martes, 15 de abril de 2008

Espejismos en el desierto

Hay momentos en la vida en que una fuerza superior a tu voluntad te abandona en mitad de un desierto. A tu alrededor no ves más que arena y dunas imposibles. Estás desorientado. A pesar de no comprender la situación, al principio, intentas encontrar la salida. Andas y andas, hasta que te das cuenta de que no estás llegando a ningún lugar. El camino que escoges no es el adecuado. Y empiezas a desesperar.

Pasa el tiempo y, cuando menos te lo esperas, crees divisar un oasis a lo lejos. Dudas. Pero todavía te quedan energías para seguir tu instinto. Emprendes rumbo sin pensar. Tienes demasiadas ganas de alejarte de ese lugar, respirar aire renovador y beber del agua pura del manantial de la despreocupación. Entonces no puedes, ni quieres, plantearte las consecuencias de tus decisiones. Eliges el camino corto. Llegas en un suspiro, ni te das cuenta de lo fácil que ha sido plantarte en mitad del paraíso. Te lanzas de cabeza al arroyo. El agua te rodea y sientes que flotas. Todo es calidez, humedad, serenidad. Desbordas placer, calma, plenitud.

Por unos momentos te has olvidado del desierto. Del vacío, del temor, las dudas, la frustración. Ya no te preguntas por qué y para qué te abandonaron allí. Te da igual. Lo que un día fue imprescindible para sobrevivir, ahora es prescindible, porque crees haber encontrado algo bueno, algo que te hace olvidar la lucha constante. Algo frente a lo cual te has acabado rindiendo.

Pero el paraíso resulta ser un lugar hostil, dispuesto a darte momentos de gloria y a devolverte al desierto a su antojo. En realidad, el oasis no deja de ser el espejismo que crea tu subconsciente para huir del tortuoso camino hacia la erradicación de las dudas. Una gran invención a la que te aferras con fuerza porque te agota la idea de seguir siendo valiente el resto de tus días. Y seguir, y seguir, y seguir acumulando experiencias desagradables.

Y en el tiempo que estás en el desierto, el oasis manejará tus hilos. Olvidarás la búsqueda de una salida, porque siempre obtendrás ínfimos momentos de placidez cuando todo se descontrola. Hasta que un día, algo cambia. Y dejas de contemplar el oasis como el final de tu trayecto. Vences la tentación de dejarte llevar y empiezas a andar en la dirección correcta. E inicias el camino hacia tu felicidad.

Gigante - Deluxe

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