martes, 1 de julio de 2008

tres, once, veinticuatro.....

El azar tiene numerosas caras. A veces nos sonríe con astucia, otras nos abofetea sin piedad. Siempre en el momento menos sospechado.
Me gusta el azar. Esa sensación de saber que en un segundo puede cambiar tu vida de una forma trascendente. Es como estar siempre ante un cruce de caminos, como Tom Hanks al final de Náufrago, y no tener control sobre la dirección que te va a proponer la vida.
No decidimos. Nunca lo hacemos. "Pasa porque tiene que pasar" nos decimos en un esfuerzo por autocomplacernos, por convencernos de que tenemos el control. Pero no es así. No sabemos qué pasará por lo que no podemos apagar las dudas, ni la incertidumbre, ni el miedo. Vamos viviendo y cuando miramos atrás podemos decir "he hecho cosas que jamás pensé que haría" y nos parece más fácil de lo que nos habíamos imaginado. Pero seguimos teniendo momentos de ofuscación, porque el azar nos maneja. Pensar en un momento que todo va realmente mal y, después de unas hora, ocurre algo que te cambia por completo los esquemas. Algo que no depende de ti, ni de otro, algo que pasa sin más, sin motivo aparente, sin excusa.

A veces pasan cosas geniales y quiero pensar que si ocurren es porque las merecemos. Me consuela esa idea, porque la recompensa, aunque no la busquemos, siempre es plato de buen gusto. Así que, querido azar, gracias.

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