lunes, 1 de diciembre de 2008

Buscar

Hace cosa de año y medio dedicaba todo mi tiempo libre a buscar (con desesperación) la imagen de una persona por internet. Ella, de nombre irrelevante, se había convertido, en mi mente, en una especie de diosa de belleza impronunciable. Ella, sin tener culpa de nada (creo) se elevaba por encima de mí, me ganaba en todos los aspectos ganables y aún le sobraba luz para inundar el corazón de quien yo más quería. Ella, que seguramente sería la mejor periodista, la mejor persona y la mejor compañera, se me pegó a la mente de una forma tan brutal que tardé meses en lograr arrancarla.

Nunca la ví, nunca la conocí, nunca estuve cara a cara con ella, ni pude decirle "¿me lo explicas? porque yo no lo entiendo". Nunca supe nada de ella y, en cambio, parecíamos compartir algo único, una chispa especial. Eso que enamora, que engancha, que hipnotiza, que ciega la razón de quien lo descubre.

La ciberbusqué hasta la saciedad, quizá con el único motivo de saber si era "más" que yo en algo, algo perceptible en una foto. A lo mejor su boca era más sensual, sus ojos más bonitos, su pelo más favorecedor.

Seguramente sea una chica normal, como yo, pero durante algún tiempo fue "la perfección" para mi (y, quizá, para alguien más). Sólo espero que algún día llegue a saberlo, a lo mejor eso le haga sentir un poquito más especial.

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