sábado, 12 de abril de 2008

Bienvenido al mundo del ensayo y del error

Dicen que los sentimientos son universales. Que, a pesar de los matices que les busquemos, en su forma básica el amor y el dolor siempre se sienten igual. Por eso no debería flipar cuando escucho una canción y siento que se ha escrito para mi. Pero flipo.

El fin de un viaje infinito-Deluxe

Veo un mundo diferente
Suento que todo ha acabado ya
Demasiados años (meses) en ninguna parte
Demasiados viajes a ningún lugar

Me falta valor para encender la radio
Todas las emisoras han cambiado su dial
Tengo miedo a lo que pueda encontrar
Unos buscando respuestas
Otros ya la han encontrado
Viejas estrellas de la tele
Y el nuevo Calamaro
Nuevas flores que amanecen
Viejas hojas que caen

Bienvenido al mundo del ensayo y el error
Bienvenido al mundo del amor y de la llaga


Novedosas formas de viajar sin moverse del lugar
Eternos planes para obsesos del futuro
Vueltas y más vuletas a un camino circular
Predicadores, pecadores
prometedores sin palabra

Ilusiones del futuro, amenazas del mañana
Nuevas flores que amanecen
viejas hojas que se caen

2 comentarios:

el 22 dijo...

sólo hay, linda Lisa, una mezcla posible (más allá del beneficioso predicadores-pecadores) que altere más ese viaje infinito deluxe: la puta-beata (recomendable en la letra de "Anidando Liendres" del gran Enrique Bunbury.

disculpe, nuevamente, la locura existencial (dimanante del trabajo) que asola mis vivencias y que me aparta de la escritura (que no de la lectura) de este referenciable (y referenciado) egoblog.

siempre que una comunicación (algo estridente y notablemente difícil de comprender) se lanza hacia un mundo equívoco (en los receptores), la imaginación crece, hasta límites insospechados.

continúo con ganas de volver a disfrutar una noche de sushi y vino con Ud...

sea buena...

abrazos (y rosas)

*Mejorquebien dijo...

¿Un "gracias por el comentario" sonaría redundante a estas alturas?
Me halaga, de nuevo, que pierda el tiempo en mis pensamientos. Y me agencio la virtud de apartarle del comprometido ajetreo laboral por unos minutos. Algo que, por suerte, he hecho desde siempre. Me temo que distraerle de sus responsabilidades es mi fuerte...

¿Sushi y vino? Una combinación difícilmente rechazable, la verdad. Pero me permito una exigencia innegociable. Añadir una pizca de buena conversación y algo de risas.

Un abrazo fuerte