jueves, 21 de agosto de 2008

En silencio

A veces el silencio llega tan profundo que se disimula con el sonido del corazón. Impacta contra el mundanal ruido y crea una barrera protectora, una burbuja transparente, imperceptible, inquebrantable, sólo intuida por aquello que va más allá de la razón. Aislada en su interior, mi piel es mil veces más sensible, mi cuerpo mil veces más salvaje, mi voz mil veces más delicada y mis gestos mil veces más dulces. Y cuanto menor es el sonido mayor la intensidad.

De menos a más y en medio matices de todos los colores. Hay globos, confeti, bengalas, es una fiesta, un baile en el que no se danza con los pies. Las miradas se cruzan, la sonrisa se refleja en los ojos del otro. En silencio todo es música, una Banda Sonora Original muda que retumba en el interior. Una mezcla entre rock alternativo y pop japonés. Tan perfecta que nunca será escuchada, sólo sentida. Y sigo (seguimos) dentro del silencio sólo roto, al final, por los latidos en forma de palabra. Una trás otra intentando explicar lo inexplicable, intentando describir la belleza que no se puede ver, la que capta el sistema nervioso traduciéndola en punzaditas de placer.

Y acabo enamorada de la luz que sugiere que aún no ha terminado el día. Se posa sobre mi y me hace sentir bella, de la forma en que se deben sentir bellos los dioses. Más allá de toda lógica, de toda realidad. Es la verdad de una auténtica locura sazonada de credibilidad.

Y es entonces cuando escucho el leve murmullo del mar..."he llegado a puerto", me digo. Iba a la deriva y he llegado a un sereno y calmado puerto.

1 comentario:

Xavier Sánchez i Torres dijo...

¿Puede haber otra alma igual de sensible que escriba también como tu lo haces? Gracias por hacernos levitar a los que te leemos. Felicidades por las "reformas"...