sábado, 30 de agosto de 2008

Abrazos

Hay momentos en la vida en que sientes tan profundo que con aproximarte no vale. Necesitas ir más allá. Traspasar la piel. Y es entonces cuando el contacto se convierte en mariposas en el estómago que presionan fuerte fuerte hasta crear una explosión indescriptible en lo más profundo, en lo más privado, en lo más verdadero que hay en ti. Y abrazar pasa a ser una necesidad, algo imprescindible para aliviar toda esa marabunta de emociones que te sacuden. Abrazar. Acercarse, sentir el tacto, los brazos rodeando a esa persona que hace que se pare el mundo, y que te aclama sin decir nada, sólo dedicándote esa mirada que promete ser la más maravillosa que verás en mucho tiempo. Y la vida se reduce a ese instante en que quisieras estrujarle tanto que él entrara como por arte de mágia en ti y viera todo lo que se remueve por tu foro interno. Algo que nunca se podrá explicar con palabras y que, afortunadamente, pasaremos horas desgranando para seguir alimentando la llama que nos lleve a abrazarnos una y mil veces más. No dejes de hacerlo.

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