jueves, 5 de junio de 2008

Llegó la hora (a "don Golfo" y sus circunstancias)

Cada X tiempo escribo sobre alguna persona especial en mi vida. Escribí sobre Rosa (mi mejor amiga), sobre Gorka (que me ayudó en mi crisis, con mucha comprensión), sobre mi abuelo (simplemente el mejor), sobre conocido-barra-extraño (por intentar entenderle). Todos han sido determinantes en ciertos momentos de mi historia vital, por eso, y siguiendo las pautas, hoy quiero escribir sobre "don Golfo", él es el miembro más reciente de mi lista de personas importantes, imprescindibles.

"Don Golfo" es un ser de profundos ojos marrones. Dos luceros tan expresivos como su sonrisa pícara, inquietante y seductora. Sólo con mirarle te absorbe esa mezcla de calidez, bondad y picardía que refleja su cara. Luego, su voz, con matices de mil colores, le dota de una credibilidad sorprendente. Impacta. Proyecta seguridad en sí mismo, a la que parece haberle dedicado algún tiempo, y una madurez que salpica con toques de rebeldía infantil.

Engancha. Es cariñoso, romántico, sorprendente, arriesgado, terco y valiente. En las distancias cortas seduce cual aprendiz de Don Juan. Y no le supone ningún problema rendirse al amor.
A "Don Golfo" sus inquietudes le llevarán lejos, porque, aunque las circunstancias no se lo hayan permitido, es un aventurero. Y, a pesar de que algunos le digan que debe decidirse y pensar en su futuro, a mí me da que sus ilusiones están más que claras. Sólo tiene que ir a por todas. Yo sé que vale y él también.

Él me ha ayudado a creer. Tiene el don de mejorar mi día, de hacer que cada paso que da junto a mi me parezca natural, sencillo. Es de esas personas que plantan una semilla en el corazón y nunca dejan que se seque. Es comprensivo, directo, impetuoso, sereno. Es un terremoto y un mar en calma. Una de las mejores personas que he conocido. Y de las pocas que consigue que vuelva a pensar en ser feliz.

Hace que quiera cuidarle. Y eso es bueno. Pero, sobre todo, hace que olvide que hubo un día en el que dejé de creer en el amor.

Este es mi pequeñísimo homenaje. Merecido. Y ¿mi regalo? Una pieza del puzzle de mi maltrecho corazón que, quizá, con el tiempo, logremos completar.

2 comentarios:

el Don dijo...

Nunca, al menos desde que cursando EGB una niña me escribiese por primera vez una carta titulada Para Dabiz (sic), me habían escrito nada que me hiciese sentir ni remotamente lo especial que me siento ahora. Estoy asimilando lo leído, falto de palabras para expresar todo lo que corretea en mí parejo a cada línea de esta entrada. Haré como tú en estos casos y sólo diré: Gracias.

Gus dijo...

Tengo ganas de llorar
embargada por una incontenible ternura...