viernes, 23 de mayo de 2008

Toda una vida...estaría contigo

Mi abuelo Rafael es un ser excepcional. Es un hombre con una vitalidad increíble. Lo suyo es vivir la vida, acumular experiencias. Tiene un brillo en los ojos que inunda el alma. Azules, profundos, serenos, enmarcados por las arrugas del sufrir, del reír y del querer. Él es el ejemplo vivo de las vueltas que da la vida. Perdió a su esposa y a un nieto prematuramente y sigue adelante. Pastor desde los 3 años en un pueblecito oscense, Borau, ha vivido mil peripecias que, desde hace unos años, decidió escribir en un cuaderno. Su creatividad se plasma en los colores con los que va relatando su historia vital, rotuladores esparcidos por la mesa y el deseo de que algo de él quede en el mundo.

Es de izquierdas, más moderno de lo que se supone a su edad. Sus convicciones políticas le llevan a enfurecer cuando ve en la televisión algunas opiniones opositoras. No es convencional. Es único. Presumo al decir que tiene novia desde hace 10 años y la cuida como a un tesoro. Es mayor y lo sabe, pero mantiene la ilusión de seguir viéndonos crecer. Está orgulloso de nosotros, de mi, su niña, la nieta de sus ojos, la cría hecha mujer. De su nieto, el mayor, el responsable, el que ha elegido una profesión peligrosa, el que se va a casar y no acepta nunca los regalos mensuales en forma de billete que él prepara con sumo cariño para los dos.

Seguramente no existan palabras tan bonitas que describan los sentimientos que me provoca. Cuando llego a su casa, siempre que voy a Barcelona, le beso en la calva, le acaricio el pelo de la nuca, le doy un beso en los labios y él me pincha con su bigote canoso, el que siempre ha estado ahí. Con suma discreción me pregunta por mi corazón, por la posibilidad de enmendar los errores del pasado. Intenta ocultar las ganas de que vuelva con Álvaro. Con lo buen chaval que parecía, dice. Y, ahora, sé por qué me pregunta por una posible reconciliación. Descubrí que él tuvo, en el pasado, un "desliz", del que está profundamente arrepentido y avergonzado, y, por el cual, mi abuela le perdonó. Nunca me había planteado una cosa así entre ellos. Siempre habían sido una pareja ideal ante mis ojos, cariñosos, entregados el uno al otro. Eso me hizo darme cuenta de que, ni siquiera somos capaces de conocer todo de las personas con las que más cosas compartimos. Quizá esos pequeños retales de nosotros mismos que vamos esparciendo entre los seres que nos rodean sean, al final, los que juntos formen el puzzle de nuestra verdadera vida, ese que sólo nosotros mismos conocemos al 100%.

Él es mágico. Sin saberlo, me hace pensar en las cosas importantes de la vida. En los detalles, el cariño, lo importante que es cuidar de los demás, la generosidad, la honestidad y la belleza de cada instante. Es uno de mis superhéroes favoritos. Él me salva de mi propio egoísmo. Me hace ser mejor personas. Me cubre de optimismo y de miedo a que desaparezca de mi vida.

Me ha enseñado a querer de forma dulce y desinteresada. A aprender, a crecer y ser adulta. A él le regalo todo mi amor, mi corazón y mi esperanza.

¿Queréis conocerle? Mirad

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