Es posible que su seguridad se convierta en cierta vulnerabilidad. Y su porte chulesco en una coraza que esconde matices mucho más interesantes. Tiene momentos de lucidez lejanos a los bailes de seducción calculada. Quizá sea más profundo de lo aparente. Quizá sea más rico interiormente de lo que demuestra. Yo apuesto por ello. Por seguir descubriendo al chico camaleón en su vertiente desconocida. La divertida, entretenida, generosa, sincera....Entre burlas, bromas e ironías. Dos mundos aparentemente muy distintos chocaron una vez por casualidad. Y, así, volví a crees que la vida nunca dejará de sorprenderme.

sábado, 18 de julio de 2009

Esquisita esquizofrenia

Dos de la madrugada. Escucho "Maniobras de Escapismo" de Love of Lesbian. Mi pelo huele a humo enclaustrado. Y sonrío. Estoy contenta. Sigue siendo viernes aún habiendo empezado el sábado ya. Un día que se me antoja eterno desde las tres de la tarde (bendita jornada intensiva).

"Prometiste iniciar conmigo este viaje" cantan los lesbianos y yo les acompaño moviendo mis labios. Se me escapa la letra entre los dientes sin darme cuenta, memorizada desde hace un par de años, no soy capaz de olvidar ninguna palabra. Me capta su intensidad, su esquizofrenia emocional, su excentricismo y su locura. Me convierten en canción, y eso es lo que más me gusta de su música.

"Si tu magia ya no me hace efecto cómo voy a continuar" siguen con "Domingo astronómico". Y yo sigo captando cada recuerdo que me devuelven estas canciones. Porque fueron las protagonistas de una etapa más que importante del camino. La etapa de montaña, de puertos imposibles, de subidas y bajadas sin marchas.

"Olvidas que caíste, y ahora es imposible deshacer lo que me hiciste", robo la frase más incisiva de "Mi personalidad". No puedo evitar ponerle la imagen de una persona muy importante en mi vida, que hace años fue lo primero y ahora me sorprende ver que estoy tan lejos de aquello como aquello está de mí. Sin ganas de acercarme. Pero, sin duda, lo cruel fue lo que mejor que pudo sucederme. Abandonada a la deriva, sin salvavidas, en el océano de la desdicha, sin brújula....Reconstruí el timón. Y ahora navego en dirección contraria a la monotonía.

Y termino con "Un día en el parque", porque mi vida es el eterno retorno, sin duda. Siempre vuelvo a lo que me hace sentir bien. En su día vislumbré optimismo en esta canción, escribí sobre ello. "Ahora me escondo y te observo y te puedo decir: Yo mataré monstruos por ti, sólo tienes que avisar". Es lo que quiero.

viernes, 17 de julio de 2009

Nada

Cuando nada puede ser TODO

martes, 14 de julio de 2009

Cosas bonitas

Ven aquí. Siéntate. Cierra los ojos. Respira profundo. No hables. Sólo siente ¿Estás solo? Busca la intimidad en el interior de tu mente. Concéntrate en no pensar ¿Notas como tu piel se torna sensible al tacto imperceptible del oxígeno? No es aire, son mis dedos acariciándote las manos. Dime ¿sientes como se te eriza la piel y te envuelve un escalofrío? No, no ha cambiado la temperatura, es mi pelo que roza suavemente tu espalda.

¿Estás bien? Tu respiración se acelera. De repente estás notando que tu boca se humedece ¿verdad? y tus labios parecen algo más gruesos. No, no tienes una reacción alérgica. Es el efecto de mi boca sobre la tuya. Dulce, tenue, ardiente, deseosa. Son mis labios sobre los tuyos ¿los sientes? Carnosos, esponjosos, sabrosos. Un beso interminable.

Flotas ¿es así? Deseas que esto no termine. Que el texto siga descubriéndote sensaciones que creías haber perdido. Crees que no te conozco y, sin embargo.....

Sigues experimentando una deliciosa tortura. Te mueves danzando con la incertidumbre. No tienes ni idea de cómo va a seguir esto, pero te da igual. Ni siquiera lo has pensado, hasta ahora. ¿Cómo lograras atravesar las barreras invisibles que seccionan la ciudad en dos? Yo sé cómo.

Apoya el dedo en la mesa. Sobre el mantel de plástico traza las curvas de lo prohibido. Hazlo con más o menos precisión pero con suavidad. Nunca sabes quién podría sentir tus caricias. Y mientras descubres que esto es poco menos que un desvarío, notas una desgarradora presión en el pecho. No, no es un corazón roto. Es mi mano, otra vez, presionando donde más duele, un lugar que es el resurgir de las cenizas. Sigo con mi dedo índice las líneas que delimitan la piel del rojo. Deleitándome. Admirándote. Implorando a la eternidad.

