viernes, 14 de noviembre de 2008

Confusiones, malos entendidos y otros pinchazos en el estómago

Hoy empieza para mí un fin de semana raro. De esos que estás pero no estás. De esos en los que haces promesas absurdas y rechazas el contacto con la gente. Todo te sobra. Mis fines de semana raros los suelo pasar en el sofá, viendo pelis, escuchando música, con el móvil desconectado y rodeada de comida basura.
Pero, según se acerca el fin de la jornada laboral, voy echando menos de menos (valga la redundancia) lo que me hacía sentir incompleta. Y pienso que, quizá, los findes raros sean mejor de lo que parece. Porque no hay expectativas, porque no hay planes, porque no hay ganas. Por eso, si no hay listón, superarlo es tarea fácil, sólo hay que tener una pizca de voluntad.

Así que, al contrario que en otras ocasiones, he decidido tirar de mí, ser la pereza y la iniciativa, luchar contra la autocompasión y aprovechar cada oportunidad. Entonces este fin de semana dejará de ser “raro” y pasará a ser apto para que ocurran cosas sorprendentes, increíbles, imprevisibles. Cosas curiosas, como yo.

2 comentarios:

Gus dijo...

Pues yo creo que al final ha sido un finde de lo más guay, ¿no?
Los mejores son aquellos en los que, sin planearlos, te salen planes de debajo de las piedras :)
Un besito!

P.D.: Anoche lo pasamos genial, hay que repetirlo pronto... con el que faltaba ;)

RoSeWaRNE dijo...

¿Con el que faltaba? Me han dicho que no habla mucho. :P