jueves, 6 de marzo de 2008

Tan tan tatan, tan tan tatan...tan ta tatan ta tatan ta ta taaaaa..

Yo no creo en las bodas. No creo en la sagrada unión del matrimonio. Ni en el "hasta que la muerte nos separe". No creo en la noche de bodas. Ni en la Luna de Miel. No creo en el amor para toda la vida, ni en la fidelidad eterna. No creo en los anillos de pedida, ni en las alianzas, ni en los vestidos blancos de princesa. No creo en la mirada iluminada del novio cuando ve a su futura esposa entrando por la puerta de la iglesia o el juzgado. No creo en el romanticismo de una fiesta organizada por los novios para los invitados. No creo en la vida en pareja, ni en el compromiso. No creo en la estabilidad, ni en la seguridad, ni en la felicidad conyugal. Yo, no creo.
Pero cuando me llama mi madre y me cuenta que mi primo (mi hermano) está probándose el traje de novio, se me saltan las lágrimas. Cuando me dice que él necesita mi opinión, me deshago. Cuando me cuentan que se le ilumina la cara hablando de los preparativos, me contagio de ilusión. Cuando me llama para pedirme que madrugue un sábado para acompañarlo a ver trajes, me siento afortunada.

Mi primo es el mejor. Es quien me abrazaba en el velatorio de mi hermano y me decía "cuenta conmigo, yo seré tu hermano". Es el que me llama y, con cierta timidez, me pregunta cómo se encuentra mi corazón. Es el superhéroe que me rescató un fin de semana de abril de 2007. Vino desde Barcelona en coche sin pensárselo para llevarme con mi familia 24 horas, en el momento más cruel de mi existencia. Me quiere. Me quiere como un hermano adora a su hermana desprotegida. Y yo le quiero como el ser incondicional que es.

Me emociona saber que él, que siempre ha sido tan reservado con sus sentimientos, vaya a ponerse delante de toda la familia y prometer que siempre amará a su novia. Eso me llena de orgullo. No porque vayan a "formalizar" nada. Si no porque les considero muy valientes. Desde mi absoluto desconocimiento a cerca de por qué la gente se casa, he de decir que demuestran mucho valor al creer que una unión puede ser para siempre jamás. Y yo creo que la mayoría de la gente que se casa lo hacen fieles a esa creencia. Aunque luego no sea del todo real.

Ellos no se han dejado ganar por las dudas, la incertidumbre, los problemas. Se han sobre puesto porque han decidido que son tal para cual. Yo, después de lo vivido, no puedo hacer otra cosa que dedicarles toda mi admiración. Espero que esa seguridad les acompañe durante muchísimo tiempo.

1 comentario:

Gus dijo...

¡Ay, las dudas, la incertidumbre, los problemas...! Es la historia de mi vida y de mi relación.
En mi caso todo eso nos unió y nos separó varias veces, pero finalemente decidimos pasar por encima de todo y... casarnos.
¡Yo sí que creo en el matrimonio!