sábado, 28 de junio de 2008

Una habitación plagada de recuerdos...

Volver a casa, aunque sea para un fin de semana, supone el desbordar de los recuerdos. Cada rincón de este piso, situado en el barrio de Marianao de Sant Boi de Llobregat, habla de cientos de momentos emotivos, divertidos, en definitiva, difíciles de olvidar.

Hoy me he dado cuenta de que se me había pasado sin acordarme el día del cumpleaños de el chico anteriormente conocido como "mi sireno". Y me ha dado pena. Pero no una pena de "ojalá todo fuera como antes", si no una pena de "qué raro no poder felicitarle". Pena por tener que olvidarme de alguien importante en mi vida, casi por obligación, pena a no compartir nunca más momentos felices, sin tensión. Pena a no volver a ser los mejores amigos.

Mire donde mire por aquí todo tiene su sombra. La bola del mundo colgada del techo de mi habitación, un regalo que supo que me encantaría. El cuadro de Marilyn, estilo POPART, que descubrí rodeado de globos escondido en el armario de su residencia por mi 19 cumpleaños. El poster de Zabaltegui, de cuando fuimos al Festival de Cine de San Sebastián y se curró la sorpresa con notitas y pistas. Me conocía más que nadie.

Es curioso ver todas esas cosas y no sentir nada de nostálgia. Sólo la certeza de haber pasado unos años espléndidos con una persona que en aquel momento era todo lo que necesitaba.

Quizá me esté pasando ahora lo que todos pronosticaban. "Llegará un día en que sólo te quedes con lo bueno". Nunca quise hacerles caso. Y, ahora, creo que sí, que me quedo con aquel banco en la rambla Catalunya, aquellos donnuts compartidos y aquellas pellas interminables. Todo es distinto ya. Y ninguno queremos ser "nosotros" de nuevo. Pero, después de la tormenta, reconozco que él ha sido la persona a la que más he querido en mi vida. Y por ello, siempre va a tener un lugar en mi humilde corazón. ¿Un lugar privilegiado? No. Ese me lo guardo para el "él" que está por venir. Sigo creyendo...

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