domingo, 6 de julio de 2008

Entre el cielo y el infierno hay una cosa llamada YO

Pito, pito, gorgorito, dónde vas tú tan bonito..... pim, pam, fuera...
Me tocó. Sorteaban decepción y fui vencedora. Vaya, cómo pesa. Se parece a un pedrusco cayendo al fondo de un río. En un segundo se instala en lo más profundo y no hay forma de sacarlo, se queda allí hasta que lo arrastra la corriente y lo cambia de lugar.

Hoy es un día señalado, marcado en el calendario como especial, y hay pocas cosas que podrían estropearlo. Una de ellas es el pasotismo. Mala suerte. Parece que hoy pierdo en todos los sorteos y me toca la peor parte. Menos mal que ya tengo costumbre. Estoy vacunada contra la indignación.

Ahora es cuando doy las gracias de esa forma tan mía (es lo que se dice por ahí). Sarcasmo envuelto en educación. Gracias por poner en venta parte de un sueño. Gracias por demostrar tanto sin hacer nada.

Es bastante probable que vuelva a fallarme la intuición, y siga creyendo en las personas equivocadas. Debe ser el radar, debe ser cosa del mundo que quiere estar al revés. Y, a pesar de todo, de que me equivoque, de ver la peor cara de la gente, mi insensatez quiere creer y se empeña. Lo sigue intentando frente a la evidencia. Quizá la dignidad esté, hoy, herida de muerte, pero en algún momento vendrá algo bueno y volveré a sentir esa tensión entre el cielo y el infierno que me mantiene optimista.

Qué raro decirlo, después de todo, pero sigo positiva. Y me da igual. Quizá no inmediatamente después, pero sí irremediablemente más adelante.

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