jueves, 3 de abril de 2008

Las rarezas nunca vienen solas

El otro día hablando con un "conocido-barra-extraño" me preguntó: ¿Y nosotros qué somos, Esther? Y yo le contesté sin pensarlo "Gente rara que hace cosas raras". Él sonrió.
Yo sabía que él no quería darle la trascendencia que tendría la misma pregunta con una respuesta distinta. Y él sabía que yo no iba a tomarlo en serio.

Nuestro proyecto amistoso lleva mucho tiempo en el aire. Supongo que porque siempre nos hemos creído más parecidos que contrarios pero, desgraciadamente, ha habido cantidad de conexiones negativas entre nosotros que han retenido el cauce natural de las cosas.

"Conocido-barra-extraño" es una persona muy peculiar. En su cabeza las cosas no se piensan, se centrifugan, como dice él. Es dulce. Una persona que quiere ser mejor, pero que las circunstancias y las decepciones le han hecho perder la ilusión. Está en proceso de reconstrucción. Es valiente. A veces cuando le miro veo algo nuevo en sus ojos, una tristeza alegre. Quizá el deseo ingenuo de volver a ser el mismo de antes.

Cuando le conocí me pareció una persona encantadora. De esas que te abren la puerta cuando sales de un bar y te dicen lo guapa que estas esa noche. Descubrí a un chico carismático, enamoradizo, honesto, sensible, con algunas inseguridades, con miedo a no ser lo que se espera de él, atento y entregado. Siempre ha sido como un capítulo de una buena serie de televisión, al tratar con él te expones a un final abierto. Su indefinición es lo que logra mantener mi interés, porque me cuesta mucho conocerle de verdad. Y eso, para mí, siempre va a ser un reto.

A él, como a mi, le gusta que le piropeen, que le presten atención, que le mimen y tengan paciencia con sus "idas de olla". Es precavido, incluso un poco cobarde (como yo), pero tiene un corazón de superhéroe. Muchas veces logra sacarme de mis casillas, enrabietarme, hace que me sienta vulnerable. Y otras, cuando me cuenta sus problemas, cuando me pregunta por mi vida cotidiana, por mis ligues, por mis temores y mis ilusiones, cuando noto que quiere saber más de mi y no se cansa de conocerme, entonces, sólo entonces, le adoro.

Sé que, con el tiempo, acabaremos siendo buenos amigos que se reirán de sus antiguas rarezas. Pero, sobre todo, llegará un día en que ambos logremos ser lo que queremos ser. Él, el de antes y yo, la de después.

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