jueves, 22 de mayo de 2008

Amar a los 17, a los 19 y a los...

Hoy subía al trabajo en coche, como siempre, y por la zona de las universidades he visto a una pareja de enamorados. Debían tener unos 20 años o menos. Estaban abrazados en la acera, dedicándose caricias suaves y dulces, mirándose a los ojos. He pasado rápido pero me ha parecido intuir un suspiro acompasado.

Ha sido una escena que me ha hecho recordar muchas cosas. Sí, este es un post de recuerdos varios. Sí, vais a volver a profundizar en mi vida privada ¿Y qué? No es para tanto.

Lo que decía. He recordado el amor y las personas de las que he estado enamorada. Pocas, muy pocas, así mejor. He visualizado mentalmente todos aquellos momentos en que mi cara irradiaba tontuna ¡Hace tanto tiempo ya! El olor, el tacto, la pasión, la entrega total. Es raro saber que te ha pasado antes y es raro llegar a comprender que te pasará después. Es inevitable, los amores eternos están por descubrir.

Hace un mes y más, sentía una pereza tremenda por volver a empezar de cero con alguien. ¡Buff! Para mí eso era una amenaza latente, algo contra lo que luchar, algo para lo que no estaba preparada. Pensé que volvería a dejar de ser yo, perdería toda esa esencia que he descubierto, redescubierto, construido y reconstruido. ¿Volvería a perderme? No quería querer. Demasiadas complicaciones, demasiado que dar y poco que recibir, a mi juicio en aquel momento. Pero (¿por qué siempre hay un pero?) reconozco que estaba equivocada. Me estaba esperando algo muy bueno. Algo inesperado. Una posibilidad increíble de ser quien puedo y (sobre todo) quiero ser.

Estaba ahí, era un despertar inalcanzable. Había sido, en contadas ocasiones, como tener delante un suculento trozo de tarta de chocolate con frambuesa y no poder probarla. Al principio te deshaces y luego te acostumbras. Pero, un día cualquiera, algo que no alcanza a tu entendimiento te dice "puedes probarlo". Lo haces, no sin algo de duda, y ya nada vuelve a ser igual que antes.

Sí, sigo siendo yo, Esther, la escéptica dueña de un corazón remendado. Aunque, afortunadamente, pasito a pasito la vida te va ayudando a quitarte algún que otro peso de encima. Sigo soñando.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo reconozco, me he aficionado a tu blog... leerlo es como que me dejas ponerme al día de lo que ha sido de tu vida... espero que no te moleste que lo lea, seguro que te han pasado un montón de cosas que desconozco pero lo que leo me recuerda a la Esther de siempre.
Un besito
Alba

*Mejorquebien dijo...

Alba:
No sabes la ilusión que me hace nuestro reencuentro. Y que te hayas aficionado al blog...para eso está, para leerlo. Me alegro de que sigas viendo a la Esther de siempre, con algunos matices, eso seguro. Pero, en esencia, sigo siendo la misma mente soñadora, responable (no siempre) y llena de ilusiones por cumplir. Han pasado muchísimas cosas en estos años de ausencia y me impacienta que llegue el momento de contarnoslo todo en persona.

Gracias por escribirme. Gracias por recibirme de nuevo con los brazos abiertos. El Tripartito vuelve a la carga, ahora, con una nena más jijijiji.

Besos.