martes, 10 de junio de 2008

Solos yo y el mar

Escucha mientras lees....

Wilco - California Stars


Hoy he echado de menos los veranitos en la playa. Cuando todo se tiñe de amarillo y ves humear el asfalto, creando imágenes lejanas sacadas de un delirio. Un vestidito escueto, la piel dorada, los ojos brillantes, el pelo mojado y unas chanclas. Llegar al escalón que separa la carretera de la arena y dar un salto hacia el paraíso. Notar como queman los pies y hundirlos buscando lo húmedo. Llegar a la orilla y plantar el chiringuito. La sombrilla, las toallas, la cremita, las risas, la impaciencia. Cerrar los ojos, dirigir la cara hacia el sol y soltar "¡Cómo pica el Lorenzo!". Escuchar como chapotean unos niños, como hablan aquellas mujeres, como grita el hombre de los polos y como alguien juega a las palas.

Me rindo sobre una toalla de colores, boca abajo me pongo la música, me saco las gafas de sol, no puedo evitar mirar a la pareja que se magrea más allá o al bebé blanqueado por el protector solar. Me divierto. Me río. Disfruto.

Toca bañito. El agua está helada. Me quejo. Jugueteo con la arena mojada, creo formas, entierro mis pies antes de que una ola los descubra. Me llaman. Pongo cara de sufrimiento, subo los brazos como si fueran la parte más sensible de mi cuerpo y no pudieran mojarse hasta el final. El contacto con el agua y las olas me reactiva. Siento el envolvente olor de la sal mezclado con la crema solar, un aroma inconfundible, irrepetible, único. Viene una ola grande. Pongo cara de velocidad y ¡Zas! me sumerjo. Cierro los ojos bajo el agua, es un segundo de desorientación prevista. Salgo a la superficie con la más pura sensación de libertad.

Juego, salto, bromeo. Después de un rato tengo la yema de los dedos arrugada. Me la miro con salero. Salgo del agua, siento el agotamiento de haberme rendido a la relajación, me acerco con esfuerzo a las toallas, me quedo de pié goteando, creando dibujos espontáneos en la arena al escurrirme el pelo. Salpico a los demás. Se ríen, me persiguen, me tiran al suelo y me rebozan como una croqueta. Me enfurruño de broma para atraer al delincuente a mi terreno y vengarme. Pero nunca me salgo con la mía porque acabo sonriendo delatando toda mi estrategia.

Ojalá lleguen pronto esos días en que no importa ser el mejor, no hay presiones, ni exigencias, no hay agobios ni lamentos. Sólo el sol, la arena, yo y el mar.

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