Ahora es cuando te detienes en cada recuerdo y lo congelas para memorizar el más mínimo detalle. Y descubres palabras, gestos, caricias, que entonces no fueron tan imprescindibles como en este mismo momento. Es inquietante ¿verdad? Es terrorífico ¿no te parece? Y, sin embargo, es bello y dulce y paralizante. Es como haberse comido ya la tarta del fin de fiesta. Es como cuando la marea arrastra el castillo de arena que tanto te costó mantener en pie. Es como cuando llegas tarde a un concierto y ya han tocado tu canción favorita. Es frustrante, pero adictivo. Y te tornas oscuro y alegre a partes iguales. Quizá más alegre en ocasiones. Pero por dentro hay cascadas y cascadas de llanto contenido.

¿Oyes el silencio entre el ruido? ¿Ves las estrellas? ¿Sientes el suelo moverse bajo tus pies? Es un terremoto. Ponte a cubierto. Quizá suceda una catástrofe o quizá no. Cuando todo acabe sólo podrás escuchar lo que yo escucho, esta canción. Y dejarás de ser racional. Sólo te irás a dormir. Sueña.

Y entonces.....Ocurrió

Esta tarde quedé para hacer lo que se suele hacer en Madrid las tardes entresemana, ir a una terracita a tomar una caña. Salí de trabajar tarde, dejé el coche en casa y subí mi calle, enganchada a mi ipod, hasta llegar al metro.

Al bajar los escalones un olor paralizó mi cuerpo. Era un perfume demasiado familiar, un aroma que hacía algún tiempo que no olía. Y respiré profundo. Aquel olor atravesó todo mi cuerpo como una daga. Y un torbellino de recuerdos invadieron mi pensamiento. Intenté que desaparecieran, pero era imposible. Seguía andando y cada tres pasos volvía a envolverme aquel perfume. Sin razón, sin control. Sonreí al recordar la playa de Madrid. Y no hubo tregua. La cadena de buenos momentos se enroscó en mi raciocinio, el que me obliga a desprenderme de esos recuerdos, y lo invalidó durante algunos minutos.

En las escaleras mecánicas sólo podía contemplar mis pies semidesnudos, en un afán de ocultar mi cara que, en ese momento, debía ser la de alguien que sigue sin entender nada. Ya no perdida, sólo sedienta de razones convincentes. Algo que jamás obtendré pero que, de vez en cuando, sigo reclamándole al universo. Razones sin razón. Miré el reloj, eran las 20:30h.

Unos minutos más tarde aquel olor odiado y amado a la vez, desapareció. Y con él se fueron todos aquellos pensamientos, todos aquellos sentimientos que oprimían mi estomago. Desaparecieron. Y entonces supe que había querído como nunca. Me había enamorado de un imposible. Había sido feliz. Y había perdido.

Entonces, ocurrió. Volví a mi realidad. Y a las 21:00h. mi mundo me pareció mejor que a las 20:30h.

lunes, 13 de julio de 2009

Lunes 20:30h.

Tengo una corazonada. Hoy no va a ser un lunes como los últimos. Hoy va a pasar algo especial. No sé todavía qué, pero será algo que nunca imaginé. Algo que provocará que los lunes dejen de ser los días en que todo se desmorona y se dicen las cosas más horribles jamás pronunciadas.

Será a las 20:30h. La que es, todavía, la mejor hora del mundo. Sucederá lo inesperadao. Y, después, todo volverá a su estado natural. El de la última semana.

domingo, 12 de julio de 2009

El octavo día

Llevo tiempo diseñando un plan. Trazando las líneas de acción que me lleven al octavo día. Lo he escrito todo en la servilleta de un bar de carretera. Mi perfecto análisis de la realidad futura. He dibujado el esquema de mis pensamientos en un cuadrado de papel que se ha convertido en el tesoro mejor guardado de mi ilusión. Entre manchas de café, aquel que tomé una mañana de domingo, se intuyen las líneas de un mapa del tesoro.

Tendré que atravesar mares y acantilados imposibles. Deberé ir a pueblos desiertos y preguntar a personas desconocidas hacia dónde debo guiar mis pasos. Conoceré la parte más aventurera y arriesgada de mí. Será un camino largo y lleno de obstáculos. Eso que llaman vida, eso que llaman vivir la vida. Duro y gratificante a partes iguales, aunque lo primero parezca absorberle espacio a lo segundo casi siempre.

