viernes, 28 de marzo de 2008

Historias de un día cualquiera

Hay días verdaderamente raros. De esos que intuyes cuando te levantas y no encuentras las zapatillas donde recuerdas haberlas dejado la noche anterior. Días que parecen un “corta y pega” cutre porque no guardan una lógica con el devenir habitual de tu vida. Días tan absurdos como salir de noche con gafas de sol. Días de pegote.

Quizá sea que ahora me fijo más en las cosas que pasan a mi alrededor, en las personas, en el tiempo, en las pisadas que voy dejando trás de mi. Pero es que todo es una completa locura. Buena, pero locura.

Ayer cuando me fui a la cama estuve un rato pensando, concentrándome en un punto del techo, y me dí cuenta que estaba haciendo fuerza con los párpados, como si me creyera telequinetica. Entonces recordé al protagonista de la peli "El efecto mariposa", que tenía no sé qué poder por el cual, a través de los textos que escribía, podía moverse en el tiempo y cambiar el rumbo de su...su...¿destino?

¿Y si pudiera hacer yo eso pero no me acordara de que tengo ese don? Y si en el futuro hubiera decidido plantarme en este punto de mi vida para cambiar el devenir de mi historia. ¿Qué haría? ¿Qué debería hacer? ¿Qué espera de la Esther presente la Esther del futuro?

Solemos decir "siempre habrá tiempo para...". ¿Y si no? ¿Y si sólo tuviéramos una oportunidad? ¿Y si la cosa más ínfima convierte nuestra vida en un infierno o en un triunfo? La vida es larga pero las oportunidades cortas, los trenes se pierden y el tiempo es oro.

Cuanta vida - Pastora

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