miércoles, 13 de agosto de 2008

La cuenta cuentos cuentista....

Cuenta la leyenda que una niñita, con poca consciencia de peligro, correteaba montada en su "tacatá" por los aposentos de su humilde palacete. En una de esas el fabuloso bólido chocó contra un mueble y la niña se "achichonó" contra el suelo, zarandeando sus rechonchetas piernecicas con soltura en el aire....Años después la princesita rubia se tiñó los tirabuzones por culpa de un hombre y se convirtió en una dama desposeída de sentimientos....Actualmente escribe un blog.

Hoy ha sido un día de extremos. He sentido una gran emoción de buena mañana que luego ha ido disipándose mientras pasaban las horas. Me da pena ser así, tan variable de sentimiento, pero, en el fondo, me divierte. Es como andar luchando siempre por hacer que la vida sea perfecta a mi modo, el más imprefecto. Creer que todo puede cambiar en cualquier momento, sin avisar, de lo más externo a lo más interno. Quizá sea por mi afición a las sorpresas, a los giros inesperados, al impacto de la novedad directamente en la frente. Quizá sólo quiera huir de la rutina que un día me hizo sentir tan culpable.

Seguramente lo que soy ahora se lo deba a mis traumas, esas cosas que te dejan huella y moldean la forma con la que te enfrentas al mundo, a los nuevos retos. Desde luego no volvería a ser la de antes, aquella niña inocentona que tenía una visión ideal de la vida. Pero la echo de menos, en ocasiones. A veces me gustaría ser ingenua de verdad, en vez de forzar una ingenuidad que me aleje de lo trascendental que hay en mí. Un poco tontica, un poco despreocupada y confiada. Salir un rato de mí y, quizá, ver de verdad algunas de esas cosas buenas que debo tener. Seguiré correteando.

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