A veces me aburro y repaso mi plan. Ese camino pleno hacia el octavo día, donde dejen de existir las semanas, donde dejen de existir los límites, donde todo sea felicidad. Y veo que inconscientemente he dejado poco margen a la improvisación. Quizá porque últimamente los planes espontáneos no han salido demasiado bien. Y me planteo si podría ir en contra de mi naturaleza. Si podría seguir un plan. Si podría calcular todo lo que me va a suceder de aquí al final y, lo más importante, si podría limitarme a hacer de mis cálculos una realidad.

La respuesta la encuentro en el no. Pero tengo la servilleta bien guardada, por si algún día cambio de opinión. Por el momento, sigo improvisando.

Ganar la partida

¿Y si las ilusiones y los deseos más profundos nunca se cumplieran por el mero hecho de no haberlos expresado en voz alta?

A veces me gustaría que los demás pudieran leer mi mente. Y que conocieran, de esta forma, mis anhelos, mis ilusiones, mis proyectos más arriesgados, todas aquellas cosas que no cuento abiertamente por temor a que nunca se cumplan.

Últimamente le he dado algunas vueltas a esto. Si bien es cierto que hay cosas que debemos guardar para la intimidad personal, donde reside lo verdaderamente nuestro, hay otras muchas cosas que deberíamos compartir sin tapujos con las personas que nos importan, que nos arropan, las que nos apoyan. De esta forma es posible que algunos de los deseos que creemos irrealizables se cumplan.

En ocasiones merece la pena arriesgar la pérdida de una ilusión por apostarlo todo al número de la sinceridad absoluta. Es entonces cuando callar se convierte en acto de cobardía. Y decir lo que sentimos sin pensar en consecuencias, temores e incomodidades, resulta ser la única forma de expresarnos con naturalidad.

Siempre me dio miedo poner las cartas sobre la mesa, destapar mi juego, exponer mi vulnerabilidad emocional. Pienso en las veces en las que nunca pronuncié las palabras que deseaba decir. Perdí aquellos momentos. Y esos trenes que partieron sin mí, hoy me recuerdan que cuando hay algo que decir hay que decirlo, porque el resultado de eso, sea bueno o malo, seguramente habrá cambiado el rumbo de nuestra vida. Y, a la larga, la honestidad siempre gana la partida.

jueves, 9 de julio de 2009

Hoy

Hoy me he levantado refunfuñando, he abierto las persianas con los ojos cerrados, me he duchado por obligación, me he vestido sin pensar y he salido de casa automáticamente.

Hoy he cogido el coche, he hecho la misma maniobra de todos los días para salir del parking, he encontrado el típico atasco de cuando vas tarde a trabajar, he llegado a la oficina, me he sentado.

Hoy he tomado café con galletas a media mañana, he comentado novedades sin novedad con mi compañera y amiga, he vuelto a mi sitio y he trabajado (entre otras cosas)

Hoy he vuelto a conducir hasta casa cuando el sol pegaba con fuerza, he volado por la A6, he llegado a mi hogar, microondas, comidita rica y de vuelta a tomar la autopista.

Hoy he llegado, de nuevo, al trabajo, me he tomado, de nuevo un café, he comentado la vida y milagros de Michael, he debatido y especulado sobre una conspiración por la que evitar las deudas, he vacilado, me han tomado por escéptica y he trabajado.

Hoy he terminado mi jornada laboral refunfuñando, con la convicción de no estar haciendo lo que se me da bien, con la idea de que la vida debería depararme algo más, triste y desencantada.

Hoy he quedado con personas maravillosas en el lugar más divertido de la noche madrileña, me he reído hasta fortalecer los músculos de mi estómago, he llorado, he disfrutado de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla por primera vez en directo y me he dado cuenta de lo simple y sorprendente que puede ser la vida.

Hoy he vuelto a casa en metro, sola, a las doce de la noche, escuchando a Facto Delafé (de nuevo), flotando por mi descubrimiento. He intentado descifrar el mensaje en braile que pone en el botón de apertura de las puertas de los vagones y me he imaginado que ponía "Animo". He sonreído. Ha caminado por la calle y le he puesto nombre a la única estrella que había en el cielo de Madrid. Me he echado una carrera para cruzar la calle, he saltado en los bordillos, he pisado unas hojas secas, he cantado en voz baja, he desprendido mi estela por la calle oscura.

Hoy he disfrutado de mi soledad, de mi soltería. He visto como un día gris se ha convertido en un día visiblemente brillante. Y me he felicitado por tener dignidad.

miércoles, 8 de julio de 2009

Mezclas, zumos y vida

La vida es una enorme coctelera donde mezclamos todo lo que nos va sucediendo. El mecanismo es sencillo. Durante un periodo de tiempo nos dedicamos a rellenar el recipiente con todo tipo de vivencias y personas con las que nos relacionamos. En un momento determinado, cuando empezamos a intuir que la mezcla resultante puede ser buena, agitamos la coctelera de la vida con empeño y probamos su sabor.

Nos gusta, porque es una mezcla de lo bueno y lo malo que, con el tiempo, se ha vuelto positivo. Y según el instante vital en el que hayas decidido probar el zumo de tus experiencias puedes distinguir unos sabores sobre otros u otros sobre unos, todo depende de lo sensible que sea tu paladar a ciertos matices. De repente aquel sabor que hace un tiempo se imponía al resto, ya ni lo notas, y has encontrado uno nuevo que dispara el placer de tus papilas gustativas. Uno nuevo, fresco, distinto, inimaginable.

La clave está en saber cuándo es el momento de agitar y abrir. En ocasiones la impaciencia puede provocar que el zumo se agrie, salga amargo o insustancial. Otras veces, dejarlo reposar demasiado tiempo puede terminar por pudrirlo y que se indigeste. La experiencia ayuda a encontrar el momento adecuado.

Pero el tiempo, que todo lo cura, es enemigo y aliado. La clave está en cada persona. Y el objetivo, lograr que la mezcla sea chispeante y única. Y que cada sorbo que bebamos a lo largo de la vida, nos evoque el mejor de los recuerdos y nos anime a seguir acumulando experiencias. Buenas o malas, al final acabaremos aprendiendo algo de ellas. Y el zumo saldrá mucho más rico.

domingo, 5 de julio de 2009

Verano congelado

Es verano ya. Es verano y hace calor. Obviamente. Es verano y los días son más largos. Y las noches más cortas. Es verano y vuelve la brisa, encandila la brisa, refresca la brisa. Es verano y los cuerpos lucen su desnudez entre deshinibición y pudor. Las sonrisas se dulcifican. Los abrazos son más pegajosos. Las emociones más intensas. Es verano y el hielo se derrite más rápido, o eso dicen.

Pero en verano, en este verano, hay una cosa que sigue viviendo en invierno. Mi corazón. Helado, tiritando...Congelado por voluntad propia.. Como Walt Disney, espero a que se descubra la medicina para mi mal y así poder descongelarlo

Espero a mi caballero andante, la mitad del todo. Y cuando llegue. sólo entonces, entrará el calor en mi corazón. Por el momento, disfruto del este verano congelado.

sábado, 4 de julio de 2009

Desconocidos



¿Y si nuestros caminos nunca hubieran llegado a cruzarse en el mismo punto?

Prefijos y sufijos

Si algo he aprendido en los últimos años es que en la vida hay que establecer prioridades. La importancia de las cosas es lo que nos arrastra a tomar decisiones. Y con esas decisiones definimos el rumbo que va a seguir nuestro universo personal.

No es una opción, es una obligación. Cuando no sabes qué debes hacer ante un hecho concreto, todos te asedian para que decidas. Algunos lo hacen en parámetros de escoger lo correcto o lo incorrecto. Otros preferirán presentar las posibles consecuencias que deriven de una u otra opción. Tal vez, alguien, el más raro, procure respetar tu confusión y te libere de toda esa carga por un rato. Pero, al final, todos intentarán que acabes decantándote y lo harán por tu bien, por el bien de los demás, porque es lo que toca.

Decidir a veces es fácil y otras no. La seguridad en uno mismo y en los demás juega un papel importante en este punto. Siempre vamos a poder tomar nuestras propias decisiones, sobre las cosas que nos afectan, sobre las cosas que van a cambiar nuestra vida cotidiana, sobre las cosas que van a hacer que nada sea lo mismo o que todo siga igual. Somos libres. Y, sin embargo, estamos sujetos a esas cadenas que nosotros inventamos. Porque queremos estar atados a la obligación. Porque nos da miedo decidir, nos da miedo equivocarnos, nos da miedo perder. Y, al hacerlo, más perdemos coaccionando nuestra propia libertad. Y con ella omitiendo nuestros deseos más profundos y certeros.

Quizá la vida sea sólo un cúmulo de decisiones. Y en ellas esté la clave de lo que somos y lo que llegaremos a ser. Pero, sobre todo, de lo que nos dejamos en el camino.

jueves, 2 de julio de 2009

Medidas

["Capital" , La Habitación Roja]

¿Cuántas veces puede terminarse el mundo? ¿Cuántas veces se pueden reconstruir las ruinas después de un ataque? ¿Cuántas veces se pueden coser las mismas heridas? ¿Cuántas veces se puede dejar de querer para volver a hacerlo de nuevo?

A veces no soy capaz de encontrarle medida a la vida. En multitud de ocasiones he sacado mi calculadora imaginaria para echar cuentas y poder definir el número en que tienen que repetirse las circustancias para que sean insoportables. Y aún calculo.

Me llevo una y todo da la vuelta. El mundo boca abajo. Está del revés. Lo miro con la cabeza torcida y una mueca de incomprensión. Recalculo las coordenadas. No me cuadra. Esto debería ser así o asá. Esta historia debería seguir por aquí. ¿Qué pasa? ¿Dónde está la lógica de las cosas? ¿Quién manipuló los resultados? No hay salida.

Y tampoco hay entrada. Las puertas siguen cerradas. Y las ventanas tapiadas. Pero en la habitación aislada, donde antes sólo estaba yo, ahora hay una maza. Enorme, algo pesada. Resplandece bajo un foco de luz blanca. La cojo y comienzo a romper las salidas. Quiero escapar. Salir y ver el mar. Respirar profundo. Empaparme de bochorno. Quiero regalar vida a los que me rodean. Y por el momento son ellos los que me la dan a mí.

Quiero volver a pensar que vale la pena creer en las personas. Y mostrar la cara más sonriente a la vida. Por aquí hay una salida.....

domingo, 28 de junio de 2009

Somewhere only we know

Cada vez que conocemos a alguien adquirimos un riesgo. El riesgo de perder.
Cada vez que nos enamoramos adquirimos un compromiso. El compromiso de ser fieles a nuestros propios sentimientos.
Cada vez que vivimos adquirimos una responsabilidad. La responsabilidad de ser felices.
Cada vez que nos rendimos adquirimos una obligación. La obligación de darnos tiempo para volver a arrancar con más fuerza.

Yo, como todo el mundo, sólo tengo una vida. Esta vida. Y a veces temo no estar viviéndola con la intensidad que merecen las cosas efímeras. Esta sensación de plenitud en mis pulmones cada vez que respiro hondo, un día desaparecerá. Y será entonces cuando las decisiones que haya tomado a lo largo del camino de mi vida sean valoradas. Pensaré en lo que queda de mí a otras personas, en lo que hice por ellas, en lo que hice por mí, en lo que me quedó por hacer y en lo que me emociona haber hecho. Pensaré en el grano de arroz que supone mi existencia en comparación con los millones de personas que viven en el mundo. Y desearé sentir pena por lo que dejo atrás. Desearé sentir orgullo. Desearé sentir que ha valido la pena caminar, caer, levantarse, caminar, caer, levantarse, caminar, caer, levantarse...cada vez con más agilidad y a la vez más cansada.

El mundo sige girando aunque a veces se detenga en hora punta, cuando escuchas crujir las calles de la ciudad a tu paso y trás de ti los edificios se van derrumbando. Todo sigue manteniendo su equilibrio alrededor. En realidad nada cambia porque hoy nos sintamos vulnerables, sensibles, lagrimosos. Mientras yo estoy escribiendo, otra persona estará viviendo el día más feliz de su vida. Quizá otra persona estará conociendo a alguien especial. Y otra puede que esté culminando su hermosa vida.

Todo cambia, todo evoluciona. Y, aunque la pérdida sea parte de la vida, nos cuesta adaptarnos a dejar de sentirnos bien. Dejar de ser importantes para alguien. Dejar de ser la persona por la que vale la pena seguir luchando. No siempre podemos serlo.

Mientras dejo volar mi pensamiento para lograr escribir lo que se me clava dentro, suena una canción en mi salón. Es de un grupo llamado Keane, titulada Somewhere only we know, y empieza así:

"I walked across an empty land
I knew the pathway like the back of my hand
I felt the earth beneath my feet
Sat by the river and it made me complete
Oh simple thing where have you gone
I'm getting old and I need something to rely on
So tell me when you're gonna let me in
I'm getting tired and I need somewhere to begin"

Hace cinco años me enganché al disco 'Hopes and Fears' de esta banda. Lo escuchaba una y otra vez, hasta desquiciar a los que tenía alrededor. Me sabía las letras de memoria, podía cantarlas incluso sin oírlas en el mismo orden en el que aparecían en el CD. Y un día dejó de sonar en mi cuarto. Me cansé, supongo. Hace cinco días pusieron esta canción en la radio y recordé. Y pensé. Y expuse el momento actual en mi vitrina de trofeos. De victorias.

"And if you have a minute why don't we go
Talk about it somewhere only we know?
This could be the end of everything
So why don't we go
Somewhere only we know?"

Llegados a este punto, una nueva inflexión se apodera de mi existencia. El eterno retorno. Vuelvo a vivir la pérdida, el compromiso con mis propios sentimientos, la responsabilidad de ser feliz y, lo más importante, la obligación de darme tiempo para arrancar con más fuerza. Con una luz renovada.

Tomé la decisión de no ser más La Luz de la Mañana. Cambié de dirección. Y quisiera ser, ahora, el lugar que sólo nosotros conocemos. Aquel lugar donde un día se cumplirán las expectativas. Las mías y las de quien una su caminar a mis pasos. Y ya no necesitaré mirarme al espejo y decir "se fuerte" nunca más. Sólo me limitaré a dejarme llevar por la felicidad. Es un buen plan.

sábado, 27 de junio de 2009

Antiheroína (4:00)

Llego a casa, sola, como de costumbre. Sin ganas de quejarme de la vida perra que te da y te quita al mismo tiempo. Confusa, quizá, por los últimos acontecimientos. Y, sin embargo, habiendo obtenido una visión clarificadora del no entender. Me aparto. Quedo en segundo plano. Yo, la protagonista. La luz de la mañana. Cedo mi trono a otra reina. Y me marcho con la plebe. Me voy al campo, a cuidar de mi rebaño. Me marcho a cultivar el huerto que me dará de comer. A recoger los huevos de las gallinas ponedoras. A mirar las estrellas al final de la jornada. Cansada. Sin tiempo para perpetrar un plan. Me duermo. Y empieza otro día. El mismo, pero siendo mañana.
Luchar, seguir, marchitar, regar, florecer. No tengo fuerzas y, a la vez, soy forzuda. No tengo ganas y, a la vez, soy voluntariosa. No tengo sonrisa y, a la vez, logro reírme de todo. Rara, compleja, divertida, serena....Vuelvo al no saber y al no querer saber.... Dejo de buscar.

lunes, 22 de junio de 2009

Ella (columna del Nas de Barraca)

Dicen que ella es especial. Cuentan que con su sonrisa ilumina el día más cerrado. Aseguran que es una niña en un cuerpo de mujer. Admiten que a veces la toman por loca y otras la adoran sin saber el motivo. Añaden que sus ojos son dos planetas por descubrir y cuando llora el mar se expande. Comentan que ella tiene el poder de cambiar el mundo con sus sueños. Me han dicho entre susurros que ella es mágica. Un ser difícil de descifrar, que convierte en imprescindibles los días comunes. Dicen que inunda de ilusión los pantanos más secos. Eso cuentan por ahí de ella y yo no sé si creérmelo.

Dudo porque la miro y veo unos ojitos desencantados con el mundo. Veo una mueca de injusticia en su sonrisa. Vislumbro algo de temor, tragedia, dolor. La observo cuando se sienta en un banco de cualquier parque y mira alrededor, pero no ve. Susurra a las palomas frases que no logro entender pero que despiertan mi interés. Sus gestos delatan cierto inconformismo pero su postura semihundida me indica que está cansada de mirar alrededor. Busca. Intenta encontrar algo que no está. Algo que no conoce, lo sé, descifro su mirada perdida. Quiere más de la vida y le pesa la carga de incongruencia que la rodea.

Indago y la veo. Es esa chispa de la que todos hablan. La tiene, aunque algo escondida. La sigo observando y me hace sentir que todo es posible. Aún en penumbra su luz resplandece como un rayo. Y, aunque no lo sepa, lleva la felicidad escrita en su mirada.


Escuchando buena música......


domingo, 21 de junio de 2009

Toda una vida estaría contigo

Ayer conocí el amor verdadero.
Paseaba bajo un sol punzante de un sábado madrileño, cuando me detuve en un semáforo para cruzar la calle. Yo buceaba en mi mundo, pensando en todas esas cosas que me han ido pasando en los últimos meses, cosas buenas y cosas no tan buenas. Fue cuando me di cuenta de que en la acera de enfrente había gente también esperando a que apareciera el muñeco verde. Debíamos ser las tres únicas personas que habría en la calle a la hora de mayor calor.

Fijé bien mis ojos en ellos, parecia que no habían ni siquiera notado mi presencia. En aquel momento sentí que era invisible, un fantasma que espiaba a aquellas dos personas que se iban aproximando a mí sin percatarse de que no les quitaba el ojo de encima.

Cuando el semáforo dió paso me quedé quieta. Sólo podía seguirles con la mirada. Eran dos ancianos, una mujer y un hombre, vestidos con ropa playera. Venían de la piscina pública cercana al lugar. No les puse edad, pero parecían haber vivido casi demasiadas experiencias ya. Ella iba delante, andaba con algo de dificultad pero con firmeza, su espalda curvaba hacia adelante pero ella lucía espléndida. Él, unos pasos más atrás, portaba una bolsa algo pesada y seguía su estela. Creí ver algo de brillo en su mirada, como un mozo persiguendo a la niña de sus ojos. Y cuando llegaron a mi lado de la calle, ella le esperó. No pude eviar girar la cara para acabar de contemplar aquella bella imagen que me brindaba un sábado cualquiera, a la hora de mayor luz, en una esquina cercana a mi piso de soltera. Fui descarada. Pero ellos exhibían orgullosos su gesto. Creo que hasta les ví sonreirme. Al llegar él donde ella le esperaba se cogieron de la mano en un gesto que parecía el primero de cientos y a la vez el centenar de los primeros, y se marcharon calle abajo, como danzando con la brisa. Y fue entonces cuando pensé en la letra de aquella canción "Toda una vida estaría contigo". Y sonreí.

Ese es el amor de verdad. El de cuidarse hasta que la vida aguante. El de darse la mano con la misma ilusión del primer día. Ese que te hace perder el juício, la voluntad y la vida por el bienestar de otra persona. Es hacer que el mundo cobre sentido en cada escena cotidiana. Amar es querer estar toda la vida contigo.

jueves, 18 de junio de 2009

Técnicamente

Técnicamente hay cosas que no soporto en la gente. Técnicamente. Pero, a medida que pasan los años y con ellos la vida, me doy cuenta de que, aún siendo firme en mis convicciones casi todo el tiempo, me he convertido en una persona más tolerante de lo esperado. A veces hasta logro sorprenderme. En días como hoy, por ejemplo.

Hoy ha sido una larga jornada feliz. Por fin. El buenísimo humor con el que me he propuesto pasar el día ha provocado una sucesión de buenas suertes encadenadas. Los semáforos en verde, sin atascos imprevistos, entretenimiento, proyectos, invitaciones inesperadas, piropos, personas que me quieren, personas a las que querer, correos largos, correos cortos, nuevas oportunidades, posibles viajes de ensueño, amigas, amigos, planificación improvisada, sonrisa y buen rollo a grandes dosis. Sí, hoy ha sido un día especial. Raro pero sin ser desconcertante. Tremendo pero sin ser tremendista. Inmenso. Pero también intruso. No esperaba sentirme así tan pronto. No esperaba esta libertad de sentimiento. No esperaba que desapareciera la desazón, la rabia, la ira, la incomprensión, tan pronto. No lo esperaba. Y, sin embargo, ya está aquí. La calma, como yo sólo puedo entenderla y vivirla, ha llegado. Y el "en adelante" pinta bien, pinta amarillo chillón.

miércoles, 17 de junio de 2009

Ave Fénix

La vida está llena de fenómenos extraños. Algunos se pueden identificar con claridad, otros son más complicados de ver. Una de las cosas que más me sorprende ultimamente es la capacidad que tenemos de cambiar de actitud. Pasar de sentir que algo es imprescindible a absolutamente prescindible en cuestión de días. ¿Cómo las circuntancias pueden darle la vuelta a los sentimientos de esta forma? ¿Será que no son tan reales, tan fuertes y tan firmes como creía? ¿Será que llega un punto en que se acaba la ceguera y comenzamos a ver por nosotros mismos? ¿Será que no somos tan parecidos como nos empeñamos en creer? Quizá.

Ahora lo veo. La vida sigue igual. Pero diferente, diversa, disparatada. Los fenómenos extraños me atrapan. Enlazo historias comunes que convierto en increibles, en únicas. Una llamada de un amigo a última hora de la tarde, para hablar de nada, se puede convertir en una salvación. El texto de un conocido-desconocido que se molesta en dedicar un rato de su vida a abrir mis miras, con algo tan sencillo como hablar de temas comunes con profunda intensidad, puede resultar el bastón donde apoyar mi actual cojera emocional. Un globo, enlazado en la antena de mi coche, pintado por una gran amiga a escondidas para que lo encuentre al salir del trabajo, puede convertirse en tres lágrimas de emoción y una explosión de luz cálida en mis ojos.

La vida resurge de sus cenizas. Lo hace con fuerza. Con pasos lentos pero agigantados. Esto es real, pero aquí no está todo. Quién me conoce sabe en qué momento estoy. Quien me quiere hace que pueda escribir en positivo un miércoles a las 8:30 de la mañana. A trabajar.

martes, 16 de junio de 2009

Amarte sería partir el mundo en dos por vos

¿Escuchas cómo el mundo se quiebra? Desde el Polo Norte al Polo Sur se ha creado una brecha que está separando dos mitades. Dos mundos que fueron uno y que. ahora, cuanto más se separan más antagónicos resultan ser. Una parte empieza a odiar a la otra, mientras la otra no hace nada por evitarlo. Una parte empieza a hacer fuerza por separarse cuanto antes, mientras la otra no hace nada. Una parte está viva, mientras la otra se deja morir.

En una de las dos partes la naturaleza lo llena todo de esperanza, hay rios, valles, cesped y una legión de animales salvajes. En la otra mitad hay bruma, oscuridad y tinieblas. Del otro lado hay sabiduría, entusiasmo, amor, cariño, tacto, generosidad, valentía. Lo contrario que en la mitad sin alma. Es el azul contra el gris. La vida contra la muerte. El principio contra el fin.

¡Cállate! De una vez ¡Cállate! Deja de gritar mentiras. Deja de hacerte el loco. Deja de vivir en la brecha que separa los dos mundos. ¡Llévate tu bruma contigo! Son los restos de no saber romper el mundo por quien creíste amar. Y ahora, resignate. Te has dejado vencer sin luchar. Y no te das cuenta de que la felicidad es simplemente el camino del que no se deja vencer por la adversidad, nunca el destino final.

lunes, 15 de junio de 2009

Mi lugar en el mundo (actualizado el 16 de junio)

Hay un lugar donde el infinito está al alcance de la mirada. Donde el sol crea una bruma de irralidad en el paisaje que te invita a pensar que todo es posible. Donde Madrid se extiende hacia el norte y termina en una silueta curvada. Es un balcón bajo el que se extiende la verdad de las cosas irreales. Donde se puede hablar con honestidad, con sentimiento, con bondad, de todas aquellas cosas que te queman por dentro. Es un rincón dedicado a la reflexión, a pensar en lo que no debes pensar el resto del tiempo. Es el lugar de mis sueños y es real.

Tras un tiempo de ausencia, mis pasos me llevarán de nuevo al lugar donde todo empieza y donde todo acaba. Iré en busca de respuestas. En busca de una señal. Quizá aparezca la estrella fugaz que resetee mi mente para volver a empezar de nuevo. O tal vez vea el atardecer más bello que Madrid pueda regalarme. Dejaré a mi lado, en el banco donde una vez escribí mis iniciales, un espacio, por si alguien quiere sentarse y observar. Por si alguien necesita hablar. Por si alguien necesita demostrar. Y después de hoy, nada en aquel lugar volverá a ser lo mismo.

Actualización:
Pasado el día D. hay varias cosas que han cambiado. Ha cambiado mi forma de ver el mundo, ahora es amarillo, gracias a un amigo, gracias a la conversación surrealista de alguien que piensa que ser intenso es una forma de vida, no un momento fugaz.

domingo, 14 de junio de 2009

PD: Te quiero

Esta tarde, de vuelta a Madrid, en el AVE, mirando por la ventanilla me he quedado dormida y he soñado. Han sido unos minutos, nada más, pero tan intensos que al despertar una lágrima se ha deslizado por el sendero de mi mejilla. Una lágriman de tristeza, de impotencia, de nostálga, de rábia. Pero una lágrima al fin y al cabo. Y cuando esa gota salada desaparecía por los recovecos de mi cuello he recordado lo que había sucedido en mi corto estado de inconsciencia.

Estaba sentada frente a un ventanal abierto de par en par, la brisa hacía revolotear las cortinas e invitaba a respirar profundamente. No recuerdo el paisaje pero en la habitación se colaba una luz blanca, resplandeciente. En mi mano había una pluma untada en tinta y bajo ella un pergamino. Estaba redactando una carta al estilo de los grandes autores románticos. Una carta que debía ser para una persona muy especial ya que a cada frase que lograba terminar soltaba un suspiro. Como si fuera lo más difícil que hubiera escrito en mi vida. Lo más profundo, lo más bello y, quizá, lo más duro.

El texto comenzaba así: "Querido Principito". Después seguían páginas y páginas de palabras enlazadas, de ideas sin meditar, de sentimientos al descubierto, de locura sin medida. Y, al final, terminaba con un "PD: Te quiero". Entonces me quedé un rato observando mi obra y deseando que significara algo para alguien. La doblé, la metí en un sobre y cuando me disponía a escribir el destinatario, me desperté.

Dí una cabezada y abrí los ojos algo molesta con el traqueteo inoportuno de aquel tren. Intenté volver a dormir, retomar aquel sueño. Quería saber qué había sido de aquella carta, si habría llegado a su destinatario, si habría logrado su comentido. Si los sueños se cumplen o si deben quedarse encerrados para siempre en el tarro de los sueños rotos. Quería respuestas a todas mis preguntas. Y, sin embargo, sólo recibí silencio.